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    La organización de la sociedad

    Sr. Director:

    Justicia (?). La palabra es un invalorable medio para comunicarnos pero también para mentir y como estamos inmersos en un ambiente orientado por la palabra y corrompido por la mentira, la confusión impera en la mediocridad y vivimos bajo un manto de injusticias con la esperanza de zafar de las más grandes.

    Quienes se ocupan del tema a partir de su concepto de poder determinado en la Constitución pueden beneficiarse ejerciendo la abogacía; escalar a un posible cargo de juez desde el que tomará decisiones sobre problemas sociales; de fiscal presentando esos problemas al tribunal y también intervenir en la creación de leyes desde un cargo electo para el parlamento; esto último es una puerta abierta a la corrupción, ya que se pueden pergeñar leyes para usos privados, lo que constituye un privilegio.

    Si sólo fuera un tema burocrático que ocupa a mucha gente, quizás lo dejaríamos ahí, pero resulta que el diccionario indica que la justicia es una virtud que nos incita a dar a cada uno lo que es suyo. Significa entonces que es un buen comportamiento entre las personas aunque esa explicación incluye la idea de propiedad privada (lo suyo) y alguien que reparte (dar a cada uno). Con esta aclaración no parece que estemos hablando de una virtud.

    No tiene validez observar el Poder Judicial en solitario, separado de los otros dos que completan la Constitución y otros detalles invisibles que hacen posible su existencia. Como varios de los términos que se acostumbran en esta parodia de sociedad, la justicia es un deseo más. Como el deseo es civil, la autoridad ocupa el tema de la justicia mediante algo pomposo como un poder, con personas importantes como los jueces y demás, todo debidamente establecido en la Constitución para que parezca serio. Solo ocupa el lugar y ya veremos por qué.

    La Constitución está planteada como un acuerdo público de convivencia, una asociación de personas bajo ciertas reglas que parecen ofrecer  justicia, igualdad y libertad pero que en realidad es un esquema administrativo del trabajo y la vida de la población. Hasta hace un tiempo se recordaba mediante el nombre de una calle a la previa de la Constitución: la Junta Administrativa. Esa administración tiene forma de gobierno y el mismo poder anterior de un rey. Pero ahora, para disimular, dividido en tres con cierta independencia y un maquillaje democrático para parecer distinto.

    El Poder Judicial entonces, administra la justicia correspondiente al esquema de un gobierno al mando y un pueblo que trabaja y lo mantiene.  Autoridad y dependientes; sometedores y sometidos.  De igualdad y virtuosismo, nada, pero no olvidemos que este papel ya apergaminado fue escrito en un tiempo de mucho analfabetismo y la gente desparramada en el campo, donde alguna noticia llegaba  tres  o  cuatro  meses después y la justicia estaba en algún pueblo en la persona de un comisario de policía.

    Lo que nos dan a entender como justicia es la respuesta del Poder Judicial ante la falta o delito por transgresión a los códigos legales establecidos por las autoridades. Es para resaltar que su actuación siempre es sobre los efectos o consecuencias del modo de relacionamiento humano, también establecido por las autoridades. Esto nos lleva a una primera conclusión de que el cumplimiento de las reglas que nos marcan no resulta compatible con la naturaleza humana ni facilita a todos una manera digna de vivir.

    Para apreciar esto, debemos ver la situación en su conjunto, y con esto transgredimos un principio implícito en el modelo jerárquico: el de la división para gobernar, que significa que si el pueblo (los civiles) no entienden la verdad de esta milanesa, seguirán sumisos trabajando para ellos.

    Al estar separadas la justicia de la educación con límites establecidos de no intromisión en cada área, la educación impulsa la competencia orientada al trabajo y los agentes de la justicia trabajan con las demandas, los desacatos, los abusos, hurtos, rapiñas, robos y todo personaje que haya sobrepasado los límites que admiten las leyes. Decíamos que solo ocupa el lugar de la justicia porque la tarea clara es la penalización por lo mal hecho, el castigo legal y quizás alguna restitución material y respecto a delitos mayores como asesinatos, se acerca más a una venganza (legal).

    Hablamos de venganza porque es posterior a los hechos pero también se puede considerar una continuidad de la inquisición al dar castigos ejemplares como forma de inducir miedo a otros para imitar el delito. Lo cito así porque todavía estamos en la era cristiana que en esa época de oscurantismo dejó al humano occidental sin espíritu propio (año 553) y por consiguiente sin sentido para la vida. Por eso perseguimos el dinero y el poder pasando una vida de frustraciones y decepciones.  Lo que tenemos proviene de ahí.

    El modelo jerárquico no puede apartarse del  statu quo ya que sería su fin, por eso no admite cambios. Y los civiles siempre han reclamado cambios. De ahí que se les cierran las puertas a intervenir con ideas diferentes. La educación sigue educando para competir y trabajar; los que dictan las leyes cuidan que el modelo persista y los jueces chiflan mirando para otro lado. Cualquier civil con un pequeño conocimiento empresarial plantearía relevar las fallas que se concretan en delitos, buscar causas y probar opciones para mejorar los resultados.

    Acabo de citar otra herejía: buscar causas. Eso sería movilizador pero es fácil observar que en antropología se estudian las culturas y sociedades anteriores pero no la presente. Lo actual se estudia en sociología con el debido cuidado de que nadie pregunte ¿por qué? algo. Porque la respuesta siempre sería porque sí. Sinónimo simplificado de “porque lo digo yo” (la autoridad). Si el antropo está relacionado con el hombre, con la sociología ya no lo somos. Y esa es la intención autoritaria de ocupar los lugares con los temas importantes y burocratizarlos. Vivimos entre injusticias: opiniones autoritarias, comportamientos abusivos y valores arbitrarios entre otras, mientras se habla de justicia sin que esta se produzca.

    El ámbito judicial se ampara en que cumplen lo que dice la ley. Y volvemos al diccionario. Ley: regla y norma constante e invariable a que están sujetas las cosas. Evidentemente, ni responde a lo que vemos que hacen los agentes de justicia ni somos cosas. Pero la segunda acepción dice: precepto dictado por la suprema autoridad para que sea acatado por todos los gobernados. En este sí, queda claro que tenemos que hacer lo que dicen ellos, nos guste o no, correcto o no, justo o no, y entonces ante estas posibilidades tan amplias, la ley o las leyes que emita un gobierno pierden la calidad que expresa el primer concepto y cae en la mediocridad.

    Así como hemos observado la ausencia de objetivos para el país, en los artículos de la Constitución, en la cuestión de las leyes, se hacen, se derogan, se modifican de acuerdo a las necesidades del gobierno mismo y de alguna situación que necesite la fuerza legal para ser solucionada (o apagada). No hay una meta que permita orientar lo que se hace, hacia ella. Algunos preocupados por mejorar la “democracia” han sugerido tímidamente que “necesita orientación”, aunque sin aclarar hacia dónde.

    La característica de dividir y separar, propia del modo competitivo, la vimos entre el Poder Judicial y la educación y lo mismo sucede entre el Poder Judicial y el Legislativo ya que la falta de conocimiento sobre la finalidad de la vida personal, omitida ex profeso por la iglesia, aumenta la ambición por los valores materiales y con ello los delitos por obtenerlos, cada vez con estrategias más elaboradas y con métodos no previstos en las leyes, por lo que mucho más tarde de los hechos se piensa en su represión legal.

    Esa misma característica llevará al modelo autoritario a su fin por caos y agotamiento del sistema económico. No es novedad. Lo saben, pero lo estiran.

    El problema queda entonces en manos de los civiles, porque las autoridades no se dignarán a bajarse de su poder sino que se desinflará solo e inevitablemente. Tampoco harán nada para fomentar el inicio de una forma de vida sin ellos. ¡Obvio!

    Entonces estemos atentos a comenzar grupos de convivencia en ambiente de granja en previsión a la falta de alimentos en la ciudad como experiencias de transición hacia pequeñas comunidades participativas.

    Como vimos antes, si se busca lo material es por ignorancia del proceso de la vida, que debe ser considerado, junto con la participación o cooperativismo, esenciales para iniciar un cambio efectivo y positivo. Esos dos puntos requieren de un aprendizaje que luego será transmitido oralmente en las relaciones de los integrantes. La justicia dejará de ser tema y problema, porque queda diluida en el trato y la organización consciente en lugar de las autoridades anteriores.

    El cambio de lo competitivo a lo participativo tendrá unos años de transición porque abarca todo lo conocido en sectores que se irán unificando nuevamente, como nuestra vida.

    Por leyes solo estarán las naturales, que son invariables, y nosotros nos iremos haciendo amigos, que es el principio de tratarnos como humanos.

    Luis Alberto Álvarez

    CI 715.776-7