Hace más de 20 años que trabaja en zonas de conflicto. Primero con la Organización de Estados Americanos (OEA) y desde hace 14 años con las Naciones Unidas (ONU), el uruguayo Raúl Rosende estuvo en Nicaragua, Guatemala, Colombia, Afganistán, Israel y Yemen. Ahora, como jefe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA, por su sigla en inglés) en Siria, trabaja desde hace un año y medio coordinando la ayuda humanitaria para los millones de sirios afectados por el conflicto.
Rosende considera que la iniciativa del gobierno uruguayo de recibir refugiados sirios es “excelente”. Piensa que es un “muy buen ejemplo” que un país pequeño, lejano y que no es rico ayude a los afectados. La medida mejorará la reputación y credibilidad internacional de Uruguay, sostiene, y le dará más peso para negociar en foros internacionales.
Cree que el argumento de que Uruguay también tiene niños pobres a los que debe atender es “muy limitado” y propio de una mentalidad “provinciana”: “Con esa lógica nadie ayudaría a ningún país en guerra”. Rosende dice que la situación de los niños en Siria “es desesperante”. Se estima que más de un millón de los refugiados son menores y que 10.000 han muerto como consecuencia del conflicto.
Con las negociaciones de paz estancadas, la guerra entre la oposición y el gobierno de Bashar al-Assad continúa y es “cada vez peor”, afirmó Rosende en una entrevista con Búsqueda.
—Hubo algunas gestiones, la ONU ha tratado de mediar entre las partes, pero lamentablemente han fracasado. Hubo varias reuniones en Ginebra entre representantes del gobierno y de la oposición pero no se pusieron de acuerdo. La guerra continúa y cada vez peor. No está prevista una nueva reunión de negociación, entonces ahora el rol de Naciones Unidas es tratar de proveer ayuda humanitaria para por lo menos tratar de disminuir el sufrimiento de los civiles.
—¿Cómo trabaja la ONU en el terreno?
—Trabajamos mucho con el tema de los refugiados y desplazados de guerra en Siria. Se calculan 2,7 millones de refugiados. Además hay gente que se desplaza internamente. Están viviendo en un lugar donde hay mucha violencia y se tienen que ir para que no los maten. Son más de seis millones de personas. Entre refugiados y desplazados suman casi la mitad de la población de Siria, es dramático.
—¿Qué opina del ofrecimiento de Uruguay para recibir a un grupo de refugiados sirios?
—Creo que es excelente, más allá de que el número sea pequeño, porque da un muy buen ejemplo que otros países latinoamericanos y de otras partes del mundo deberían seguir. Es un país pequeño, que no es rico, y que sin embargo hace un sacrificio para tratar de ayudar a resolver la crisis. Los países que hasta ahora han asumido más la responsabilidad son los vecinos a Siria. En Líbano hay un millón de refugiados y es un país del tamaño de Uruguay, con 4 millones de habitantes. También Turquía, Jordania, Egipto. Países europeos reciben, aunque menos. Entonces el hecho de que un país pequeño como Uruguay, lejano, no afectado directamente por el conflicto, reciba refugiados es una excelente iniciativa.
—La propuesta fue criticada por la oposición con el argumento de que en Uruguay también hay niños pobres que necesitan atención.
—He escuchado ese argumento muchas veces, también se escucha aquí en Europa. Ningún país está exento de pobreza. En Dinamarca, que es uno de los países más ricos del mundo, hay pobreza. Si ese argumento lo aplicaran todos los países, nadie recibiría refugiados, nadie ayudaría a los países en conflicto, ni a los más pobres. Es un argumento muy limitado. En todos los países hay problemas y necesidades de gastar recursos internamente. Con esa lógica, nadie ayudaría a ningún país en guerra. Esa mentalidad de que nuestros problemas terminan en la frontera es absurda. A veces Uruguay es muy provinciano, está muy aislado, el mundo termina en Argentina y Brasil. Pero el mundo va mucho más allá. Entonces si alguien plantea temas más globales, como ahora hizo Mujica, para Uruguay es difícil de tragar.
—¿Cree que este tipo de iniciativas pueden ser beneficiosas para Uruguay?
—Abrirle las puertas a los refugiados es muy importante para la reputación internacional de Uruguay. La imagen del país mejora considerablemente con este tipo de medidas, que demuestran que es sensible a los problemas globales, que no es un país provinciano que vive en sus cosas. Desde todo punto de vista la decisión es buena.
—¿Esto ayuda al posicionamiento internacional de Uruguay?
—Por supuesto. Esto tiene que ver con poder vender el país, con hacer marketing. En el mundo en general no conocen a Uruguay. Este tipo de iniciativas ayuda a darlo a conocer, a mejorar su prestigio. Además le da mayor peso en foros internacionales, en negociaciones, el país puede hablar con más credibilidad y lo van a ayudar más. Repercute en la diplomacia, en la economía, en el comercio.
—La propuesta uruguaya tiene como prioridad ayudar a los niños. ¿Cree que es una buena idea?
—Centrar la atención para el refugio en los menores me parece muy importante. En este tipo de conflictos siempre son la población más vulnerable, los que más sufren la guerra. En Siria el tema de los menores ha sido una verdadera tragedia. Se calcula que más de un millón de los refugiados son niños, y se estima que 10.000 niños han muerto en el conflicto. Eso da la pauta de la escala de la tragedia. Unicef calcula que cinco millones de niños han sido afectados de una manera u otra. La situación de los niños es realmente desesperante. Son asesinados, heridos, a veces reclutados militarmente por grupos armados, hay casos de violencia sexual, violaciones. Por eso es importante que el gobierno uruguayo se sensibilice a partir de la situación de los niños.
—¿Qué debe proveer el país receptor a los refugiados?
—En primer lugar albergue, alimentación, servicios de salud. Y, especialmente para los niños, educación. En general los refugiados han logrado mantener cierta continuidad educativa porque en los campos se les da educación. Eso se tiene que tener en cuenta cuando lleguen, cómo continuar dándoles educación. Es una población que habla árabe, por lo que un desafío importante va a ser lograr mantener servicios educativos en el idioma original, que además es muy raro para Uruguay. Tal vez ese sea uno de los desafíos principales.
—¿Y en el mediano plazo?
—Está el tema de la reinserción de esta gente, cómo se los reintegra a la vida social y económica del país. No pueden estar toda la vida recibiendo asistencia humanitaria. Siria es un país con un nivel educativo relativamente alto, no descarto que algunos de los adultos que vayan tengan formación profesional. Otros no la tendrán, entonces hay que pensar cómo se los reinserta. Van a tener que aprender español, va a haber que enseñarles oficios, educación universitaria. No hay que pensar solo en lo inmediato sino en dos, tres años, qué pasa con esta gente y cómo se la reinserta laboralmente.
—¿Cree que será difícil para ellos adaptarse a la cultura uruguaya?
—En el mundo esto se da cada vez más. No hay que tener tanto temor a eso. En América Latina hay comunidades árabes importantes. No creo que sea un problema. En Siria hay mucha gente que toma mate, por ejemplo, porque son sirios que fueron a Argentina y se establecieron ahí pero van y vienen, y se da como una suerte de interacción cultural.
—¿Uruguay podría conseguir cooperación internacional para atender a los refugiados?
—Los países pueden complementarse con este tipo de ayuda. Por ejemplo, un país que no es rico, como Uruguay, recibe refugiados y a veces se da el caso de que países ricos de Europa le dan ayuda económica al país receptor. La reinserción cuesta plata. Contactar países europeos o nórdicos para ver si hay posibilidades de financiamiento sería una buena opción.