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    La hidrovía del este

    Sr. Director:

    El camaleón y el calamar, ¿qué tienen en común, aparte de las cinco letras calam?

    El pepe camaleón cambia de colores según la ocasión, y los ojos atentos para tragarse todo lo que le pase cerca envolviéndolo con su lengua. Si será listo, se disfrazó de gaucho con mateadas y asados, para entretenerlo al Guapo y a un pueblo con la Concertación de la Educación, mientras por atrás giraba el otro ojo para ver cómo se desangraba Ancap, Antel y UTE cuando los compas miraban pal otro lado. Hasta hizo mierda a Colacce y a otros ingenieros cuando no quisieron hacerse los zonzos en la OSE.

    El lula calamar cambia de colores según le convenga, con ocho tentáculos que todo lo tentador que pase cerca se lo lleva al pico y se lo traga. Y protesta asombrado, por qué a mí si todos lo han hecho siempre y nunca nadie dijo nada. De repartir camisetas firmadas por Pelé en la Cumbre del G20 a prometer mentiras de la navegación en la hidrovía del este al prefecto de Santa Victoria en el Chuy, los ojos gigantescos y la única neurona gigantesca del téutido carnívoro siempre están bien enfocados: en todo lo que se mueva, algo debe tragar.

    La lengua del camaleón inyecta un anestésico en los insectos para paralizarlos antes de comérselos, será para que no le hagan cosquillas en la panza.

    Y en las ventosas de los tentáculos del calamar también, neurotóxicos paralizan la presa para que luchen menos, queden más tiernos y sean más fáciles de digerir.

    ¿No se iban a llevar bien?

    Pero ahora voy a descubrir una sellada.

    En el 2013 quedamos colgados, quedamos, de una rama, cuando el Puerto de Charqueada se fue por ojo cuando ya habíamos zarpado. En todo accidente, el protocolo del Programa Accidente Cero nos marcaba investigar causas raíz para descubrir las causas que están ocultas, y solamente aparecen investigando con rigor científico causas que no están a la vista y que son las que encaminaron la situación a un accidente.

    Esta minuta es el resumen de la investigación, de la bitácora del navegante de la carabela de Colón, escorada pero todavía navegando.

    Nos llama el contador Nieto. Un SOS del tipo que, como empresa de salvataje uruguaya sucesora del gran Capitán Lusich, estábamos acostumbrados. Salvataje de proyectos de desarrollo de un país muy pobre.

    El proyecto del Puerto de La Charqueada estaba al fin pronto para salir, pero…:

    El permiso ambiental solucionado con un estudio acalambrante del Ingeniero Eguía, que demostró una vez más su valía modelando que dragar la barra del Cebollatí no perjudicaba nada la laguna Merín.

    El pedido estrambótico de la Dirección de Hidrografía de que dragaran todo el río hasta la desembocadura —no solo una locura, sino una chicana porque por ley los accesos a los puertos los pone el Estado— se solucionaba porque una empresa brasilera de Rio Grande do Sul necesitaba la arena para hormigones y se hacía cargo de los gastos.

    Los presidentes de Uruguay y Brasil, entra abrazos, anunciaban la próxima inauguración de la hidrovía. Y el brasileño anunciaba que Brasil ayudaría a Uruguay a desarrollarse, un Brasil en desarrollo necesitaba también el desarrollo de Uruguay.

    Un pequeñito problema del contador Nieto; con lo que costaban las obras, los números no le cerraban. Con las tasas de retorno escuálidas, ¿quién lo iba a acompañar en la inversión?

    Entonces buscó un remedio, averiguó en la plaza industrial del Uruguay. Varios amigos señalaron lo mismo, el sucesor de Dieste en Brujo para sacar conejos de la galera a pura ingeniería y hacer viables proyectos en el CTI éramos nosotros. Desde la planta de leche en polvo de Florida al muelle de Frigofrut en Nueva Palmira, o al sistema de riego de Calagua, que funciona solo como un relojito (esas son buenas historias, pero para otro cuento).

    Pero entonces llegó el doctor, manejando un cuatrimotor.

    Todas las brujerías de la brujita de Trululú se curaron con un muelle inteligente que además funcionaba a dos niveles.

    Yo ya conocía La Charqueada el día que mi señora inauguró en el día de Reyes el órgano de la capilla del cura gaucho, el salesiano Vicente Monteleone.

    Y el mal recuerdo de la balsa, cuando por correr para alcanzarla perdió la vida mi amigo José Miguel.

    El tema para la navegación, y no de ahora, eran las crecidas del río Cebollatí. Cada crecida tapaba los muelles y quedaba aislado el pueblo.

    Así que imaginé un muelle inteligente, pero muy alto, como las barrancas. Con los pilotes pretensados y los amortiguadores de fluido viscoso, no habría problemas. Y los costos, menos de la mitad de los tradicionales.

    Nieto tiró champán, firmamos contrato y empezamos la ingeniería, los cateos en el lugar y los modelos con los programas más sofisticados. Hasta bendijo el padre Beto el comienzo de las obras, junto con el intendente.

    En una reunión en Montevideo, desde el Ministerio de Obras Públicas de Brasil me consultaron para aplicar el concepto para otro proyecto similar a este, en el Amazonas.

    Ahora Nieto se fue con sus socios brasileños a Brasilia. Debían cerrar el préstamo que les habían prometido en el Banco do Brasil. Habían cumplido con todos los requisitos de la forma que les habían exigido; ahora además los números cantaban, habían pasado con verde todos los semáforos. Hasta los empresarios brasileños de navegación fluvial estaban como socios.

    Pero en el Banco do Brasil el expediente no aparecía. Cuando les dijeron que no veían la línea, Nieto protestó. Que se fijaran bien, que el presidente había dicho específicamente que abriría una línea muy favorable para apoyar al desarrollo de Uruguay.

    ¡Ah, esa línea! Sí, pero las otras líneas para Uruguay ya se cayeron. Y esa es solamente para empresas brasileñas que quieran comprar empresas uruguayas, una línea muy blanda y a largo plazo. No más para uruguayas ni socios brasileños de uruguayas.

    Todos los frigoríficos, la mayor arrocera, constructoras ahora con el know how de las brasileñas fueron beneficiados por el apoyo de los dos presidentes que al principio mencionamos.

    ¿Quieren saber cómo siguió La Charqueada?

    Nieto no era hombre de pagar peajes ni renunciar a principios cristianos. Yo tampoco.

    Dejamos perdidos unos 100.000 dólares cada uno, y el Puerto de la Charqueada esperará junto con la hidrovía del este otros gobiernos, y una CAF que los apoye en serio, en vez del Banco do Brasil.

    El contador Walter Nieto me había dado otra lección. Soñar obras magníficas para el Uruguay desarrollado es posible, pero como nos había pedido Juan Pablo II. Para desarrollar una sociedad diferente, una civilización del trabajo, basada en la única fuerza del trabajo duro, como respuesta al amor de Dios, una civilización humilde, fraterna y solidaria como quisieron nuestros abuelos, que unos fueron gauchos y otros inmigrantes. Como la quiso Artigas.

    Ing. José M. Zorrilla