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Los primeros compases de la canción tienen un aire new wave: un bajo nítido, un beat de batería simple y un puñado de teclados haciendo de las suyas. Quizá sea esto lo que entusiasmó al sello o quizá la voz superparticular del cantante, con lejanos aires de David Bowie. Lo cierto es que aunque la banda no tenía demasiada relación con el entonces naciente subgénero, su discográfica decidió venderlos como una nueva versión de Duran Duran. La canción es It’s My Life y la decisión del sello EMI fue el inicio del despegue de Talk Talk. También marcó el inicio del conflicto que al cabo de los años terminaría alejando de la música a su cantante, Mark Hollis, un artista de gran influencia en el mundo del rock en las últimas tres décadas, y uno de los pioneros del llamado postrock, quien murió el lunes 25 de febrero, a los 64 años de edad.
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En 1984, no hacía falta ser un lince para darse cuenta de que la estrategia del sello no tenía muchas posibilidades de prosperar: la música de Talk Talk ya señalaba otros rumbos y no había tendencia o moda que la pudiera capturar, civilizar y volver digerible para las masas. Allí donde los videos de Simon Le Bon y los suyos mostraban un grupo de decididos galanes, con pantalones baggys e inmensos jopos sostenidos con Studio Line de L’Oreal, en el video de It’s My Life, el primer single realmente popular de Talk Talk, se veían escenas documentales de animales salvajes, una animación sobreimpresa que jugueteaba en movimiento y un Hollis que apenas podía contener una tímida risa frente a cámara.
La historia de Talk Talk había comenzado en 1982 con el single Mirror Man, una canción popera y triste, dominada por los sintetizadores. El tema no fue un éxito, pero pavimentó el camino para que el segundo single, Talk Talk, mostrara una veta oscura y hasta bailable, en línea con bandas como Human League y, hasta cierto punto, los mencionados Duran Duran. Finalmente, en junio de 1982, Talk Talk lanzó su disco debut, The Party’s Over.
Dos años más tarde, en el instante que reseña el arranque de esta nota, la banda estaba lanzando It’s My Life y el single homónimo. La tibieza que había provocado The Party’s Over fue sustituida por el éxito instantáneo del single, seguido por dos sencillos más: Dum Dum Girl y Such a Shame. Las tres se destacaban en un disco sin relleno, como canciones accesibles y al mismo tiempo elegantes y oscuras, sin la menor concesión a los tonos pastel que marcaban la tendencia new romantic de entonces. Hollis comenzaba a destacarse como compositor (como cantante ya había resultado único y llamativo desde el primer disco). La música podía sonar synthpop, pero las canciones no lo eran. Ese algo más que luego caracterizaría a la banda y a Hollis ya asomaba en este disco.
Tan es así que para cuando salió The Colour of Spring, en 1986, el grupo ya estaba en las antípodas de cualquier referencia new romantic o synthpop. Y que pese a la creciente peculiaridad de su sonido, sería ese el disco que los volvería un éxito absoluto en el Reino Unido. Allí los sintetizadores dejan su lugar a las guitarras, los órganos y a un estilo de composición que maneja de manera magistral las dinámicas, los espacios y la morosidad, a la hora de crear climas y paisajes musicales ajenos al pop. Como en todos los discos, la portada fue del artista inglés James Marsh. Eso sí, la formidable voz de Hollis y sus letras, sutiles y ambiguas, son las claves que definen el álbum.
De la mano de grandes canciones como Life is What You Make It, The Colour of Spring superó los dos millones de copias en todo el mundo y ese éxito permitió ampliar su personal de gira, con dos percusionistas, un guitarrista, dos tecladistas y un armonicista. Esta alineación extendida es la que se puede ver en el excelente concierto que el grupo dio en el Festival de Jazz de Montreux en 1986, disponible en YouTube. El aumento de presupuesto permitió a Hollis experimentar como nunca antes para el siguiente disco.
Durante esa grabación, la relación entre el grupo y EMI había comenzado a deteriorarse. Cuando Hollis envió una maqueta con parte del futuro material, el sello no se mostró nada entusiasmado, dudando de sus posibilidades comerciales. No era para menos: Hollis citaba como influencias a artistas de jazz como John Coltrane o Miles Davis y a compositores como Bela Bartok. Pocas cosas podían estar mas lejos del pop de sintetizadores.
Sin embargo, Talk Talk grabaría de todos modos otro disco para EMI: Spirit of Eden, editado en 1990, que surgió de cientos de horas de improvisación instrumental luego editadas digitalmente por Hollis y su socio principal en la composición, Tim Friese-Greene. La prensa musical de la época se cebó en juicios negativos sobre el disco: que era pretencioso, que se creían músicos experimentales, que esa música alejaba a los oyentes. El tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar y hoy Spirit of Eden es considerado uno de los discos fundacionales del postrock y uno de los discos más influyentes en la música que vino después, clave en el sonido de artistas como Mogwai, Radiohead y Low, entre otros.
El material era imposible de reproducir en vivo y la banda no tenía planes para salir de gira, por lo que el marketing se limitó a un video del single I Believe in You, considerado “un error mayúsculo” por Hollis. Después de esto, el grupo logró liberarse de EMI, no sin antes ser demandados —sin éxito— por el sello.
Tras la ruptura, EMI lanzó una recopilación, Natural History, que vendería más de un millón de copias en todo el mundo. En 1991, Hollis y los suyos lanzaron Laughing Stock, su último disco. Como su predecesor, fue resultado de cientos de horas de experimentación e improvisación en el estudio. Las seis canciones funcionan como partes del rico y amplio fresco musical que es el disco. Influencias de la música abstracta, de la exploración compositiva de Debussy y del free jazz marcan un álbum en las antípodas del pop de la época. Actualmente, Laughing Stock es considerado el disco inaugural, y uno de los mejores, del postrock.
Unos años mas tarde, en 1998, Hollis lanzaría un estupendo y homónimo trabajo solista que extendía el delicado experimento de Laughing Stock, profundizando en el papel del silencio como clave de la composición. Luego Hollis se borró del mundo musical y se dedicó por entero a su familia. “Tal vez otros sean capaces de hacerlo, pero no puedo salir de gira y ser un buen padre al mismo tiempo”, decía en una entrevista en 1998. El 25 de febrero Hollis falleció tras no lograr recuperarse de “una breve enfermedad”, según reportaron las agencias de noticias. Tal como señala el periodista inglés Alan McGee, la historia de Hollis es la de “un hombre contra el sistema, intentando mantener el control creativo”. Viendo sus maravillosos resultados, solo resta agradecer esa terca y sublime intransigencia artística. Y lamentarse por ese ansiado nuevo disco que ya no llegará.