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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNuevamente el Torneo Clausura empezó con problemas en las tribunas durante un partido.
El por qué, no lo vamos a poder entender nunca. El salvajismo con el cual se vio a la “hinchada” de Cerro atacar impunemente a la policía durante el transcurso del juego nos da la pauta de que a esta gente claramente no le importa el futuro deportivo de su club.
Pero no son los primeros, ni serán los últimos… porque la violencia desatada en este partido es fruto de la inconciencia de esta gente que encuentra en un partido (que ni siquiera juegan o tienen algo directamente, ya que seguro que ninguno de ellos pone dinero en el club y me gustaría saber si son socios) pero que entienden que alentar desde la tribuna incluye agredir sin importar a quién, ni cómo y mucho menos aún pensar en las consecuencias que esto puede traer.
Desde la década del 90, cuando las peleas entre hinchadas se hicieron más comunes, justificadas simplemente en la estupidez humana y en “quién tiene más aguante” o “más muertos arriba”, conducta que hemos aprendido directamente de nuestros hermanos argentinos, las autoridades han dicho infinidad de “soluciones” de las cuales ninguna ha tenido suceso…, ¡ninguna!
Se ha intentado poner cámaras, se ha obligado a poner alambrados, se han quitado puntos, se han descendido cuadros (como en el básquetbol), se han dicho cosas… se ha hecho poco y, lo peor aún, se ha logrado nada.
Justificar la violencia de arrojarle una piedra a un oficial de la policía porque tu equipo está perdiendo en la cancha es tan mediocre como la sociedad en que vivimos. Esta gente (me niego a llamarlos hinchas) ha perdido códigos que antes eran tácitos en la jerga del fútbol, porque las peleas entre hinchadas existieron siempre, y siempre van a existir, porque ver una pelota rodar o picar, y entrar o no en un arco, genera una dosis de adrenalina en quienes lo observan que lo único que quieren es ganarle al que se enfrenta… Algunos, otros quieren matarlos, solamente porque piensan o sienten su “amor” por un cuadro distinto al de ellos.
La solución a este problema evidentemente entre la gente vinculada al fútbol uruguayo no la han encontrado. Se detienen personas a la salida de una tribuna donde hubo incidentes y son liberados a los dos días por falta de pruebas. Cámaras que se instalan pero que no tienen software de reconocimiento facial y por ende no podemos detenerlos. Me suena a falta de ganas de las personas que tienen que tener la mano firme para decidir el futuro de esos delincuentes.
Debemos de una vez por todas imitar ejemplos de países que han logrado eliminar a esta gente de sus estadios. Nadie me ha podido explicar por qué no se puede sentenciar que una persona que fue detenida en un acto violento en una tribuna se le impida ingresar a un evento deportivo. Es muy sencillo: si a un individuo se lo detiene por generar disturbios, que por dos años esa persona tenga que apersonarse en la seccional de su barrio durante horas antes y hasta horas después del partido de su equipo. Y si no se presenta se lo detiene… y va preso. Esto no es una simplificación del hecho de detener a una persona; simplemente es una idea que surge que estoy seguro que al detener y sentenciar a esto a unas 50/100 personas, el ejemplo estará claro entre sus pares y estaremos más cerca de erradicar a esta gente de las canchas.
¿Que la violencia en el futbol es reflejo de la sociedad? Sí, es cierto. Eso es así. La falta de respeto a la autoridad que se ve en estas nuevas generaciones es alarmante. Lo peor de todo es que no existe una vuelta atrás sin educación, sin ejemplos, y los ejemplos tienen que venir desde arriba, desde los gobernantes hasta las autoridades del fútbol, pasando por los clubes y lleguen a los hinchas.
Los que no pueden seguir pagando por esta gente son los socios, los hinchas de verdad, los hinchas de Peñarol que han perdido más de un campeonato y una interminable cantidad de puntos en los últimos 10 años o los propios hinchas de Nacional que se vieron privados de ver y alentar a su equipo en la última edición de la prelibertadores.
Es hora de que alguien tome una decisión fuerte en el ámbito político. Jugadores/técnicos/dirigentes/políticos, todos deben ponerse de acuerdo y luchar de una vez por todas y dejar de hablar. Busquemos soluciones en los países que han logrado eliminar a esta gente del fútbol. Pero algo es claro: debemos apuntar hacia Europa. Aquí, en América, la situación es incluso peor que la que vivimos nosotros.
Ojalá que este nuevo suceso permita de una vez por todas poner pienso en la situación y tomar decisiones a largo plazo.
Pablo Giz