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    La opinión pública uruguaya registró “más cambios” en los últimos diez meses que en toda la década pasada y surgen “nuevas tendencias”

    Bajó la popularidad de todos los líderes políticos; Mujica es el único que se mantiene por encima del 50%; Astori es de los que más han caído y las imágenes de Sendic y Ancap sufren los efectos de la investigadora parlamentaria, dice Ignacio Zuasnabar

    Ignacio Zuasnabar empieza a hablar del tema y no puede ocultar su entusiasmo. No es que se alegre porque la imagen de todos los líderes políticos está en caída. Tampoco porque los uruguayos son ahora pesimistas respecto de la economía, ni porque tienen un peor juicio de las empresas públicas. Si Zuasnabar disfruta con esos cambios profundos en la opinión pública es porque nada parecido había ocurrido en décadas y, como director de la consultora Equipos, es un espectador privilegiado.

    En su laptop, Zuasnabar tiene gráficas, porcentajes, cifras que muestran cómo en los primeros 10 meses del 2015 “los indicadores de la opinión pública” han registrado “más cambios” que “en los diez años anteriores”. Para los políticos uruguayos son malas noticias. Para los académicos como Zuasnabar son una oportunidad de analizar “nuevas tendencias” que rompen con una estabilidad de muchos años.

    Todos los líderes del oficialismo y la oposición han visto caer sus índices de popularidad en lo que va del 2015. El senador y ex presidente José Mujica es el único que se mantiene por encima del 50%, mientras que el ministro Danilo Astori es de los que se llevan la peor parte, una consecuencia de manejar la economía cuando la población es pesimista sobre su futuro.

    Las últimas mediciones de Equipos indican que menos del 30% de la población aprueba la gestión del gobierno. Zuasnabar lo atribuye a un contexto marcado por una situación económica que se percibe deteriorada, conflictividad mayor dentro del Frente Amplio y enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y los sindicatos.

    Si bien los cambios le resultan interesantes, el politólogo dijo a Búsqueda que también encienden “una luz amarilla”. La ciudadanía tiene “un humor distinto” y está “preocupada por las cuestiones de ‘pan y manteca’”, pero considera que el liderazgo político está “en una dinámica de mucha internita”, de peleas por “el poder” y no tiene su atención en “hacerse cargo de las preocupaciones de la gente”, advirtió Zuasnabar. Y eso, añadió, puede generar que en el mediano plazo la población mire “con menor confianza al elenco político en general”.

    —La consultora Equipos ha realizado muchas mediciones sobre la gestión de los presidentes. En el caso de los electos por el Frente Amplio, siempre aparecían con niveles alto de aprobación de gestión. Pero ahora con Vázquez se da un quiebre. ¿Por qué ocurrió esto?

    —Hay tres características del entorno que son distintas ahora respecto a los dos períodos anteriores. Lo primero es que estamos teniendo un ciudadano uruguayo pesimista. Pesimista con la marcha de la economía, con la marcha de las cosas en general. El Índice de Confianza del Consumidor pasó de mostrar un uruguayo optimista a un uruguayo moderadamente pesimista, y en las últimas semanas ha entrado en las fases más bajas, que es la de atendible pesimismo. El ciudadano uruguayo se acostumbró a un nuevo estándar de vida y a unas nuevas expectativas. Una condición económica que probablemente no se parezca a la que tuvimos tiempo atrás, pero que a los uruguayos los hace menos confortables con la situación actual, puede generar consecuencias subjetivas importantes. Hoy por hoy, la mayoría relativa de la población cree que la situación económica es mala y una parte no cree que dentro de un año las cosas estén mejor. Entonces, cuando las cosas van mal, el gobierno y los gobernantes asumen el costo de eso. Eso pasa siempre. En algunos momentos el Frente Amplio asumió costos por gobernar, incluso cuando la cosa venía muy bien. Esta coyuntura de pesimismo afecta al gobierno más de lo que afectó al primer gobierno de Vázquez y al de Mujica. Estamos viendo un deterioro en los indicadores de evaluación del gobierno y de todo el elenco político en general.

    El segundo componente tiene que ver con una dinámica política distinta. La situación que se está viviendo en el Frente Amplio es más profunda de la que se vivió durante los dos gobiernos anteriores. Siempre hubo diferencias de fondo, siempre hubo situaciones de confrontación, pero nunca se había llegado a este nivel siendo el Frente Amplio gobierno. Hay una frase de Juan Castillo en Búsqueda de la semana pasada que lo resume: en este momento la familia no se puede sentar a la mesa a comer los ravioles juntos. Está diciendo que está complicado y eso se nota. Y el ciudadano también lo siente. En este momento tenemos que alrededor de la mitad de los frenteamplistas aprueban la gestión de Vázquez, hay un parte gruesa que tiene una opinión neutra y los que desaprueban son una minoría. Pero lo cierto es que la base de aprobación es de más o menos del 50% de los frenteamplistas.

    En tercer lugar, estamos en una situación coyuntural de discusión presupuestal que hace que esas diferencias de las que hablaba Castillo queden más explícitas.

    —¿Cómo afecta esto a la imagen del presidente Vázquez?

    —Esto no quiere decir que Vázquez haya perdido credibilidad entre los uruguayos. Cuando miramos otros indicadores, como la imagen de Vázquez como líder político, la popularidad, la simpatía (el aprecio básico que la gente tiene por un líder político), Vázquez mantiene un nivel muy alto, de 72% entre los frenteamplistas. La simpatía de todos los uruguayos a Vázquez está en el 46%. Pensando en lo que pueda ocurrir, uno debe suponer que cuando esta coyuntura termine, Vázquez, con estos niveles de aprecio personal, está en condiciones de recuperar una parte de su apoyo si es que los ciudadanos ven que está gobernando bien.

    —En el Frente Amplio sorprendió la declaración de esencialidad de la educación y algunos dirigentes sostienen que el gobierno actúa de modo errático. ¿Percibe una diferencia en el modo de gestión de Vázquez si se lo compara con lo que hizo en el primer gobierno?

    —Me es difícil evaluar si un gobierno es más errático que el otro. Creo que los cambios fundamentales son los del contexto. En el primer gobierno de Vázquez hubo marchas y contramarchas, por ejemplo en el conflicto con Argentina, o con los restos de Artigas. El contexto con el que está gobernando hoy Vázquez es distinto al de hace diez años, cuando gobernó por primera vez, y al de Mujica hace poco.

    —Dice que la gente es más pesimista, pero los indicadores económicos no marcan que la situación sea tan grave. ¿De dónde sale ese pesimismo de la gente?

    —El Índice de Confianza del Consumidor bajó a su mínimo nivel, está en 41 puntos. Por encima de 40 es moderado pesimismo, por debajo sería atendible pesimismo. La predisposición de la gente a la compra de bienes ha caído fuertemente. Además ha desarrollado temor respecto a la suba de precios —50% de los uruguayos creen hoy que los precios van a subir mucho o bastante en los próximos doce meses—, y también aumentó el temor al desempleo. Lo que tiene consecuencia sobre la economía no son tanto los indicadores objetivos sino los subjetivos, la forma en la que la gente vive estas cosas. Acá está muy claro que la gente está viviendo de manera preocupante. No es una crisis de percepción, pero sí es un estado distinto de percepción, donde empieza a predominar el pesimismo y eso es lo que tiene consecuencia sobre la sensación de la gente. Si sentís amenazada la calidad de vida que aspirás a tener y a la que te acostumbraste a tener durante un tiempo, eso te molesta. Para la psicología del ciudadano es relativamente poco relevante, por lo menos en el corto plazo, si hace diez años estabas peor. Entonces, hay malhumor porque la gente siente que no puede mantener el estilo de vida que ha tenido y se molesta. Y el responsable es el gobierno. Los italianos dicen: “Piove, ¡governo ladro!”. En Uruguay está probado que gobernar tiene costo y eso está por detrás de algunos procesos de erosión de popularidad.

    —La popularidad de los líderes del Frente Amplio ha sido alta durante los últimos años. ¿Eso está cambiando?

    —Electoralmente no se puede decir nada, falta tiempo, pero en lo que son indicadores de la opinión pública, hemos visto en los diez meses que van de 2015, más cambios de los que vimos en los diez años anteriores. En diez meses cambió la percepción económica, la percepción del gobierno, hubo algunos cambios en la imagen de ciertos líderes; se ve que la opinión pública está modificando un estado que durante diez años fue muy estable. Es la primera vez en diez años que hay un gobierno con saldo neto negativo (hubo un momento en el gobierno de Mujica que tuvo menos dos); vemos una erosión en el aprecio hacia varios líderes y una franca caída en la imagen de algunas empresas públicas, algo que no ocurría al menos desde hace una década. Entender esta dinámica implica desafíos y hay que estar atentos a estos movimientos de la opinión pública.

    —¿Solo cayó la imagen del elenco del gobierno o también del resto del sistema político?

    —En el elenco de gobierno cayeron todos. Obviamente, algunos están atravesando situaciones más complejas, como el ministro Astori, que es el principal responsable del manejo de la economía y cuando la economía está complicada afecta la imagen del ministro. La investigación de Ancap está provocando una caída en la imagen de Sendic. Y Mujica también cae porque es parte del liderazgo frenteamplista. Se han alternado los roles: durante el gobierno de Mujica, Vázquez era el líder más popular del país. Ahora, Vázquez asume el costo de gobernar y Mujica de alguna manera está más lateral al gobierno y entonces tiene una erosión menor, lo que le permite estar algunos escalones por arriba de Vázquez. Y los líderes de oposición tuvieron una caída importante después de la elección y en los últimos meses aparecen más estables, con un orden entre ellos que se parece bastante a lo que fue el resultado electoral: Lacalle Pou con una mejor imagen que Larrañaga y Larrañaga con mejor imagen que Bordaberry. Pero los tres un escalón por debajo de lo que tenían a comienzos de año.

    Hay una cuestión que a mí me prende una luz amarilla: hay una ciudadanía con un humor distinto y preocupada por las cuestiones de “pan y manteca” —como dice el colega Luis Eduardo González—, y un liderazgo político al cual una parte de los ciudadanos ve en una dinámica de mucha internita y mucho conflicto que tiene más que ver con el poder que con hacerse cargo de las preocupaciones de la gente. En un país como Uruguay, donde la representación política funciona, no es un problema grave si dura un tiempo; pero si se transforma en una cuestión estructural, podemos estar hablando de una situación en la cual la gente esté mirando con menor confianza al elenco político en general.

    —Decía que Mujica es el que cae menos en popularidad…

    —Si lo comparás con el año pasado es el que cae menos. Mujica terminó el gobierno con una popularidad tan alta que tiene más colchón. Hoy es el líder más popular.

    —En el Frente Amplio hay dirigentes que plantean la necesidad de renovar los liderazgos. ¿Qué surge de las encuestas de opinión?

    —Este contexto de opinión pública puede abrir oportunidades en muchos sentidos. Si la opinión pública uruguaya tuvo 30 años de movimientos muy predecibles, con dos tendencias muy claras —caída de los partidos tradicionales y crecimiento del Frente Amplio—, y tuvo diez años de tendencias muy predecibles, bueno, en estos diez meses de 2015 estamos ante una latencia de inicio de nuevas tendencias, en múltiples sentidos.

    —Mencionó que ha caído la aprobación de las empresas públicas. ¿Es por la investigadora de Ancap o los problemas del Antel Arena?

    —En Uruguay la gente valoraba las empresas públicas incluso cuando funcionaban mal. La transformación de las empresas públicas durante fines del siglo pasado, hizo que además de ser nuestras comenzaron a ser más eficientes. En este período la imagen general de algunas empresas públicas, sin entrar caso a caso, está amenazada. La evaluación promedio es la más baja en los últimos diez años. Este era un tema casi laudado pero en este momento está mucho más en la agenda.

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