Aunque fue una reunión “protocolar”, de despedida para el ministro del ramo saliente, Roberto Kreimerman, y de bienvenida para su sucesora, Carolina Cosse, el Consejo Directivo de la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) no dejó pasar la oportunidad de transmitir que el sector vive un momento difícil.
El encuentro, efectuado en la tarde de ayer miércoles 11 en la sede gremial en Avenida Italia y Bolivia, fue de “guante blanco” y se habló sobre la competitividad, la entrada de mercaderías importadas, la posibilidad de aumentar los fondos industriales que maneja el Ministerio y de mantener los consejos sectoriales. Hubo en general coincidencias y gestos de apertura al diálogo, si bien los directivos de la CIU avisaron que en el futuro pueden tener disensos.
Cosse, actual presidenta de Antel, transmitió que mantendrá la línea de trabajo de Kreimerman y opinó que debe apostarse a aplicar tecnología en la producción, así como generar empresas que abastezcan al sector de las telecomunicaciones.
Unas horas antes se habían difundido las últimas cifras de producción fabril, el empleo y las horas trabajadas en el sector estimadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Según esos índices, en 2014 la actividad industrial siguió creciendo —aunque a un ritmo relativamente modesto como el de los dos años previos— y los operarios trabajaron menos horas.
También se observa una persistente pérdida de puestos en el conjunto del sector, aunque la evolución ha sido dispar en las distintas ramas. Las cifras de la CIU dan cuenta de que la industria ocupaba en 2010 unas 213.000 personas, y tomando en cuenta los datos del INE Búsqueda calculó que en promedio durante 2014 esa cifra se redujo a unos 205.000 puestos de trabajo. Ello se explica por la reducción de las plantillas principalmente en las fábricas de vestimenta y textiles, además de las metalúrgicas y de plásticos, a la vez que se dio lo contrario en el caso de las químicas, las de productos farmacéuticos y las de minerales no metálicos, entre otras.
“Hemos sufrido una desindustrialización”, se lamentó en diciembre, entrevistado por Búsqueda, Washington Corallo, el nuevo presidente de la CIU y anfitrión en la reunión de ayer.
El cierre del año.
Según las estadísticas difundidas ayer por el INE, en diciembre el volumen de producción industrial se incrementó 11,1% respecto a un año atrás, aunque en todo 2014 la suba fue mucho más moderada: 1,1%. Sin tener en cuenta la refinación de petróleo que realiza Ancap, esas mismas variaciones fueron de 12% y 2,2% respectivamente.
Al mismo tiempo, las horas trabajadas fueron cerca de 2,5% menos, tanto en diciembre como en promedio de 2014.
Esa mayor producción manufacturera en menos horas implicó una mejora de la productividad laboral de 15% en el último mes del año y de 5% en los 12 meses de 2014, siempre respecto a los mismos períodos de 2013.
El personal ocupado en diciembre disminuyó 2,8% y lo hizo 1,1% en todo 2014, según el INE. Se trata de un proceso que viene de años anteriores; en 2012 había bajado 2,8% y un 1,2% en 2013.
Menos empleados.
Aunque el sector está perdiendo empleos, hay diferencias entre las distintas ramas fabriles.
El total de ocupados en el sector ronda los 200.000, según las estimaciones del INE.
A partir de la Encuesta de Actividad Económica del INE es posible analizar la situación al interior del sector (en las diferentes ramas), aunque esas estadísticas tienen la limitación de que sólo refieren a las empresas medianas y grandes, y a sus empleados dependientes, lo que deja fuera a parte del personal (informales, profesionales y técnicos que realizan tareas puntuales, patrones, etc.). Según cálculos de Búsqueda, el total de esos empleados industriales pasó de 112.300 en 2010 a 107.400 el año pasado.
La producción de alimentos y bebidas comprende a casi el 46% de los trabajadores y le siguen muy lejos (con cerca del 5%) las industrias químicas, de plásticos, curtiembres, farmacéuticas y metalúrgicas.
La baja de aproximadamente 4.900 empleados que se dio desde 2010 se explica por la reducción de la actividad de algunas ramas, ya que otras tomaron más trabajadores. Varios fenómenos se asocian a esas distintas realidades, como el deterioro de la competitividad que sufrieron ciertas industrias, el acceso más restringido a determinados mercados extranjeros, la instalación de nuevos proyectos y el desarrollo de algunos sectores “novedosos” de la economía en los últimos años.
Respecto a 2010, las fabricas de la vestimenta perdieron unos 2.700 puestos de trabajo, las de productos textiles cerca de 1.000, y las plantillas se redujeron en unos 700 en las metalúrgicas y en cerca de 900 entre las que confeccionan muebles y en la rama “otras industrias”. El plástico ocupa a unos 600 operarios menos, y una cantidad similar se perdió en la industria del papel y la de impresiones gráficas sumadas.
En contrapartida, creció en casi 1.000 personas la ocupación en la producción de sustancias y productos químicos, y otros 750 trabajadores se incorporaron a la industria farmacéutica. El empleo se amplió en algo más de 400 en la fabricación y reparación de maquinarias y equipo, 200 en la rama de minerales no metálicos y 150 en la refinación de petróleo.
Producción y eficiencia.
A pesar del menor número de trabajadores, la producción de la industria viene aumentando casi sin parar desde comienzos de la década pasada (sólo bajó en 2009 por el impacto de la crisis económica mundial). Sin embargo, el aumento tendió a frenarse últimamente y, dejando de lado la refinación de crudo que se hace en La Teja, el volumen físico se expandió 4,5% en 2010, 5,3% en 2011, 1,6% en 2012 y 2,2% en 2013 y también en 2014.
Los sectores que explicaron el crecimiento del año pasado fueron principalmente el papelero, el químico, el maderero, el metalúrgico, el de fabricación de instrumentos médicos y de muebles, y el agrupado como “otras industrias”.
Mientras tanto, las horas trabajadas cayeron todos los años desde 2011, lo que muestra que el trabajo tuvo un mayor rendimiento en producción por hora, conforme con las estadísticas del INE. En 2014 las horas disminuyeron para prácticamente todas las ramas de actividad.
La eficiencia o productividad del trabajo es una medida de la producción por hora que se puede calcular a partir de las cifras de volumen físico y horas empleadas del INE. Ese indicador da una evolución de la productividad “aparente” del trabajo, ya que algunos factores pueden incidir en ella sin que sean necesariamente una mayor eficiencia del empleado, como por ejemplo la incorporación de tecnología por parte de la empresa.
En 2014 hubo un aumento global de la productividad de 3,6% contando la refinería de Ancap y de 4,7% si se deja de lado esa actividad. Los mayores incrementos se observaron en las fábricas de vestimenta, las curtiembres y las madereras. Las textiles, las industrias de plásticos y las de minerales no metálicos disminuyeron su productividad, calculó Búsqueda.