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    La producción de terneros de este año caería en el entorno de un 15% respecto a la zafra anterior

    “No es oro todo lo que reluce”, dice un muy conocido refrán que bien podría aplicarse a la realidad actual de la ganadería. Frente a una buena primavera y a la abundancia de pasto disponible en los campos durante todo el verano y bien avanzado el otoño, los índices reproductivos van a estar muy por debajo del año anterior; posiblemente incluso sean menores que los promedios históricos. Este año la ganadería producirá muchos menos terneros que en 2013.

    De acuerdo con las ecografías que por estos días están realizando los médicos veterinarios, los índices de preñez son muy irregulares, pero en general, en casi todos los casos, los productores no van a alcanzar los resultados de la campaña anterior. Esa es la conclusión a la que llegó el médico veterinario Santiago Bordaberry en diálogo con Campo. “Con respecto al año pasado, me animo a decir que va a estar en el entorno de un 15% menos”, afirmó.

    El doctor Bordaberry, de Agromedical, en sociedad con los también médicos veterinarios Sebastián Viana e Ignacio Beriao, realiza ecografías en todo el país (Flores, Durazno, Lavalleja, Florida, Río Negro, Tacuarembó, Paysandú, Artigas y otros departamentos).

    Consideró que esta disminución, que colocará la producción “casi” por debajo de un año promedio, es una cifra muy importante, que representa valor económico muy alto.

    Además del bajo nivel de preñez, para la producción final de terneros es necesario considerar las pérdidas en la gestación, muertes perinatales y muertes al pie de la madre, que representan habitualmente entre 200.000 y 300.000 terneros menos al año.

    Bordaberry señaló que los diagnósticos vienen dando por ahora un promedio muy por debajo de la expectativa existente. Explicó que el campo se enfrentó a una situación de pasturas extraordinaria desde enero hasta ahora, que no se condice ni con el estado ni con la preñez de los ganados y agregó que en esta zafra los resultados son extremadamente variables, hay buenos y hay muy malos, sostuvo, pero no hay un patrón.

    Estimó que seguramente el promedio general va a estar por debajo de lo que dio el año pasado, cuando se ubicó en el 81,5 %, según los datos del taller de evaluación de gestación vacuna que lleva adelante INIA “33”.

    Una decepción

    Para Bordaberry, los resultados son una decepción, porque en un principio no había quien no considerara que con el clima que se dio y el volumen de pasturas disponible, los números iban a andar muy bien y sin embargo esto no fue así, al no condecirse el estado de los ganados, ni los resultados, con la cantidad de pasto que estos han tenido.

    A la hora de buscar explicaciones para los fracasos y encontrar las causas que pudieran haber incidido, dijo que este año hay una enorme diferencia, más que en otros años, entre los productores que pudieron controlar el amamantamiento y los que no lo hicieron y que eso podría ser una pista. Explicó que hay una producción de terneros extraordinaria, que están en muy buenas condiciones, que las vacas destetaron terneros pesadísimos, lactaron mucho, y que por ahí, con ese exceso de pasturas que tuvieron, se fueron en leche, lo que explica de alguna manera que, además, haya una producción de leche extraordinaria.

    Pero sin embargo, señaló que ni siquiera se acomodaron las vacas, ni “caminaron las invernadas”, y que todo ello lleva a preguntarse cuál es la calidad de esas pasturas, que también formaría parte de la explicación.

    Sobre los resultados dispares entre productores, señaló que tuvieron mejores índices aquellos que dejaron los toros trabajando hasta fines de febrero en características de campo más estivales, de entore más tardío, porque en esas zonas las lluvias se detuvieron antes, permitiendo que los campos se acomodaran, y los resultados están indicando que en febrero movieron algunas preñeces más. Sin embargo, para aquellos productores que retiraron los toros a fines de enero, como es habitual en las zonas de basalto, no hubo tiempo de que las vacas entraran en celo y en algunos casos el fracaso fue “estrepitoso”.

    Pasto pobre y más problemas

    No obstante estas consideraciones, el técnico hizo referencia a la calidad del pasto disponible como un elemento de incidencia importante también. Señaló al respecto que cuando hay pasto en exceso como en este año, puede ser beneficioso en algunos casos, pero aclaró que en esa exuberancia se diluyen mucho los minerales disponibles y que esta falta, en momentos de lactancia, cuando las vacas están dando mucha leche, genera también un problema adicional.

    Dentro del marco general de bajos índices de preñeces, hay, sin embargo, productores que obtuvieron números normales y hasta muy buenos. Bordaberry explicó estos últimos por el lado del manejo de los rodeos. Dijo que en esos casos, los ganaderos sacaron temprano los terneros a la madre, utilizando técnicas de destete precoz o con tablilla, y obtuvieron índices por arriba del 80 %, que en algunos casos se elevaron hasta el 87 %. Pero señaló que estos fueron los menos y que la gran mayoría “se llevó unos chascos impresionantes”. De todas formas, explicó que no hay un patrón, debido a que incluso habiendo aplicado la tecnología disponible y haciendo las cosas en tiempo y forma, hubo productores cuyos resultados fueron muy pobres.

    A las causas descriptas antes, Santiago Bordaberry agregó también la de los problemas de orden sanitario. Dijo al respecto que se verificaron afecciones de parasitosis importantes (saguaypé, lombriz, etc.), producto de la humedad y los calores extremos. Resumió que el verano estuvo determinado por un estrés calórico muy importante, con muchos días de continuo con lluvia, problemas parasitarios y una gran producción de leche, todo lo cual, combinado, terminó afectó la preñez.

    Control de amamantamiento

    Resaltó que si bien siempre es importante, este año más que nunca fue determinante el manejo del control de la lactancia. Dijo que entre los productores que hicieron algún control de amamantamiento, con quienes no lo hicieron, la diferencia fue muy grande. También resaltó que los fracasos de la primera cría fueron extraordinarios con respecto a los del ganado adulto. Explicó que en las vacas que destetaron su primer ternero y que no se les realizó ningún control, las preñeces fueron “verdaderamente fracasos estrepitosos”, del orden del 30 o el 40 %, pero que sin embargo, aquellos que hicieron algún destete precoz, tuvieron niveles de preñez “casi” normales.

    “La diferencia entre hacer y no hacer fue muy buena y la diferencia entre la primera cría y los otros ganados este año es lo que nos indica que tiene que haber habido un problema de producción de leche y de la calidad de las pasturas, más que los otros problemas”, resumió.

    También dijo que muchos productores se confiaron en la cantidad de pasto y que a la hora de hacer diagnósticos de preñez, tuvieron resultados muy pobres.

    Bordaberry señaló que de acuerdo con las ecografías que vienen realizando, se detecta que la mayoría de las preñeces son tempranas, de noviembre a diciembre y que del reporte de los productores surge que los toros en enero no trabajaron. Explicó que muchos consideraron que los toros no trabajaban porque el ganado estaba preñado, y que en realidad lo que sucedía es que las vacas no estaban en celo. Para el técnico, esto es determinante para considerar que la parición no va a ser importante, pero que sí va a ser temprana.

    Estimó que otro factor de incidencia para explicar los malos resultados es que el año anterior fue “extraordinariamente bueno” y que prácticamente todo el ganado que había para entorar en esta oportunidad, era ganado parido, cuando en otros años hay un componente de vacas falladas del año anterior que es importante. A juicio de Bordaberry, esa característica “seguramente también tira un poquito para atrás”.