N° 1728 - 29 de Agosto al 04 de Setiembre de 2013
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos últimos tres meses no han sido muy favorables para los mercados financieros de los países emergentes que han visto desplomarse tanto el valor de sus monedas, como de sus bonos y sus mercados accionarios.
La mera insinuación de que la Reserva Federal (FED) de Estados Unidos podría comenzar a disminuir la actual dosis de estímulo monetario que está aplicando a la economía norteamericana, ha generado una especie de “mini-terremoto” en estos países, dado que los inversores internacionales comenzaron a retirar sus capitales de los mismos. Y si bien el fenómeno ha sido generalizado, lógicamente ha afectado más a aquellos países con altos niveles de déficit fiscal y de cuenta corriente, así como a aquellos que tienen pocas reservas internacionales y altos niveles de endeudamiento externo.
Lo ocurrido desde fines de mayo en los mercados financieros emergentes resulta muy preocupante, sobre todo porque la reacción ha sido simplemente ante el anuncio de que podría reducirse el nivel de estímulo monetario en Estados Unidos; no respondió a que va a comenzar a revertirse efectivamente ni mucho menos a que la FED comenzaría a subir las tasas de interés. Más allá de que los mercados naturalmente siempre están de alguna manera intentando “descontar” el futuro, y por tanto se ajustan automáticamente a cualquier cambio en la evolución esperada de la política económica (en este caso de la política monetaria), cabe preguntarse qué habría que esperar para cuando, directamente, la FED deje de seguir inyectando liquidez (lo cual ocurriría a mediados del 2014) y sobre todo cuando comience a subir la tasa de fondos federales desde el actual nivel de 0%, empujando al alza a las tasas de corto plazo.
Cómo lidiar con el fenómeno de la salida de capitales será un problema adicional para los conductores de la política económica, que se agrega a los de mantener la inflación bajo control, lograr que la economía mantenga una trayectoria de crecimiento saludable con altos niveles de empleo y aumento de los salarios reales, así como mantener un adecuado nivel de competitividad externa de la economía. Ciertamente, la salida de capitales —o un menor ritmo de ingreso de ellos— tiene impactos tanto en la economía real como en el sector financiero, que deberán ser atendidos con una diversidad de instrumentos a nivel de la política económica.
Lógicamente, el efecto impacto del cambio de sentido en los flujos de capitales se siente en los mercados financieros y, en particular, en el mercado cambiario. A fin de cuentas, el fenómeno no hace otra cosa que reflejar que inversores que en su momento trajeron dólares para comprar activos financieros en moneda local, ahora quieren vender dichos activos y llevarse sus dólares de regreso. En este contexto, la flexibilidad cambiaria es una primera línea de defensa ante el cambio de signo en los flujos de capitales, seguida del uso de las reservas internacionales en el caso de aquellos países que las posean en un nivel suficiente.
Esto explica la actitud que han tenido las autoridades brasileñas, que luego de haber visto cómo a mediados de la semana pasada el real se derrumbaba a los niveles más bajos desde diciembre de 2008 (R$ 2,4549), anunciaron que utilizarían U$S 60.000 millones de sus reservas internacionales (alrededor del 16% de las reservas totales) para suministrar dólares al mercado hasta fines de 2013. El resultado inmediato de dicho anuncio fue provocar una apreciación de más de 3% del real el viernes 23, que se extendió durante esta semana con un avance acumulado de la moneda brasileña de más de 5% respecto a los mínimos alcanzados la semana pasada.
El cambio que se está produciendo en los flujos de capital está poniendo a prueba la flexibilidad de los sistemas cambiarios en los diversos países emergentes. Pero es obvio que sólo con la flexibilidad cambiaria no alcanza, además de que la misma no puede ser infinita. La disponibilidad de reservas internacionales ayuda a corto plazo, pero tampoco ellas son infinitas (como tampoco lo es el acceso al crédito externo). En última instancia, la reversión en los flujos de capitales va a requerir también de ajustes en las políticas fiscales, monetarias y salariales, que tarde o temprano también serán puestas a prueba de la misma manera que en la actualidad está siendo puesta a prueba la flexibilidad de la política cambiaria.