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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEntre reír o llorar, reír por la payasesca oposición del PIT-CNT FA a la iniciativa de la administración de Luis Lacalle Pou, por la cual se propuso una rebaja en el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) y al Impuesto de Asistencia a la Seguridad Social (IASS), además de beneficios tributarios para las pequeñas y medianas empresas. Y llorar, por provenir de un representante, economista, formado en el “imperio”, que teóricamente debería saber los beneficios por el “efecto derrame”, que no me atreveré a explicarlo para tan prestigioso conocedor, que, de ello, parece que sí sabe o debería saber.
Los representantes del Frente Amplio (FA) si bien anunciaron que apoyarían el proyecto, una vez más con la cantinela de que “es tarde y es poco”, señalaban, “dramáticamente”, la magnitud del alcance de la rebaja, contra la oportunidad, agregando el nivel de pobreza que hay hoy en el país. Esto último es sarasa (bla, bla, bla), como lo demuestran las encuetas del Instituto Nacional de Estadística (INE).
Los números son números, la realidad es que esta rebaja impositiva beneficia a 327.000 contribuyentes del IRPF y a 179.000 jubilados.
No se trata entonces de una “consolidación fiscal” (Astori) que se dijo llevaría al crecimiento de las empresas, cuando el aumento de impuestos en la sombra, o no tanto, llevó al aumento de ingresos a Rentas Generales, para intentar tapar la irresponsabilidad en los gastos (derroche) de fondos públicos. Como ejemplo, los 300 millones de dólares tirados en el Río de la Plata, para el proyecto Gas Sayago, que sigue generando gastos y que el retiro de pilotes que afectan a la navegación costará por lo menos 9 millones de dólares o los irrecuperables gastos (no inversiones) en Alur, Ancap. Pero nadie es responsable como tampoco lo hay por: el tren de los pueblos libres, el puerto de aguas profundas, Aratirí, etcétera.
Por todo lo anterior, ante algunas situaciones claramente inadecuadas, los responsables deberían, por lo menos, aplicar aquello de: “mejor callar”.
Jorge Ciasullo
CI 793.978-7