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    La película de tu vida

    Mi madre, de Nanni Moretti
    Colaborador en la sección de Cultura

    En esta obra, el cineasta Nanni Moretti se reserva un reducido tiempo en pantalla y una menor cantidad de líneas de diálogo. En realidad, lo que sucede en Mi madre, su pequeña, cautivadora y emotiva película, es que se diluye en el papel de Margherita, una directora de cine interpretada por Margherita Buy —tercera vez que trabajan juntos—, y en Giovanni, su hermano mayor, un señor pragmático y moderadamente cariñoso, un papel que Moretti compone con la voz baja y gestos parsimoniosos y amables. El filme los encuentra en un momento delicado: Ada (adorable Giulia Lazzarini), la madre de ambos, debió ser internada, y los pronósticos sobre su salud son poco alentadores.

    La película arranca dentro de otra película. La que está filmando Margherita. Una película de fuerte contenido social: una fábrica en crisis, a punto de ser vendida a un empresario de Estados Unidos, es tomada por sus empleados, hay manifestaciones, proclamas, enfrentamientos con las fuerzas del orden. La producción incluye la presencia de una estrella de Hollywood, Barry Huggins (John Turturro, glorioso), que interpreta al empresario. Turturro, con esa habilidad para componer criaturas patéticas, aporta la vena cómica, dando vida a este tipejo, que desde sus primeras palabras con Margherita, al llegar al hotel, arranca mal. Huggins, que asegura haber trabajado con Stanley Kubrick, dice sentirse feliz de hacerlo con una directora como ella, una realizadora con su “sensibilidad”, aunque no logra aprenderse los textos y no comprenda del todo las indicaciones de Margherita (a favor de Huggins­ hay que decir que la indicación de actuar “al lado” del personaje no es muy clara tampoco, para nadie).

    Nunca se llega a ver la obra que filma, aunque, en cierto modo, por el rodaje, se ve qué clase de película es. Por cómo filma, por cómo dirige, por cómo se mueve ante los actores, uno puede imaginarse la onda. Con unos pocos movimientos, Moretti le quita cualquier atisbo de encanto al ambiente en el que se mueve la protagonista. Lo que se ve es gente trabajando. La directora no es presentada como una artista del glamoroso mundo del cine. Todo lo contrario. Ella, como el resto de su equipo, es una trabajadora que día a día tiene que cumplir con un plan de rodaje que a veces incluso se le hace cuesta arriba. Básicamente, lo que hace es llegar al set y lidiar con sus disturbios internos y solucionar problemas —que, en este rodaje, son muchos, empezando por el pelmazo de Huggins.

    La charla que tiene con su madre sobre una jornada de filmación poco se diferencia de una conversación que cualquiera puede tener acerca de un día cualquiera en un trabajo cualquiera. Vamos, es trabajo, y no hay que olvidarse de que al final se trata de eso, parece decir Moretti. No importa que sea una película, no importa que sea la más importante o la más grande o la más cara de tu carrera, si perdés el foco en que es un trabajo también vas a perder el foco en asuntos realmente trascendentales, en temas que en verdad son de vida o muerte. Moretti habla en serio: la historia de Mi madre se inspira en lo que le ocurrió cuando filmaba Habemus Papa, su película más grande en términos de producción, su película más cara, una producción millonaria que demandó más trabajo que sus obras previas. Algo muy similar a lo que le sucede a su directora en Mi madre.

    Como lo hizo en Aprile o Caro diario, en este largometraje Moretti lleva recortes de su vida al set. Lazza­rini usa ropa de Ágata, la fallecida madre del director, que, como Ada en la ficción, fue profesora de lenguas —en la pantalla es profesora de latín. Muchos de los libros que pueblan la biblioteca de la casa de Ada pertenecieron a Ágata, y el auto que maneja la estresada Margherita es el del propio Moretti, que también revisó los diarios de aquellos meses. La intención detrás fue unir íntimamente la textura de la ficción con los hechos que marcaron las circunstancias del realizador y crear la narración desde allí.

    Hay algo muy relevante y muy bien logrado, otra demostración de la capacidad creativa de este artista —que se acercó a una muerte tabú en La habitación del hijo, Palma de Oro en Cannes—, al recrear las fases de confusión y angustia que atraviesa la protagonista al sentir la proximidad de la muerte de su madre. Desbordada —en más de un sentido—, Margherita intenta transmitir seguridad pero teme perder el control. El tiempo duele y todo empieza a mezclarse: puede estar en una pesadilla o en un recuerdo, puede desear que todo sea mal sueño, una especie de broma, puede estar despierta, no comprender lo que dicen los médicos, querer que su madre se recupere, que recuerde esa palabra que ahora se le borró de la mente, desear que no sea nada, que no haya de qué preocuparse, hay que seguir filmando, con Huggins que no sabe cómo mover el volante con un mínimo de realismo y que, en un momento de crisis en el rodaje, clama por volver a la realidad. Hasta él sabe que es ahí donde sucede lo que realmente importa. 

    Mi madre (Mia madre). Italia-Francia, 2015. Dirección y guion: Nanni Moretti.­ Con Margherita Buy, John Turturro, Giulia Lazzarini y Nanni Moretti. Guion: Nanni­ Moretti, Francesco Piccolo y Valia Santella. Duración: 106 minutos.

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