Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa Constitución de 1919 estableció que “todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna” y “Reconoce a la Iglesia católica el dominio de todos los templos que hayan sido total o parcialmente construidos con fondos del erario nacional…”. Pese a que la Constitución ha sido modificada muchas veces en el siglo pasado, este artículo constitucional no ha sido tocado.
Este texto que determinó la separación de la Iglesia del Estado fue el comienzo de otro fenómeno, de carácter social, la laicidad. Es de destacar que por ej., la Constitución francesa, precedente a la nuestra, fue mucho más drástica en la enunciación de la separación, dice que: “La Republique ne reconnait… aucun culte”. Esta diferencia de tono entre ambas constituciones es debido al origen de ambas: la francesa surge de una revolución, mientras que el artículo constitucional uruguayo de 1919 surge de una negociación entre los grupos radicales con influencias jacobina y grupos moderados.
La laicidad en Uruguay tuvo unas características peculiares con respecto a otros países de América Latina y de la misma Francia. Mientras que en Francia, a pesar del radical enunciado constitucional, la laicidad fue negociándose y atemperándose con el tiempo, aquí en Uruguay ocurre el fenómeno inverso. La laicidad caló hondo en la sociedad durante gran parte del siglo XX. Pero además, en las últimas décadas podemos decir que surgen grupos que vuelven a cultivar la “laicidad intransigente”. Estos son élites de origen marxista y algunos batllistas aislados.
Es interesante apuntar que en el año 2005 el Dr. Tabaré Vázquez hizo un discurso en la sede de la Masonería uruguaya donde abrió la puerta para que entrara aire fresco en la doctrina dogmática de los laicistas intransigentes. El presidente dijo: “La laicidad no es empujar por un solo camino y esconder otros. La laicidad es mostrar todos los caminos y poner a disposición del individuo los elementos para que opte libre y responsablemente por el que prefiera”.
Lo cierto es que ha habido rebrotes de jacobinismo en las últimas décadas y así lo constatan diversos episodios en los cuales la intransigencia y la intolerancia de los laicistas (élites politizadas) han arremetido contra cualquier expresión de religiosidad en la sociedad y ni que hablar en las aulas públicas. Lo malo no es la confrontación de ideas sino que se discuta con los mismos argumentos de fines del siglo XIX y principios del XX. Se ha perdido un siglo de avances indiscutibles en el pensamiento de las iglesias cristianas, particularmente la católica. Esta ha incorporado en su magisterio muchas premisas de la ilustración (Concilio Vaticano II) y navega con prudencia, pero con decisión, en las procelosas aguas de los mares posmodernos.
El último episodio en Salto que determinó la separación del cargo y sumario en tiempo récord de la directora del liceo Nº 1, es un ejemplo meridianamente claro de la actuación de estos grupos de laicistas radicales que practican un jacobinismo a ultranza. La diputada Manuela Mutti tomó la denuncia de un grupo de estudiantes, que ni siquiera habían estado en la charla informativa, como verdadera, sin más. Y, por su parte, Secundaria actuó con una celeridad que no es habitual en otras circunstancias de violación flagrante de la laicidad como, por ej., cuando docentes de Secundaria leyeron un comunicado claramente político frente a alumnos liceales. ¿Cómo se explica esta diferencia de criterios?
Se argumenta que las madres mostraron folletos con imágenes religiosas y un muñeco que remeda un feto de temprana edad de gestación. Por otra parte, las madres desmienten esta versión y dicen que estos materiales fueron entregados luego de terminada la actividad a un grupo de estudiantes que se acercaron para requerir ampliación y material de algunos aspectos de la charla.
En fin, dejando de lado los aspectos folklóricos, este hecho merece algunas reflexiones un poco más profundas. Como dijimos más arriba, parece increíble que los resabios de jacobinismo no solo gocen de buena salud, sino que se radicalicen dentro de un partido que ofrece un medio de cultivo ideal para que el ominoso fascismo se despliegue. Recordemos que el jacobinismo fue una tendencia política radical que primero hizo una defensa a ultranza de las libertades democráticas, pero más tarde cuando asaltó el poder, arrogándose la voluntad y representación del pueblo, instauró el terrorismo de Estado. De manera que, actuando como supuesta vanguardia popular, pisoteó los principios democráticos y cortó cabezas con la misma guillotina de la revolución. ¡Atención, el espíritu de Robespierre anda caminando por los pasillos del Palacio Legislativo!
Pero existe otro ingrediente en este ataque furibundo a la libertad de madres preocupadas, no solo por la falta de educación sexual y reproductiva, sino por la ideología de género y otros contenidos opinables del programa de Secundaria: su condición de cristianas y, para colmo, católicas. Es obvio que ciertos sectores del FA anhelan un retorno a épocas donde las cosas estaban claras. Por un lado, el campo del socialismo real y por el otro lado, el mundo occidental y cristiano (y capitalista). Como se han quedado sin paradigma ideológico (ya hasta Cuba coquetea con el Imperio) la estrategia es sembrar la semilla amarga del relativismo que destruye las referencias morales. Aspiran, al decir de Friederich Nietzsche, al “untergang”, o sea, el hundimiento, la decandencia, la destrucción de la sociedad, o mejor dicho de los valores cristianos de la sociedad, para llegar a lo que Spengler tituló “Der Untergang des Abenlandes” (La decadencia de Occidente).
Por eso destacamos que, en el error o en el acierto, esas madres aportaron insumos para la discusión de una utopía uruguaya: un Estado que, dentro de una laicidad aggiornada, permita manifestar públicamente la paleta de opiniones de la sociedad. Por otra parte, es reconfortante, ante las miserias de ciertos actores políticos y sociales que debemos soportar a diario, la actitud heroica de la directora Diana Lucero, que, remando contra lo políticamente correcto, ¡y arriesgando su cargo!, nos dio una lección de civismo y tolerancia.
Dr. Francisco E. Estevez Carrizo
CI 1.291.111-8