Nº 2094 - 22 al 28 de Octubre de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl mes de octubre de 2020 será recordado como uno de los momentos más importantes en la creación de conciencia sobre la seguridad alimentaria mundial, ya sea en el debate global como en la búsqueda de posibles soluciones concretas.
El 9 de octubre fue asignado el Premio Nobel de la Paz 2020 al Programa Mundial de la Alimentación (PMA), y pocos días después, el 16 de octubre, durante la Día Mundial de la Alimentación de la FAO, algunas destacadas personalidades mundiales, entre ellas el papa Francisco, llamaron a buscar soluciones de fondo y sostenibles al problema del hambre, mientras en paralelo destacados expertos dieron a conocer una serie de estudios que nos indican caminos para transitar hacia la resolución de este tema fundamental para el futuro de la humanidad.
El director general de la FAO, Qu Dongyu, reconoció que estos pronunciamientos hacen que “la mirada de la comunidad internacional se dirija a millones de personas que sufren seguridad alimentaria o corren el riesgo de sufrirla”.
Para Qu, lo que se necesita ahora es “una acción inteligente y sistemática” que provea “alimentos a quienes lo necesitan”, tomando medidas para “prevenir que los cultivos se pudran en los campos por falta de suministros eficientes”, potenciando el uso “de herramientas digitales e inteligencia artificial, con el fin de predecir los peligros para la producción, activar automáticamente los seguros de cosecha y reducir el riesgo climático”, actuando para “salvar la biodiversidad de la erosión incesante” para convertir “las ciudades en las granjas del mañana” y que los gobiernos desarrollen políticas para que las dietas saludables sean más accesibles.
David Beasley, director ejecutivo del PMA, reflexionando sobre la adjudicación a su organización del Premio Nobel 2020, subrayó que esa decisión “ha centrado la atención mundial en los que pasan hambre y en las consecuencias de los conflictos”, mientras que “el choque climático y las presiones económicas han agravado más la situación”, y actualmente “la pandemia global y su impacto en economías y comunidades está empujando a millones de personas al borde de la inanición”.
Según un reciente informe de la FAO, 690 millones de personas (alrededor del 8,9% de la población mundial) sufren hambre y los efectos del Covid-19 pueden aumentar dicha cifra hasta 130 millones de personas que puedan sufrir hambre antes de fines de 2020.
El papa Francisco recordó que “no basta producir alimentos, sino que también es importante garantizar que los sistemas alimentarios sean sostenibles y proporcionen dietas saludables y exequibles para todos”, buscando “soluciones innovadoras que puedan transformar la forma en que producimos los alimentos para el bienestar de nuestras comunidades y de nuestro planeta, fortaleciendo la capacidad de recuperación y la sostenibilidad a largo plazo”.
El Santo Padre calificó el hambre “no solo como una tragedia, sino una vergüenza”, llamó a aplicar políticas y acciones concretas y sugirió que “una decisión valiente sería constituir con el dinero que se usa en armas y otros gastos militares un fondo mundial para poder derrotar definitivamente el hambre y ayudar al desarrollo de los países más pobres” y de esta manera evitar “muchas guerras y la emigración de tantos hermanos nuestros y sus familias que se ven obligados a abandonar sus hogares y países en busca de una vida más digna”.
Un grupo de reconocidas organizaciones internacionales y centros de estudio, entre ellos la propia FAO, hizo un llamado en el mes octubre a los países donantes a duplicar la inversión para erradicar el hambre para el 2030, año que la comunidad internacional en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York en 2015 fijó para eliminar el hambre y la pobreza, así como lograr otros grandes objetivos del desarrollo (ODS).
Según el estudio, los donantes deben gastar en promedio 14.000 millones de dólares adicionales al año de aquí al 2030, lo que equivale a duplicar el gasto actual para la seguridad alimentaria y la nutrición.
Para el economista Máximo Torero, de la FAO, “el mundo produce suficientes alimentos para todos, por lo que es inaceptable que 690 millones de personas estén subalimentadas, 2.000 millones no tengan acceso regular a cantidades suficientes de alimentos inocuos y nutritivos y 3 millones no pueden permitirse una dieta saludable”. Para el experto, si se duplican las contribuciones de los países más ricos como se solicita, “con tecnología, innovación, educación, protección social y facilitación del comercio”, se puede vencer el hambre en los plazos fijados por la comunidad internacional.
Con el objetivo de avanzar en esas reflexiones que permitan soluciones más concretas, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, propuso la realización de una cumbre sobre los sistemas alimentarios, cuyo evento preparatorio se realizará en Roma antes del verano de 2021, y la reunión conclusiva de jefes de gobierno o sus altos representantes, que se realizará en setiembre del próximo año en Nueva York.
En la búsqueda de caminos para construir sinergias entre los países para afrontar los efectos del Covid-19 en la seguridad alimentaria y sus posibles soluciones futuras, el presidente de Italia, Sergio Mattarella, recordó la iniciativa de su país presentada a la FAO para crear una coalición de naciones sobre la alimentación, a la que ya se han sumado cerca de 40 países de todas las regiones, para intercambiar experiencias de lo que está aconteciendo, identificar dónde están las zonas de mayor riesgo y cuáles serían los mejores caminos para afrontar dichos efectos y preparar la fase pos-Covid en este sector.
* Vicedirector general de la FAO