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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáUruguay, qué no ni no. Esta trágica y tristísima masacre de Ucrania —porque una guerra es otra cosa— nos ha permitido aproximarnos al conocimiento de un país del que, la gran mayoría de los uruguayos, entre las que me sitúo con toda comodidad y pertenencia, solo conocía a través del fútbol; porque cuando nuestra selección ha necesitado un sparring duro pero algo torpe, veloz pero impreciso, al que ganarle, casi siempre, con la sensación de un triunfo hazañoso (aunque de segunda magnitud), se ha elegido a Ucrania.
Son atléticos en general sus jugadores, recios y musculosos, pero rústicos en su juego, que se parece más a una disciplina que a un arte, a una obligación que a una actividad lúdica, explicando, acaso, ciertas características de la idiosincrasia ucraniana.
La abusiva invasión rusa permitió al mundo, a través de informaciones que corrieron por las redes como reguero de pólvora, conocer muchos datos de Ucrania.
Se supo, por ejemplo (no se ha desmentido nada de esto) que Ucrania es el primer país de Europa en reservas de minerales de uranio; el segundo en mineral de titanio; ocupa el segundo lugar en el mundo en explotación de manganeso; tiene la segunda reserva del mundo en mineral de hierro; el segundo lugar de Europa en mercurio; tercera en el mundo en reservas de gas de esquisto, etc., todo lo cual ubica a Ucrania en el cuarto lugar del mundo atento al valor de sus recursos naturales.
Pero más allá de la riqueza del subsuelo Ucrania se alza sobre una llanura de profundas tierras fértiles de nítida vocación agrícola.
Es el primer país de Europa respecto a la superficie de tierras cultivables; es el primer exportador del mundo de girasol y sus aceites; tiene el segundo lugar en cebada; es el tercer mayor productor de maíz; cuarto productor de papa; quinto de centeno, así como también de apicultura; tiene un destacadísimo lugar en las producciones de trigo, aves y huevos, quesos, etc. En suma, Ucrania, que es la patria de 40 millones de ucranianos, podría satisfacer las necesidades alimentarias de más de 600 millones de seres humanos.
Pero, además, Ucrania es un país industrial.
Es el primer productor de Europa de amoníaco, tiene el sistema de gasoductos más extenso de Europa; tiene una enorme capacidad instalada de centrales nucleares de producción de energía; tiene una red ferroviaria de más de 20.000 km; es de los principales exportadores de turbinas para centrales nucleares, así como de lanzacohetes y elementos de la industria de la defensa, etc., etc., etc.
Como puede verse y como se ha divulgado por todas las redes, se trata de un país riquísimo y, acaso por eso —entre otras consideraciones geopolíticas y ambiciones zaristas— ha suscitado la apetencia del gigantesco e imperialista vecino ruso.
Pero al ver toda esta riqueza concentrada en un país uno de golpe se pregunta: ¿son entonces ricos los ucranianos?
Acudimos a consultar las estadísticas internacionales y nos encontramos con que ese pródigo país tiene un PIB, en números redondos, de unos 160.000 millones de dólares, o sea, alrededor del triple del PIB de nuestro pequeño Uruguay.
Los ucranianos, como ya vimos, son 40 millones, por lo cual el PIB per cápita es de unos 4.000 dólares, mientras que el de Uruguay es más de cuatro veces más…
Los uruguayos que vivimos en paz, en un bucólico país sin grandes riquezas naturales más allá de las introducidas por Hernandarias hace varios siglos, somos cuatro veces más ricos que los robustos ucranianos que viven sobre una tierra de una prodigalidad increíble.
Claro, ellos sufrieron décadas del aplastamiento soviético. Y cuando empezaban a sacudirse el yugo de un sistema “pauperogénico”, opresor y perimido, son invadidos por su voraz vecino gigante que los quiere uncir de nuevo al yugo de su prepotencia.
¡Qué bendición el Uruguay!
También como los ucranianos vivimos entre dos grandes potencias. También somos una especie de buffer. También fuimos creados como “un algodón entre dos vidrios” por las potencias imperiales de siglos pretéritos. También por momentos suscitamos las apetencias de nuestros gigantescos vecinos. Pero gracias a Dios hemos podido mantener nuestro rumbo, nuestra independencia, nuestra idiosincrasia y nuestras queridas memorias que se proyectan hacia un porvenir luminoso.
Iniciábamos estas líneas hablando un poco de fútbol. Las culminamos igual, aludiendo a un apotegma no escrito pero siempre aplicado en las estrategias futboleras: “Equipo que gana no se toca”.
Y Uruguay viene ganando en paz, en prosperidad y en la dicha de su gente que, al fin y al cabo, es lo único que importa.
Tristísima la masacre de Ucrania con la que nos solidarizamos en todos los aspectos.
Por contraste, felicísima la realidad uruguaya que debemos preservar y consolidar.
¡Uruguay, qué no ni no!
Álvaro Secondo Escandell
CI 1.174.509-9