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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Más y Mejor Mercosur”, “El Mercosur es nuestra plataforma”, “Tenemos que fortalecer el Mercosur”…, etc. Chiche.
Pero no siempre es jarabe de pico. O no solo es siempre jarabe de pico.
Buen ejemplo son las declaraciones del Sr. Mujica bajo el lugar común: ¿Qué Mercosur queremos?
Hay que reconocer que si algo no le falta al hombre es picardía. Cuando toda la dirigencia frentista tiene el balde puesto (hasta más o menos la cintura), que todo le cae grueso, hasta el boom turístico de enero, Mujica saca de su vieja chistera un par de conejos. Acompaña a su presidente en un inédito viaje oficial y después, quizás entonado por la experiencia, pega un salto a la otra orilla, para embelesar al presidente Fernández (y, presumo, a los socios supervivientes de la “patria grande”), con su visión del Mercosur. Para Mujica, el que queremos.
“Los caminitos de integración”.
Como siempre, los inventos del Sr. Mujica están empapados de folklores (y murga), guille hábil para enmascarar el contenido (y amortiguar la crítica). En este caso: una bandera, un himno… y mucho amor.
No son desvaríos espontáneos, ocurren en vísperas de una reunión Fernández-Lula, preparada (por aquél), con mucho almíbar, de cara a la cual el canciller argentino saca de su chistera un viejo conejo: moneda única y coordinación macroeconómica para el Mercosur.
Como el bolazo es tan grande, la opinión pública tiende a no dar bola. Pero hay algo en estos versos que es muy real y muy actual: el Mercosur que salió (con mucho esfuerzo) de la sala de producción, se trancó al poco tiempo y, encima de la realidad de ese trancazo (fracaso), los gobiernos que sobrevivieron, alejados de la mística original (que era muy pedestre: el bienestar ayudado por el crecimiento de los mercados), se liberó del fracaso en que eso había caído, apuntado a otros objetivos, más teóricos, más fáciles, más “amigables”.
En ese pentagrama se mueve el Sr. Mujica: metas-espejismos que no obligan a nada concreto pero que no son mero chamullo porque, de aceptarlas, abren la puerta a cosas muy concretas y, para nosotros, muy jorobadas. Queda enterrado el Mercosur taca-taca y campea el Mercosur Ramos Generales: Parlamento del Mercosur, Mercosur de la Educación, de la Seguridad..., etc.
Más allá del teatro político, ¿es eso lo que queremos? ¿Lo que el Uruguay precisa?
Acunados con el folklore de “la Patria Grande” y los lugares comunes mitológicos, nos vamos distrayendo y perdiendo el foco. El Uruguay no precisa nada de eso y no debe aceptarlo, aun cuando le parezca apenas una pérdida de tiempo, porque es más que eso.
No solo encubre el fracaso de la integración comercial, único fin legítimo del Mercosur, si no que, además, nos sumerge en lo que nos amenaza.
El Mercosur implica una renuncia de soberanía, que es algo muy serio y de interpretación super estricta, que el Uruguay aceptó (y no así nomás), por motivos muy concretos y precisos: la libertad comercial en un mercado ampliado. Lo hizo porque no tenía un camino mejor para llegar a una realidad que posibilitara su desarrollo en el mundo contemporáneo. No renunció a toda su soberanía, como una suerte de cheque en blanco. Su renuncia fue concreta y acotada a temas vinculados con la libertad de comercio. Nada más. No se comprometió a otras cosas, sobre todo a cosas que no precisa o, peor aún, que le son perjudiciales.
No es que nos creamos unos cras, pero ¿vamos a atarnos a nuestros vecinos, en sus políticas monetarias, cambiarias, fiscales, institucionales…? ¿Un Mercosur político?
Mujica quiere eliminar el principio del consenso. Le parece fenómeno que nos arrastren por mayoría. O sea, que quiere que nos peguemos todavía más a los que nos clavaron.
Pocos días después del recital del Sr. Mujica, el flamante Ministro de Economía brasileño, Fernando Haddad, dijo en el foro de Davos que el Mercosur “debe fortalecerse”, incluyendo la incorporación de nuevos miembros. Su pensamiento, igual al de Mujica sin el folklore, revela la realidad: quieren una base política que potencie los sueños geopolíticos brasileros.
Todos, pero esencialmente los nacionalistas, deben salir a trancar claramente estos rebrotes sesentistas.
La integración que queremos es la que pactamos (y la que no estamos consiguiendo). Ninguna otra.
Y no debemos dejarnos embaucar con espejitos.
En una buena: señor Mujica, rememore sus viejas raíces herreristas.
Ignacio De Posadas