Sr. Director:
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáResulta que, con la mayor educación y respeto, el doctor Rodríguez Puppo señala que le da pena que en Memoria, Verdad y Justicia, Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos no incluyan a los asesinados por los guerrilleros. Y a continuación hace mención a Carlos Burgueño, el cual fue alcanzado por un proyectil, cuando los tupamaros tomaron la ciudad de Pando, un 8 de octubre de 1969, y la señora que quedó inválida por alcanzarle las bombas que tiraron en el bowling de Carrasco, el 28 de setiembre de 1970. Añadió, el doctor, que para él, las muertes son todas iguales.
El Sr. Errandonea en una actitud acalorada y alzando su voz de una manera desmesurada, totalmente intempestiva y fuera de lugar, expresó que para él eran muertes distintas. Agregando que los muertos por la guerrilla se sabe dónde están y sus familiares pueden ir a visitar sus tumbas, mientras que los detenidos desaparecidos no se sabe dónde están.
Lo escrito por mí no es textual, pero el sentido de la discusión y la conducta ofrecida por uno y otro considero no difiere del pensamiento de ellos.
En mi opinión, está clarísimo que las muertes no son iguales, como tampoco las vidas.
El Sr. Carlos Burgueño murió en democracia y, por culpa exclusiva de los cobardes tupamaros, su hijo no pudo conocer a su padre, ¡Casi nada! Y la Sra. que estaba trabajando en el bowling ¡también en democracia!, quedó discapacitada y murió después por las heridas recibidas. De mi parte, incluyo al peón rural de Pan de Azúcar, don Ramón Pascasio Baéz Mena, quien fue asesinado el 21 de diciembre de 1971, también en democracia; y su cuerpo exhumado el 21 de junio de 1972. Y ¿qué pasó con su asesino? El muy “guapito” Ismael Fernando Bassini Campiglia, alias Falucho, el cual le suministró la inyección de pentotal que terminó con su vida. El citado asesino obtuvo el título de médico, otorgado por la Universidad de la República y utilizó sus conocimientos de medicina para matarlo (conocimientos que todos nosotros pagamos, porque estudiaba en la Udelar), ejerció la profesión que deshonró y avergonzó con su asesinato, durante años en el Hospital de Clínicas. Y, no solo eso, en el segundo gobierno de Tabaré Vázquez fue designado director.
Por tanto, no estoy de acuerdo con el panelista, abogado Rodriguez Puppo, porque, para mí, tanto las muertes como las vidas no son iguales. El peón rural, don Ramón Pascasio Baéz Mena, asesinado no es igual que su asesino, el Falucho.
Tampoco la muerte de Carlos Burgueño es igual que la muerte de Juan Pablo Errandonea Salvia, anarquista de la FAU, de la resistencia obrero estudiantel ROE y fundador del PVP.
“Las cosas claras y el chocolate espeso”.
Saludo al Sr. Director.
Esteban G. Los Santos
CI 956.521-7