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    La verdad de la milanesa

    Tiene, la milanesa, muchas bondades. Una de ellas es la verdad. Y la verdad de la milanesa es que si García Márquez y Vargas Llosa y todos los que convirtieron las letras Latinoamericanas en una gloria de la escritura del siglo XX hubieran esperado unos años más, el Premio Nobel de Literatura le hubiera sido entregado a Hugo Chávez o a su descendiente Nicolás Maduro.

    Tiene razón la milanesa, pues comparado con un presidente que sostiene recibir indicaciones de su antecesor a través de un pajarito, Aureliano Buendía habría quedado como una figura opaca, totalmente intrascendente.

    ¿Y qué habría sido de cualquiera de los Arcadio Buendía frente al autor del libro Huevadas, que contiene una larga serie de máximas de Evo Morales? ¿Y qué de la pobre Úrsula frente a Cristina de Kirchner, a quien le alcanza una hora de twitters para desmoronar la arquitectura literaria de Vargas Llosa? ¿Y qué podría aportar Mauricio Babilonia frente a un Kicillof que explica que, a diferencia de Argentina, Estados Unidos no tiene problemas pues su economía está dolarizada? Los yanquis se empeñan en mantener el 1 a 1, como quien dice…

    Creo haber señalado en este espacio el discurso de Chávez en el cual aseguró que él sabía que en Marte había existido vida (se puede ver en YouTube). No satisfecho con esa revelación más grande que la existencia del Nuevo Mundo, Chávez completó la idea con la siguiente frase: “Pero luego llegó allí el capitalismo”... y se acabó la civilización. Los de la NASA, petrificados. Pero bueno, es problema de ellos si no saben usar mejor los miles de millones de dólares que les asigna el gobierno de Estados Unidos.

    Lo que a mí me interesa es: ¿en qué libro de García Márquez hay algo tan, pero tan descabellado?

    Chávez se murió y Evo, en un acto de solidaridad con su amigo y benefactor, pasó a cuarteles de invierno y dejó de opinar sobre cosas tales como la relación entre la ingesta de carne de pollo y el aumento de la homosexualidad o el abuso de la lectura con la caída del cabello.

    Pero apenas empezaba el continente a respirar un poquito de realismo (tampoco hay que exagerar) llegó Nicolás, que es la mayor contradicción que se puede pedir de una persona con su apellido, y empezó a diseminar nuevas locuras. Que recibía las indicaciones por parte de un pajarico, que cuando tenía que tomar decisiones importantes se iba a dormir a la tumba de Chávez, que de tanto en tanto aparecían en las plazas de trabajo de Venezuela (o sea: en las que aún quedan) imágenes de Chávez diciéndoles a los trabajadores que la lucha continúa.

    Dicen los que saben que Maduro es peor gobernante que Chávez, lo cual no es poco decir. Dicen que no tiene el carisma del comandante. Que no canta tan bien (aunque yo lo he visto cantar llaneras y no noto diferencia con los profesionales). Que no despierta la misma devoción.

    Lo que pasa es que Maduro recién llegó y no está del todo maduro aún. Hay que darle tiempo. Pero a mí me parece que a pesar de lo poco que lleva durmiendo en la tumba de Chávez y charlando con el pajarito, ya se ha ganado un puesto importantísimo en el género surrealista. A Chávez nunca se le ocurrió crear el Ministerio de la Suprema Felicidad. Por ejemplo. Ni aumentar la cantidad de ministerios y secretarías y subsecretarías a una cifra tan grande que a este paso la desocupación en Venezuela pronto será totalmente abolida.

    Hace décadas, Les Luthiers se llenó de plata con un disco en el cual se parodiaba a un gobierno militar cuyo ministro de Cultura se llamaba Anastasio López. Fue divertido en su momento, aunque hoy nadie entienda por qué. Pero Maduro puso al teniente Jesse Chacón, que sí es divertido, al frente de la secretaría de Energía Eléctrica. El apagón es inminente.

    Chávez se había puesto muy católico y creyente en sus últimos tiempos. Le rezaba cada vez más a la Virgen. Pero lo suyo era ortodoxia y tradición, muy conservador: manos cruzadas apretando un crucifijo y cara de circunstancias. Maduro, por el contrario, ya ha iniciado una radical revisión del mensaje cristiano. No en vano dijo que Jesús había multiplicado los penes. Luego se retractó y sostuvo que había querido decir peces y panes, y de impetuoso juntó ambas cosas y le salió penes. Pero bueno: nos hizo igualmente pensar a todos en que quizás el verdadero objetivo de Jesús hubiera sido ese, y no el de los panes. Digo.

    Últimamente, Maduro ha subido un cambio. Entre todas las novedades que presentó, hay un banco militar (una verdadera originalidad aquí y en Marte) y un canal de TV militar, con noticias verdes. Verde oliva.

    Como no podría ser de otra manera, uno de los programas de este canal de TV ofrece nuevas perspectivas culinarias. Se llama (y es verdad) Cocinando con la tropa. Me pregunto si revuelven las cacerolas con las bayonetas. Quizás, el cabo primero encargado del programa diga: “Hoy, queridos subordinados, vamos a hacer un delicioso guiso de chumbo”.

    La milanesa tiene razón: para estos no hay premios Nobel que alcancen. Ni medicamentos tampoco.