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    La muerte del periodista

     Errare humanum est. Robotum non erra… Este principio aggiornado de la cultura latina es aplicable a muchas regiones de la actividad humana: además de las áreas de producción industrial, en sectores como la educación, los servicios, la salud y los transportes. La novedad ahora es que la robotización amenaza también seriamente la actividad periodística tradicional.

    El desarrollo tecnológico y el uso de los drones, por ejemplo, permite el acceso a un enorme flujo de información proveniente directamente de las zonas de conflictos bélicos, pero también a una mejor cobertura de los procesos asociados al cambio climático. Allí donde por cuestiones de seguridad, o aspectos prácticos, no llegan los periodistas humanos, llegan los periodistas robóticos.

    Y de la misma manera que ya hay robots que están capacitados para ciertas intervenciones quirúrgicas, o incluso para dictar sentencias jurídicas, también hay robots que escriben artículos y notas periodísticas a partir de largas series de datos económicos e información digitalizada.

    El robot-periodista puede “ver” lo que sucede en zonas a las cuales hoy el hombre no tiene acceso, al mismo tiempo que es capaz de manejar una inmensa cantidad de material (por ejemplo, estadísticas sobre delincuencia o sobre procesos económicos o financieros; o también sobre el historial de un determinado conflicto) que supera largamente la capacidad de trabajo de los humanos.

    ¿Qué periodista de carne y hueso puede, sin ayuda de la inteligencia artificial, hacer un análisis de los conflictos en el Medio Oriente durante los últimos 50 años?

    La información de última hora otorgada por los drones y el análisis de largo plazo que la inteligencia artificial hace de los constantes flujos digitales, resultan en textos escritos por elementos robóticos y, en un mediano plazo, en el desplazamiento de los periodistas de carne y hueso de su escenario actual.

    Estas transformaciones radicales dentro de la actividad periodística exigen cambios igualmente radicales en la legislación vigente. Entre otras cosas, para salvaguardar la integridad de las personas que puedan aparecer en el foco de atención de los drones. No es casualidad que justamente los llamados paparazzi sean pioneros en el uso de los drones para vigilar la vida privada de los famosos y “calmar” la curiosidad de la masa lectora…

    La digitalización ya ha generado enormes problemas dentro del mundo de los mass media. La respuesta de los grandes medios de comunicación ha sido diversa: algunos se han zambullido con fuerza en las olas de la digitalización, otros han elegido una vía intermedia, completando los canales tradicionales con los digitales, y un tercer grupo (claramente minoritario) insiste en mantener una forma de trabajo tradicional.

    Cada vez con más intensidad y dramatismo, estos cambios sacuden con fuerza el mundo de los medios de comunicación. Es lo que sucede actualmente en Suecia, en donde uno de los mayores conglomerados de prensa, azuzado por la competencia de los medios digitales, la merma de lectores y la disminución de entradas por venta de espacio publicitario, ha decidido llevar adelante una transformación radical, masacrando docenas de periódicos regionales y dejando en la calle al 80% de sus colaboradores.

    Se trata de un grupo que publica 30 diarios y tiene una masa lectora de un millón de personas. Con el cierre de esos periódicos desaparecerán 1.500 puestos de trabajo. La intervención de la ministra de Cultura y la dura crítica del mundo intelectual no han tenido efectos. La respuesta del CEO de la empresa ha sido contundente, lógica, racional y esperable: “Debemos enfrentar los desafíos del futuro con profundos cambios estructurales”.

    Pero el avance de la mentira como elemento de juicio (especialmente clara durante el referendo por el Brexit en Gran Bretaña y las elecciones presidenciales en EEUU) y el papel crucial de los medios sociales en la difusión de rumores infundados exige, por el contrario, una mayor presencia de periodistas de carne y hueso, encargados de filtrar las mentiras.

    Sin embargo, el propietario de Facebook, que despidió a su plantel de “controladores humanos”, ya ha anunciado la aplicación de mecanismos despersonalizados (robóticos), encargados de detectar las mentiras…

    Hoy, más que nunca, el periodismo es un oficio de alto riesgo.