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    La medicina actual

    Sr. Director:

    Sigo sin entender. El lujo y la miseria.

    Cuando una persona tiene la idea o decide dedicarse a la medicina, su meta es el paciente.

     Doctor en Medicina implica atención al o los problemas del paciente. No puede decir lisa y llanamente no lo puedo atender, soy “especialista”. Se supone que transitó la Facultad, los hospitales, dispone de nociones suficientes para ser investido de dicha credencial y reconoció su juramento hipocrático. Por más especialista, primero es médico.  

    La supuesta tecnificación, si así se le puede llamar, ha partido al paciente en porciones, “médicas y quirúrgicas”: de allí  los problemas y preguntas, pero... ¿no es médico?

    Estoy atosigado por exclusivismos (se va partiendo el problema y el paciente) donde el doliente es el rehén. Maniobras básicas se interpretan como de especialistas ¿?, así principian los problemas de relación, orden técnico, omisiones, quiérase o no.  Quien acude por su salud espera una respuesta y no transformarse en dos o más problemas y un peregrinaje, con un gran signo de interrogación encima, porque, ¿quién es el capitán? nadie quiere serlo: responsabilidad personal, no, que sea institucional ¿?; escudándose detrás de esa fachada.

    Los exámenes asociados no son escudos, sino para confirmar la suposición o dudas.

    Hay exclusivismos técnicos que cabalgan entre médicos y quirúrgicos, pero ello no lleva a solicitar una manifestación de especialistas ante cualquier problema, sino una solución. Si así fuese, gran parte de la medicina se solucionaría sin problemas y más barato. Es necesario trabajar en equipo, una utopía en nuestro país. En resumidas cuentas, el médico ha perdido o quiere dejar decisiones y responsabilidades en manos “de la institución”. Actuación  defensiva, multitud de consultas y exámenes, “pasar la pelota”, el paciente es la pelota. A veces, por el tiempo limitado de las consultas, que NO debe ser, no siendo excusa por aceptar el sistema, entre otras.

    Todo empezó cuando el médico perdió su libertad como emprendimiento liberal y fue enmarañado en un sistema de dependencia que no se transformó en “algo” ordenado, de cuidado para integrantes e intereses de un lado y otro. Multitud diluyente de responsabilidades donde la política  ancló para ser uno de sus baluartes de acción contra el orden, desde la formación al ejercicio profesional liberal, llegando al desprestigio para dominar y desprecio por el usuario. ¿Por qué?

    Primero, no existe un ordenamiento bien establecido, coherente, dinámico, sin superposiciones, lógicas para un país pequeño. 

     Segundo, no se cuidó que todos sus constituyentes debían incrementar sus conocimientos.

    Tercero, no se consideró la necesidad del trabajo en equipo.

     Cuarto, no se establecieron controles sobre resultados, su costo/beneficio, ni prevención.

    Quinto, sin control ni revisiones  en los demás órdenes del sistema.

    Las comparaciones no gustan porque en general no son “amigables”. Hay que establecerlas entre instituciones nacionales y extranjeras, pero de verdad para saber qué pasa y dónde ir.

     Se sustituyó la habilidad por el malón,  capacidad por cantidad. Solo se mira y compara con quienes están peor, pero… ese no es el mundo real ni deseado, sino el engendrado.

    Tampoco hay freno a los “logros sindicales”: pérdida de valores; logrando una organización, más vale una desorganización corporativizada que no enaltece el trabajo ni al usuario rehén del sistema;  no hay autoridad para asumir el reto de pensar en soluciones... Se mira con envidia a los que triunfan y la famosa fórmula “aquí no se puede”. Todo es cada vez más caro, lejano de la realidad y da la casualidad que quienes tienen los poderes, ¿usan el sistema que arman y mantienen? ¿Por qué el que puede se va a otro lugar a atenderse…?

    Somos pocos en un país chico; la organización: copiarla de los que saben, en libertad y  reconocidos por su excelencia, no la receta del fracasado para no seguir calafateando los rumbos del barco, porque… ya se hundió. Adelante, desde la enseñanza al paciente.

    Carlos Sarroca

    Médico cirujano

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