En la misma línea, el asesor económico de la Cámara de Industrias (CIU), Sebastián Pérez, dijo a Búsqueda que el sector tiene un “parque de maquinarias que es aproximadamente 50% superior al de hace solo cinco años atrás, sin contar las inversiones manufactureras en zonas francas”.
Pero advirtió que “aun así, uno no puede pensar que esa inversión generará importantes fuentes de innovación en Uruguay”. Señaló que si bien la incorporación de nuevas tencologías “no deja de ser una contribución muy importante para el desarrollo industrial, los resultados vinculados a la innovación posiblemente sigan siendo relativamente magros”.
Existe relativo consenso entre los expertos en cuanto a que asocian la innovación productiva con el potencial de crecimiento y desarrollo de las economías.
Para la región en general, la brecha en productividad respecto de los países desarrollados es un problema persistente y la región necesita elevar su inversión para lograr cerrarla, sostiene la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en un estudio publicado a fines de 2011. Al comparar la dinámica de la productividad del sector industrial latinoamericano con la de Estados Unidos se comprueba que la brecha con la frontera tecnológica no solo no se cierra, sino que en los últimos años se amplía. Esto es atribuible a que, por un lado, la productividad laboral en la región ha crecido a una tasa del 2% anual entre 2003 y 2007 y, por el otro, a que en ese país lo hizo a un ritmo de entre 3% a 5% anual a partir de mediados de los años noventa, sobre todo por los cambios y la modernización en los procesos de producción.
Resultados.
El universo de estudio de la encuesta de la ANII fueron las empresas con al menos cinco personas ocupadas cuya actividad principal correspondía a la industrial. La muestra “de cobertura territorial nacional” fue de aproximadamente 2.400 firmas.
Entre las “actividades de innovación” consideradas y definidas en los resultados de la encuesta están aquellos trabajos “creativos” realizados en la empresa de “forma sistemática” que persiguen aumentar el conocimiento y usarlo para desarrollar nuevas aplicaciones, bienes, servicios o procesos “significativamente mejorados”. También se incluye la adquisición de máquinas y equipos destinados a introducir “cambios, mejoras y o innovaciones en productos, procesos, técnicas organizacionales y/o de comercialización”.
El concepto abarca además el diseño industrial, la implementación de modelos de organización que cambien la estructura de la empresa, la capacitación del personal en tecnología o en gestión, la adquisición de licencias, marcas, software, know-how, asistencia técnica, consultorías y servicios científicos, etcétera, siempre con el fin de introducir cambios y mejoras en la actividad productiva.
El comportamiento innovador de las empresas puede clasificarse en cuatro tipos: en producto, en proceso, en organización y en comercialización.
La encuesta de la ANII reveló que 31,5% de las industrias introdujo al menos una actividad de innovación: 16% para la empresa en sí misma, 14% para el mercado local y 1,5% para el mercado internacional.
Esos resultados no distan mucho de la realidad que pautaron las encuestas de 2000 y de 2006.
Por su tipo, se destaca la “innovación en procesos” (24,5%), seguida por la “innovación solo tecnológica” (20%), y en tercer lugar por la “innovación en productos” (17,2%), entre otras tipologías con menor participación.
Cuando se indaga en cuáles fueron las actividades innovativas que la industria manufacturera desarrolló en el período 2007-2009 se observa que la adquisición de bienes de capital fue la principal, seguida por la capacitación de los recursos humanos, la investigación y desarrollo a nivel de la empresa, la adquisición de tecnologías de la información y comunicación (TIC), el diseño industrial, la transferencia de tecnología y consultorías, entre otras.
Por ramas industriales, se destaca la incorporación de innovaciones de “Fabricación de productos informáticos, electrónicos y ópitcos”, “Encuadernación, impresión y reproducción de grabaciones”, “Fabricación de maquinaria y equipo”, “Celulosa, papel y artículos de papel” y “Productos químicos”, surge de la encuesta.
Estas ramas son básicamente las mismas que más innovaban según el anterior sondeo, y tienen un peso escaso en términos relativos en la estructura fabril del país.
En general, la industria sigue dependiendo para realizar actividades de innovación de los recursos propios. En 2009, el 78% de los fondos para financiarlas se basaron en la “reinversión” de utilidades y el aporte de los socios. Asimismo, el 11% de las empresas innovativas recibieron apoyo del Estado para ese fin, por U$S 12,3 millones.
Por otra parte, el sector industrial en general sigue teniendo una porción reducida de procesos y productos certificados por normas de calidad internacionales, así como son muy pocas las que protegen la propiedad intelectual de sus invenciones, diseños, marcas, etcétera.
El director de la División de Desarrollo Productivo y Empresarial de la Cepal, Mario Cimoli, destacó a Búsqueda la importancia del “diseño” en la industria con miras a innovar.
“Antes en la industria hacías un molde, construías una pieza y la fundías. Todo eso se va a diseñar vía web y se imprime en 3D”, ilustró. Y añadió: “No hay que esperar a que la estructura productiva de Estados Unidos lo adopte antes, hay que empezar a probarlo, a tener a la gente capacitada. El gobierno tiene que dar un impulso”.
¿Por qué?
La semana pasada el ministro de Industria, Roberto Kreimerman, participó de una mesa redonda con motivo de la inauguración del Parque Científico Tecnológico de Pando.
Allí destacó la importancia de la innovación para lograr “romper el cuello de botella” que implica crecer solo en base a las ventajas naturales, según un comunicado difundido por la secretaría de Estado el martes 16.
Advirtió que Uruguay no avanzará más “si no explota el conocimiento de sus habitantes. (...) Hemos hecho, nos ha faltado, pero lo estamos reforzando”, agregó el jerarca.
Entre los principales factores señalados por los industriales como “obstáculos” a la innovación están, según la encuesta, el reducido tamaño del mercado, el período de retorno de la inversión y la escasez de personal capacitado.
Sobre este asunto, Bittencourt señaló que “hay un problema de rentabilidad de la innovación estrictamente”, puesto que con el actual ciclo de altos precios de los commodities los incentivos a innovar son menores y el empresario no se siente tan presionado a tomar ese riesgo, en el entendido que las empresas no han visto la necesidad de buscar competir en mercados de bienes diferenciados, con más incorporación de tecnología y conocimiento.
Eso en parte también explica por qué los empresarios señalan menos que antes el acceso al financiamiento y el clima macroeconómico como obstáculos para la innovación, pues siguen orientándose a aprovechar las ventajas competitivas naturales en un contexto que les resulta favorable para dicha estrategia, analizó ese economista.
Pérez apuntó que las condiciones competitivas del país todavía no han permitido explotar el potencial de las inversiones realizadas en el sector industrial a su máxima capacidad.
Ese asesor empresarial añadió que “otro elemento” que “no permite esperar grandes cambios en materia de innovación es la falta de profesionales y técnicos calificados”.
La evaluación y análisis de la última encuesta aun no fueron divulgados por la ANII.