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    La lechería basada en el uso de concentrados “no es sostenible” y debe apuntar a una mayor generación de forraje en el campo

    En 10 años aumentó 24 % la producción de pasto y creció 311 % la utilización de alimentos comprados

    El modelo con el que la lechería en Uruguay creció a tasas del 5 % anual “no es sostenible” dentro de un contexto de alta “volatilidad” en los mercados internacionales, y los técnicos sugieren “repensar” los sistemas, poniendo especial énfasis en una mayor producción y utilización del pasto, desde donde se pueden obtener los “mayores márgenes” de mejora productiva y económica.

    La producción local, que creció en los últimos 10 años a un ritmo similar al de Nueva Zelanda o Irlanda, se apoyó en un creciente uso de alimentos concentrados en la dieta de las vacas. En ese período aumentó un 24 % la producción de forraje por hectárea, pero el alimento comprado se incrementó en un 311 %. Según datos aportados por Fucrea, de cada 10 pesos que gasta un tambero en alimentación, que es el rubro que representa la mayor proporción de egresos en un tambo, 7,6 pesos son en concentrados, lo que significa “un costo muy alto”.

    Entre las conclusiones surgidas de la Jornada 2016 de Producción de Leche realizada en INIA La Estanzuela el pasado 2 de junio, hubo coincidencias en que la “volatilidad” en los mercados no responde a una coyuntura puntual atípica, sino que será una “constante” y que los próximos picos de precios no llegarán a los niveles de los registrados tiempo atrás, según concluyó el gerente de la Junta Intercooperativa de Productores de Leche, Alejandro Galetto, quien analizó los cambios en el comercio internacional de lácteos con una visión futura.

    Este es el marco en que definen para la lechería y lo que dispara la necesidad de adaptar los sistemas productivos a la situación para lograr recuperar los márgenes económicos.

    Santiago Fariña, director del Programa de Lechería de INIA y uno de los disertantes en esta jornada organizada en conjunto con la Federación Uruguaya de Grupos CREA y con el apoyo del Instituto Nacional de la Leche (Inale), dijo a Campo que la ”carta que les queda por jugar” a los tamberos es la de la producción de forraje. Afirmó que mientras en ese aspecto “hay mucho margen para crecer”, es bastante menor la posibilidad de seguirlo haciendo a partir solamente de los insumos importados, si especialmente se piensa en que es necesario “sostenerse y ser rentable a bajo costo de producción”.

    Contó que los datos de Conaprole, que mide a través de información satelital la producción de forraje en distintas zonas, muestran rindes de pasturas de alfalfa de 12 toneladas o de gramíneas de 11 toneladas, y que sin embargo la cosecha estaba en apenas tres toneladas, por lo que concluyó entonces en que el margen de mejora en ese sentido “es muy alto”.

    Fariña, de nacionalidad argentina y con residencia reciente en Nueva Zelanda y otros países, se integró a INIA hace apenas siete meses, pero señaló que a pesar de hacer poco tiempo que está radicado en el país, mirando “fríamente” los datos desde 2001, solo se observan algunas mejoras en la producción de pasto en el cuartil superior de los tambos, pero que en términos generales no se ha avanzado “nada” en esa materia.

    Sin embargo, sostuvo que ahora existe una “preocupación” mayor por parte de los productores, que por una cuestión de costos tienen una mirada más atenta hacia las pasturas.

    Parte del trabajo de Fucrea consistió en preguntar a los productores qué cosas estaban haciendo hoy para sortear las dificultades del momento, y la mayoría de las respuestas apuntaban a medidas para mejorar la eficiencia o para bajar los costos. Fariña expresó que este tipo de situaciones de mercado, “que se van a seguir repitiendo”, son las que exigen “operar” para ser rentables porque “fuerzan” a tener un costo de producción que pueda adaptarse. En ese sentido, dijo que el “mayor margen” de mejora está en la producción y utilización de forraje, en el entendido del alimento que se produce en el campo, tanto el que se pastorea como los cultivos anuales que se conservan como silo o heno para suplementar. Este técnico subrayó que el sector mejoró “en cierta medida” en el forraje conservado, pero que eso no sucedió “casi nada” en la producción de pasto para consumo directo, y que se verifica entre ambos “una brecha muy importante”.

    Dijo que si bien a los tamberos les fue bien económicamente con esta práctica, “seguir en ese tren” los puso en “un nivel de exposición a los precios” que hoy significa un riesgo muy grande.

    “Con un precio de la leche cerca de los 25 centavos de dólar y el precio de los granos ahora en ascenso, se deja en evidencia la exposición al riesgo del mercado en la que quedan los sistemas con este esquema”, sostuvo.

    Subrayó que el cambio de modelo planteado no significa disminuir la productividad ni bajar cargas, sino que los posteriores aumentos tienen que ser solamente sobre la base de una mayor producción y cosecha de forraje, y que desde el punto de vista medioambiental tiene todavía bastante margen de mejora sin poner en riesgo la polución por exceso de fertilización.

    Relató que mientras en Nueva Zelanda, donde la carga promedio está cerca de tres vacas por hectárea, utilizan 250 kilogramos de nitrógeno por hectárea, en Uruguay la carga es cercana a una vaca y la utilización de nitrógeno está por debajo de los 50 kilogramos. “Hay mucho margen de mejora en la producción de forraje, sin poner el ambiente en un lugar crítico”.

    Competi-tividad

    Respecto a la competitividad de la lechería uruguaya, Santiago Fariña señaló que durante la Jornada se presentaron datos de más de 100 países que publican sus costos de producción. Dijo que Uruguay es “un peso pesado”, ubicado entre los siete principales países exportadores del mundo en términos de volúmenes exportables. Y entre estos se destaca, junto con Argentina, como uno de los que tienen menores costos de producción, incluso más bajos que Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, que son países “muy eficientes” en sus sistemas lecheros. Destacó esto como una ventaja competitiva que el país “tiene que sostener” en un futuro.

    Camino

    “largo y lento”

    Sobre las posibilidades de mejora de la eficiencia a través de la mayor incorporación de genética como propone el Instituto de Mejoramiento y Control Lechero (ver Campo N° 68), Fariña dijo que ese aspecto debe ser considerado en función de la sostenibilidad económica, social y ambiental del sistema, y no en función de la vaca que más produce o que más le gusta al productor. Consideró que el camino del Índice Económico de Selección que impulsa MU con el apoyo también de INIA es “lo más adecuado”, ya que permite ver el rumbo de la genética de manera balanceada, integrando distintas características de producción, y a futuro también características de salud y longevidad. No obstante, subrayó que el rodeo lechero uruguayo tiene una calidad genética muy alta, con un excelente potencial que no está totalmente explotado, y que si bien tiene espacio para hacer “ciertos ajustes”, con ese mismo rodeo hay mucho margen de mejora productiva y económica. Dijo que ese es un “camino muy largo y lento”, por lo que entiende que antes de pensar en “aplicar” cambios en la base genética del rodeo, deben comenzar a darse antes los pasos referidos a manejo, gestión de las pasturas, alimentación y gestión económica del sistema.