La situación de las malezas en Uruguay “no tiene nada que ver” si se la compara con la de Argentina, evaluó la especialista de la Facultad de Agronomía, Grisel Fernández, pero enseguida advirtió que es como una “espada de Damocles, y “queda poco tiempo para prepararse”. La maleza Conyza bonaerensis, más conocida como “carnicera”, es la que tiene más presencia en las praderas uruguayas (ver recuadro). “Sería hermoso no llegar a esos niveles de invasión que llegamos con la `carnicera´, pero eso depende de que, efectivamente, lo que estamos pensando como estrategia de prevención funcione”, señaló la especialista.
“La realidad que todo lo que hay que hacer como medida preventiva, tiene más costo y es más complicado. Y eso son cosas que el productor rechaza”, observó. Sin embargo, si se invierte en prevención, en el largo plazo, la ecuación es favorable. “Hay que ponerle mucho número al futuro, para poder ser convincente”, recomendó.
La forma de evitar que las malezas avancen como en Argentina, indicó Lanfranconi, es planificar antes que comience la “vorágine” de la siembra y la cosecha, cuando, por diferentes motivos, es imposible reparar en ciertos aspectos por la necesidad de “accionar con poco tiempo” y “poca reflexión”. “Entonces, creo que hace falta ese proceso educativo para que el productor cambie y se dé cuenta que dos plantas es un problema», reflexionó.
La cantidad de semillas que dejan los distintos tipos de malezas es una cuestión fundamental, agregó. Es distinto si la planta deja 10.000 semillas o 300.000, que es “mucho más complicado” de erradicar. “El productor debe de razonar cuál es el enemigo que tiene (...) con cuál puede dejar de pelear y con cuál no. O sea, dejar una planta de Amaranthus es un dolor de cabeza”, ejemplificó. Para esta maleza, subrayó, la tolerancia debe de ser “cero”, porque si el productor se “toma una licencia” y “pestañea”, cuando se quiera acordar, le va a ser imposible trabajar en su campo.
“Volver a los 80´”
Como forma de prevención el técnico argentino sugirió “volver a los 80´”. Parte de estas prácticas, recordó, implican limpiar la trilladora, el alambrado y los límites del campo. “Todo esto lo estamos volviendo a recomendar como si fuese una gran novedad”, dijo, pero reconoció que a los productores “todavía” les parece una “pérdida de tiempo” volver a realizar estas tareas. “Todavía les parece que si tengo 100 plantas de (maleza) Amaranthus en 500 hectáreas, la trillo y el rendimiento no se pierde”, pero en lugar de eso “lo que se pierde es el campo en tres años”, alertó.
Lanfranconi sugirió a los productores tomar el ejemplo del sur de Estados Unidos —donde sí se toman estas precauciones— “para que aprendan”.
La situación es “grave”, y en los próximos años va a estar “peor”. “El proceso de adopción de prevención lleva tiempo. Creo que nos va a pasar por arriba”, vaticinó para su país el especialista.
“Tuvimos la oportunidad de manejar campos a 1.000 kilómetros de distancia con un celular». “Esa simplificación en el sistema hizo al mundo mucho más complejo” y “la consecuencia de ese abuso es lo que estamos pagando hoy”, lamentó.
Otro aspecto fundamental para prevenir la invasión de malezas en los campos, señalaron los especialistas, es la de “rotar” los herbicidas. Pero sobretodo “mezclarlos”, enfatizó Fernández. Y agregó que también es “importante” utilizar dosis “adecuadas” para que sea realmente efectivo. “Hay que ensayar alternativas pasadas, que las habíamos abandonado, y otras que están en el mercado”, dijo. Algunos herbicidas, como los preemergentes, son muy “quisquillosos“, y para que funcionen hay que utilizarlos en fecha, acotó Lanfranconi.
Por otro lado, añadió Fernández, cada productor debe aprender cómo aplicar los herbicidas según las particularidades de su campo y tener en cuenta aspectos como el tipo de suelo y el clima. «Todo eso implica variación y conlleva capacitación”, reflexionó . Y alertó: «no hay mucho tiempo para cambiar estas cosas», visto lo que sucede en Argentina, «deberíamos tener una capacidad de reacción urgente».
Agrónomos insuficientes
Todos los disertantes que participaron de la conferencia coincidieron en que es inviable trabajar de forma eficiente con la cantidad de personal que existe actualmente en los establecimientos rurales. “No podemos seguir pretendiendo que un técnico maneje 5.000 hectáreas”, criticó la ex técnico del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria, Amalia Ríos.
El agrónomo y asesor privado, Santiago Arana, coincidió en este último punto. Reivindicó que “las decisiones” se “terminan tomando en el campo”, y sostuvo que la solución para las malezas y otros problemas que surgen está en “poner más gente con hectáreas”. Si no, es inviable que se “reconozca si hay algún manchón (de malezas) en algún lado, o se reconozco que hay problemas de (malezas del tipo conocido como) Ryegrass cuando se ve las plantitas aisladas”, apuntó. Y remató: “Hay que cambiar la cabeza, capaz que invertir menos en herbicidas y más en horas hombres”.
Argentina y el surgimiento de la “resistencia”
En Argentina, debido al uso de herbicida sin un plan de prevención, las malezas que están tratando de combatir han generado o están por generar resistencia contra esos productos. Luego de este punto, los herbicidas pierden efectividad. “Creo que para Argentina tenemos tres malezas que van a mostrar las uñas”, dijo. Una de ellas es la “carnicera”, señaló el especialista y técnico argentino del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Córdoba, Luis Lanfranconi
“El esfuerzo que se está haciendo no es para detener la resistencia, sino para demorarla (...) Cuanto mejor se hagan las cosas, más se demorará el proceso”, dijo, y proyectó que, durante ese tiempo, posiblemente aparezca “alguna respuesta” desde la bio-tecnología
El rápido avance de la “carnicera”
“La problemática (de las malezas) ya está instalada” en Uruguay, “pero puede ser mucho peor en el futuro”, diagnosticó el técnico de Bayer, Roberto Fontaina. Según los datos que manejó este agrónomo de la sucursal de la empresa en Uruguay, la maleza que más afecta los campos es la maleza Conyza bonaerensis, llamada «carnicera». Este yuyo afecta a 1,7 millones de hectáreas. En segundo lugar se encuentra el «pasto blanco», con 1,2 millones de hectáreas. A este le siguen Ryegrass, cuya presencia abarca 1 millón de hectáreas, y Balango, con 828.000 hectáreas. El resto tiene una incidencia menor, aunque juntas superan las 2,7 millones de hectáreas.
La especialista en el tema de la Facultad de Agronomía, Grisel Fernández, , recordó que cuando hace cuatro años se les preguntaba a los productores si tenían «problemas» con la maleza «carnicera», estos les respondían que no. Después de ese tiempo, sin embargo, observó, que se les «llenó» el campo con ese yuyo. «No existen casi registro de esas invasiones» que fueron «muy rápidas», dijo, y alertó sobre la posibilidad que aparezcan otras especies más problemáticas, como la Amaranthus, a la que calificó como un «monstruo». De todas maneras reconoció que «se han visto poco», pero que, de todas maneras, se «vienen otras» y hay que tener «cuidado».
Fernández destacó los «esfuerzos» que se hacen tanto desde la academia como desde el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (Inia) para avanzar en soluciones para este tipo de problemas. En la Facultad de Agronomía se intenta que los estudiantes, con sus proyectos curriculares, sbusquen resolver a través de la investigación las situaciones prácticas que aparecen en el campo.
Para la ex investigadora del Inia, Amalia Ríos, la maleza «carnicera» es la «más complicada» de erradicar. La aplicación del herbicida glifosato —usualmente utilizado para combatir esta maleza— dejó de ser parcialmente un respuesta para su combate por la «resistencia» que este yuyo ha generado al producto. «Tenemos que pensar que, si no lo cuidamos, es un herbicida en extinción», dijo. Pero, de todas maneras, destacó que sigue siendo «fundamental». «Tenemos que preservarlo y utilizarlo en esos nichitos donde no tenemos más remedio que usarlo (...) y buscar otros mecanismos de acción», instó. Para ser efectivos en el combate, dijo, que hay que comenzar a trabajar en julio. «Controlemos los focos de semillas que caen al suelo», insistió.
El agrónomo y asesor privado, Santiago Arana ,valoró que el uso de glifosato «mató a las malezas, pero también a la agronomía”. Con la maleza “es como querer agarrar agua con la mano, se te escapa” y si no se comienza a «controlar» la «Carnicera» desde setiembre, luego, la situación se vuelve difícil de solucionar, advirtió.