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El periodista argentino Eduardo Feinmann hizo un recuento sobre la vida del poeta y periodista Juan Gelman ante su reciente fallecimiento, en el canal argentino C5. Cuenta que el ministro de Cultura del vecino país se refirió a la vida literaria del mismo, diciendo que pondrán su obra en todas las escuelas de su país para que se conozca su maravillosa obra.
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Feinmann, quien no le quita mérito a Gelman por su obra literaria (tampoco lo hago yo y suscribo cada palabra), va más allá del ensalzamiento que las autoridades gubernamentales hacen, diciendo que la historia que se va a dar en las escuelas debiera ser vista con los dos ojos, y no solamente con el ojo izquierdo. Recuerda el pasado del Gelman pendenciero, perteneciente a una banda de fascinerosos, de delincuentes y asesinos. Que perteneció a las FAR y al movimiento Montonero. Atentó contra gobiernos constitucionales y estuvo en los grupos de decisión sobre a quién matar (objetivos estratégicos de la guerrilla terrorista). Aguda y precisa intervención del periodista. Valiente, diría yo.
Es lo que uno percibe de lo que va a suceder cuando fallezca José Mujica. Va a ser una especie de héroe nacional que dicen luchó contra la dictadura (¿?), peleó por los Derechos Humanos, propuesto al Nobel de la Paz, adornado en la lírica falsa pobreza e ignorancia que admiran las gentes del Viejo Mundo. Pero esperemos, aún está con vida.
Los uruguayos aventajamos a los argentinos al escribir y contar la historia con el ojo izquierdo desde hace rato. No solo por lo que uno percibe en los textos de estudio de nuestros hijos (la izquierda combatiente a la dictadura fascista…), tan tuerta como lo anticipa Feinmann, sino por la infamia en la honra de los muertos en esa época nefasta de los ’60 y ’70. Los militares en el gobierno (no democrático) y hasta el día de hoy se les permite honrar a sus muertos y entiendo que está bien.
Los tupamaros, comunistas, socialistas, anarquistas y afines también honran sus muertos. Tienen plazas, teatros, salas, espacios libres con sus nombres, esculturas e indicadores para señalar dónde mataron a tal o cual “compañero”. También entiendo que está bien que lo hagan. Y en un gobierno democrático asumido por ellos, es de orden que lo hagan.
Lo que no está bien es que quienes murieron a causa del enfrentamiento entre terroristas, personas comunes que tuvieron la mala suerte de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, ni siquiera tengan una mención en la historia y menos una reparación, siendo éstos las verdaderas víctimas. Caso de Carlos Burgueño en Pando, entre varios.
Y aquí el meollo de la carta. Recorro asiduamente la ruta 8 y la 9 para viajar a Rocha y cada vez que paso por el pueblito de Soca leo la senda cartelería en la ruta indicando hacia dónde es el lugar donde fusilaron a los terroristas a manos de los militares, y luego paso frente al quilómetro 112 de la ruta 9, Estancia Espartacus, donde los tupamaros mataron a Pascasio Báez, donde no hay absolutamente nada sobre el hecho, salvo que en época electoral donde flamea la bandera del Frente Amplio y cartelería del Espacio 609. Confieso que me rebela y pienso en la injusticia que hace el gobierno de no reconocer lo que hicieron mal, ni los derechos de quienes fallecieron en esas instancias.
En la puerta de la Estancia Espartacus (ni el nombre le cambiaron. Para ellos sí es un símbolo) debiera haber un recordatorio a Pascasio Báez, diciendo que fue muerto por los tupamaros y en las circunstancias en que pasó el hecho. No pretendo que se diga que la primera senadora del Frente Amplio y esposa del actual presidente Mujica fue una de las que decidió matar al peón. Sería mucho, pedir los nombres de quienes lo hicieron. Pero sin dudas un reconocimiento en el lugar ayudaría a componer una injusticia con este peón, su familia (que a diferencia de los izquierdistas muertos, no recibieron ni un peso por tal acto aberrante) y un reconocimiento a la verdad de los hechos. También las familias como la de Burgueño debieran tener su resarcimiento.
Omisiones de este tipo también hacen ver la historia con un solo ojo, en este caso, al igual que el ministro de Cultura argentino, con el izquierdo.
Ya es hora que se empiece a correr el velo y poder ver con los dos ojos. Si el gobierno o el sistema educativo no lo hace, es nuestro deber como padres o abuelos dejar la historia en la memoria de nuestros hijos y nietos. Así es como sobreviven los pueblos libres.