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    La falacia de la “capacidad”

    Columnista de Búsqueda

    N° 2051 - 19 al 25 de Diciembre de 2019

    La desilusión fue grande para muchas personas luego de que Luis Lacalle Pou anunciara la conformación del próximo gabinete ministerial: solo dos mujeres al mando de ministerios, solo dos subsecretarías a cargo de mujeres, cifras que resultan en un porcentaje bajísimo de presencia femenina en el Poder Ejecutivo.

    El tema ha estado en el centro de las conversaciones en los últimos días, y entristece escuchar una y otra vez los mismos argumentos trasnochados. Para el futuro subsecretario de Transporte y Obras Públicas, Juan José Olaizola (en entrevista con Todo pasa en Océano FM), no hay que considerar esto desde un punto de vista “numérico”, ya que lo importante es que las mujeres que están, “han llegado por su capacidad”. En la misma línea de razonamiento, el perfil de Twitter @Batllistas_uy, publicó: “¡Qué bueno que en este gobierno que viene las mujeres que lo integran sepan que llegaron a él por su capacidad y no por una cuota paritaria!”.

    Seguir explicando la baja presencia de mujeres en cargos de poder por un tema de “capacidades” habla de un profundo desconocimiento de la realidad nacional y global, y de una enorme falta de información. Si del total de personas que egresan de las carreras de grado de la Universidad de la República, cerca de 70% son mujeres (y un porcentaje similar se da para cursos de posgrado), parece claro que la formación no sería un aspecto relevante a la hora de evaluar la “capacidad”. Queda por entender entonces a qué se refieren exactamente las personas cuando utilizan este argumento, y cabe preguntarse si en realidad no se trata simplemente de una gran falta de reconocimiento hacia tantas mujeres que sistemáticamente no llegan a ocupar cargos de poder.

    La noción de “sesgos no conscientes” puede ser útil para entender mejor el origen de esta falta de reconocimiento. Los “sesgos ocultos” son en realidad prejuicios que se fijan en el cerebro desde la infancia temprana a través de asociaciones neuronales, y predisponen a las personas a tener prejuicios por género, raza, religión o nivel socioeconómico, aun en contra de sus valores conscientes. Hasta la persona más a favor de la igualdad carga de manera inconsciente con estos sesgos culturales, y estos afectan el comportamiento cotidiano y las decisiones que se toman.

    Una investigación realizada en la Universidad de Yale, Estados Unidos, en el año 2012, evidencia con claridad el impacto que pueden llegar a tener estos sesgos. Para el experimento se creó una postulación ficticia a un puesto de “dirección de laboratorio” y se pidió a 200 profesores y profesoras que evaluaran la postulación. A cada persona se le envió una postulación idéntica, con la única diferencia de que la mitad recibió una postulación bajo un nombre de varón y la otra mitad bajo un nombre de mujer. Los resultados mostraron que tanto los profesores hombres como las mujeres tuvieron más predisposición a elegir para el puesto a los candidatos hombres, a considerar que estos estaban más capacitados e incluso presentaron una marcada predisposición a pagarles más que a las mujeres (hasta casi 4.000 dólares de diferencia).

    Este experimento es solo un ejemplo de por qué seguir explicando la baja presencia de mujeres en política a través del discurso de las “capacidades”, no es más que un error obsoleto producto de la desinformación.

    Es claro que la falta de reconocimiento y respeto hacia las mujeres no es exclusiva de la arena política, sino que se repite en los distintos sectores de actividad. De hecho, varios estudios sobre el mundo laboral en Uruguay identifican la falta de respeto y reconocimiento en el trabajo como una característica que afecta principalmente a las mujeres, y es uno de los principales determinantes de la insatisfacción laboral. Esto significa que la falta de reconocimiento no solo impacta en la cantidad de mujeres que acceden a determinado puesto de trabajo, sino también en cómo estas mujeres se sienten una vez que acceden a él.

    Desde diciembre de 2018, la socióloga María Julia Acosta (directora de Desarrollo Social de Equipos Consultores) viene trabajando en conocer el bienestar socioemocional en Uruguay, entendiendo que la nueva mirada sobre el mundo del trabajo tiene que ver con cómo las personas “se sienten”. Para eso aplicó el Índice de Bienestar Socioemocional (en colaboración con el sociólogo Eduardo Bericat de la Universidad de Sevilla, creador del índice). Lo que han encontrado hasta ahora es que las mujeres trabajadoras se encuentran en una situación de “déficit de bienestar emocional”, muy por debajo del promedio de la población, en particular explicado por un fuerte déficit en cuanto al respeto y el reconocimiento social. El tema da en sí mismo para otra columna, pero sin dudas se trata de un dato más que da cuenta del menosprecio estructural al que se enfrentan las mujeres cotidianamente en el ámbito laboral. Y ciertamente refuerza el llamado a abandonar, de una vez y para siempre, el falaz discurso de las capacidades.

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