Por sus consecuencias traumáticas, el quiebre de la “tablita” marcó a fuego a empresas y familias en los años ochenta. Este episodio cambiario tuvo también consecuencias políticas y Búsqueda lo reconstruyó diez años después de ocurrido.
Por sus consecuencias traumáticas, el quiebre de la “tablita” marcó a fuego a empresas y familias en los años ochenta. Este episodio cambiario tuvo también consecuencias políticas y Búsqueda lo reconstruyó diez años después de ocurrido.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Pensativo, sentado en un banco bajo los árboles, Gregorio Álvarez trazaba con una rama dibujos en la tierra de un cantero del jardín de la residencia de Suárez y Reyes. Quizás esa tarde comprendió que la decisión que acababa de tomar comprometía gravemente sus ambiciones políticas. Pero lo que no supo fue que romper la “tablita” de la cotización del dólar, aunque se tratara de algo ya inevitable, emergería con el paso del tiempo como el paradigma del fracaso de la dictadura en el campo económico y que su recuerdo perviviría aún más que el de las violaciones a los derechos humanos de un régimen que duró casi 12 años.
Álvarez levantó la vista hacia sus dos principales hombres en la economía —emisarios del infortunio— y fue evidente que se rendía ante los hechos. “Será en silencio, rápido y antes de las elecciones de los partidos”, dijo, palabras más o menos. La decisión se hizo pública dos días después, el viernes 26 de noviembre (de 1982), casualmente el día en que el presidente de facto cumplía 57 años.
(...) El ministro de Economía, Valentín Arismendi, y el director de Planeamiento, general Pedro Aranco, llegaron a la residencia presidencial de Suárez convocados por Álvarez.
Era una tarde de calor. Arismendi acababa de bajar del avión que lo había traído desde Washington con una suerte de ultimátum de Christian Brachet, el técnico del Fondo Monetario Internacional (FMI) responsable de Uruguay, quien desde mucho tiempo atrás recomendaba dejar libre la cotización del dólar porque la situación era insostenible, la recesión se agudizaba y las arcas del Banco Central estaban exhaustas. Para el gobierno de Álvarez el acuerdo con el FMI era una cuestión de vida o muerte en una coyuntura en que no había un centavo en el mundo para una zona de alto riesgo por el conflicto de las Malvinas, y porque los países latinoamericanos no eran de fiar.
(...) El anuncio de que se adoptaría un sistema de minidevaluaciones preanunciadas tuvo escaso destaque en los matutinos del jueves 26 de octubre de 1978, más atentos por esos días al ascenso de Juan Pablo II al trono de San Pedro. En su número de noviembre, el entonces mensuario Búsqueda informaba en su página “Orden financiero”: “El Banco Central anunció que vendería y compraría divisas en el Mercado Financiero, sin limitaciones, al tipo de Mercado Comercial. La medida implica, de hecho, la unificación del tipo de cambio en un Mercado Único y dirigido (...)”.
El fin del régimen tabular careció de medios que contrarrestaran, al menos en parte, sus devastadores efectos. La “tablita” era el ancla del sistema y cuando se cortó la amarra nada se hizo.
La brusca apreciación del dólar ocurrió, naturalmente, porque existían muchos demandantes y pocos oferentes. Para colmo, el Banco República, en una medida casi refleja en defensa de su posición, cerró su “ventanilla” de venta de dólares, agudizando la iliquidez de la moneda norteamericana. El gobierno no reaccionó hasta enero, cuando aplicó la única medida posible: sacar liquidez de la plaza con operaciones de mercado abierto.
Diciembre, un mes que tradicionalmente se caracteriza por un alto nivel de circulante, siguió empujando el dólar al alza sin que la autoridad monetaria adoptara medidas. En los locos primeros días de enero de 1983 la divisa norteamericana había llegado a N$ 45-46, más que triplicado el último precio tabulado.
En la semana que siguió a la ruptura de la “tablita” una misión del FMI comenzó a trabajar en el Banco Central, negociando con las autoridades uruguayas el (acuerdo) stand-by. También en esos días, Arismendi presentó formalmente su renuncia, aunque esta se divulgó diez días más tarde.
El jueves 9 de diciembre, visiblemente afectado, el secretario de Estado presentó en el Palacio Estévez a su sucesor, Walter Lusiardo Aznárez. El nuevo titular de Economía recordó entonces una frase del ex ministro Ledo Arroyo Torres: “Sé perfectamente que estoy caminando por el pretil de la azotea”.