He seguido con atención el intercambio epistolar en Búsqueda del Arq. Andrés Pfeiff Folle y la Dra. Esc. Laura Álvarez Goyoaga. Hasta ahora me he mantenido al margen, pero creo que sería bueno hacer algunas puntualizaciones.
He seguido con atención el intercambio epistolar en Búsqueda del Arq. Andrés Pfeiff Folle y la Dra. Esc. Laura Álvarez Goyoaga. Hasta ahora me he mantenido al margen, pero creo que sería bueno hacer algunas puntualizaciones.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl Arq. Pfeiff lanza, en su primera carta, una serie de acusaciones contra la Iglesia. Dice que la Iglesia tiene muchos “cadáveres en el placard” y habla de su “vergonzosa y medieval intolerancia”. En su segunda carta, dice que “la Iglesia Católica debería ser muy cautelosa en sus opiniones y excomuniones debido a un pasado muy pesado, que no son acusaciones perimidas. Lamentablemente, son hechos históricos ciertos”. En su tercera carta, cita el libro de Pérez Aguirre (“La Iglesia increíble”) y una anécdota de San Francisco de Asís, “que no estoy seguro que sea cierta, pero ‘se non e vero…’”.
En las tres cartas, lo que parece querer dejar claro el Arq. Pfeiff es que él conoce muy bien la historia de la Iglesia o, al menos, lo suficiente como para juzgarla negativamente. Por eso, según dice en una de sus cartas, se siente “cada vez más cristiano…y cada vez menos católico”.
En lo que a mí respecta, no soy un experto en historia de la Iglesia ni nada por el estilo. Apenas soy un amante de la Historia. Por eso mismo, cuando debo opinar sobre algo relacionado con el tema, recurro a los que saben. Y entre los que saben, me da mucha más seguridad la opinión de un historiador ateo que la de un “católico recalcitrante” (llamémosle así) o que la de un “católico disidente”. Porque los últimos pueden estar parcializados a favor o en contra. Pero el primero no. Se supone que un ateo juzgará más objetivamente que cualquiera la historia de la Iglesia.
Pues bien, en un libro escrito por el periodista Vittorio Messori, titulado “Leyendas negras de la Iglesia” (muy recomendable para quienes quieran profundizar en este tema), aparece una entrevista al historiador Leo Moulin. Este buen hombre, agnóstico, fue profesor de Historia y Sociología en la Universidad de Bruselas durante medio siglo, escribió decenas de libros “rigurosos y fascinantes” —según Messori— y fue uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa.
Respecto de la historia de la Iglesia, en la entrevista citada, Leo Moulin dice:
“Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar”. (…) “Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no es cierto. Pero si en algún caso lo es, también es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Luego, ¿por qué no pedís cuentas a quienes os las piden a vosotros? ¿Acaso han sido mejores los resultados de lo que ha venido después? ¿Desde qué púlpitos escucháis, contritos, ciertos sermones?”.
Finalmente, con respecto a la Edad Media, en la cual Moulin es experto, dice: ”¡Aquella vergonzosa mentira de los ‘siglos oscuros’, por estar inspirados en la fe del Evangelio! ¿Por qué, entonces, todo lo que nos queda de aquellos tiempos es de una belleza y sabiduría tan fascinantes? También en la historia sirve la ley de causa y efecto...”.
La vida me ha enseñado que por lo general, antes de emitir opinión, es bueno informarse bien. Es de personas sensatas no dejarse llevar por “lugares comunes”, por los “dicen que dijo”, por los “no estoy seguro de que sea cierto, pero se non e vero...”. “La Iglesia increíble”, gracias a Dios, no es el único libro que se ha escrito sobre esta institución bimilenaria. Quizá sea conveniente consultar otras fuentes además de esa. Por lo menos, para escuchar las dos campanas. Y luego, recién, emitir un juicio. Que puede ser bueno o malo; pero que será, indudablemente, más justo y objetivo que si se escucha una campana sola.
Álvaro Fernández Texeira Nunes
CI 1.772.474-4