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    Las respuestas al descontento FA

    N° 1898 - 22 al 28 de Diciembre de 2016

    Hace un buen tiempo que las encuestas registran un apreciable descenso en el nivel de adhe­sión al Frente Amplio con relación a su votación (48%) de la última elección nacional. Es un dato que confirma un sentimiento de desencanto, cuando no de enojo, que expresan de diversa forma militantes y votantes de la coalición.

    Muchos de ellos se sienten golpeados por hechos o decisiones que les cuesta entender, que no comparten y que por tanto no pueden ni quieren defender. Se trata de hechos y decisiones que contravienen ideales, principios éticos y morales que siempre consideraron parte del ADN de la izquierda, que “hacían la diferencia” con los partidos tradicionales.

    A casi tres años de la próxima elección nacional es imposible pronosticar cómo evolucionará este sentimiento en la familia frentista. Un sentimiento que no es nuevo, que ya se percibió durante el ciclo electoral del 2014 aunque finalmente se manifestara mínimamente en las urnas. Pero que se ha acentuado a medida que ha ido quedando en evidencia el descontrol, la improvisación, la ineficacia y los malos resultados de la “administración Mujica”. Una realidad que la retórica, el habitual palabrerío envolvente del ex presidente, no puede ocultar. Que no puede obviarse cuando lo emocional da paso a la razón.

    Quizás el hecho más impactante de esta situación ha sido la disidencia del diputado Gonzalo Mujica al desacatar la decisión de la bancada del FA y acompañar con su voto a la oposición en el pedido de investigar los negocios con Venezuela y la construcción de la planta regasificadora, seguido del anuncio de que no votará el proyecto del Poder Ejecutivo que crea un impuesto a las pasividades militares. Si bien dijo que no se siente fuera del FA, anunció que en el futuro procederá según el dictado de su conciencia. El Frente Amplio tomó nota de ello, y asumió la pérdida de la mayoría propia en la Cámara Baja.

    El diputado Mujica no es la única voz que ha expresado disconformidad. En las últimas semanas los medios han informado de actitudes críticas de militantes que han comenzado a reunirse por fuera de la estructura orgánica. Evalúan la situación, procuran entendimientos y coordinar algún tipo de acción. El desencanto no surgió de un día para el otro. Pero parece haber hecho eclosión en los últimos meses al trascender las irracionales inversiones de Ancap, el descontrol en sus gastos, el sobredimensionado proyecto de la regasificadora y, la frutilla de la torta, el falso título de licenciado del vicepresidente Raúl Sendic. Pero la pérdida de la ilusión, la pérdida del entusiasmo, venía de antes y tenía un origen multicausal. La pérdida de la inocencia ha sido el choque de las expectativas e ilusiones generadas frente a la realidad pura y dura.

    Uno de los críticos más “lanzados” ha sido Esteban Valenti, hoy sin casa de acogida y sin incidencia en los sectores y dirigencias “moderadas”. En reciente entrevista en Radio El Espectador, Valenti dijo que miles de frenteamplistas sienten que tienen “un problema de identidad” porque consideran que “se ha cambiado la esencia misma” del Frente Amplio, hecho que atribuyó a un “proyecto de colonización” del FA ejecutado por el MPP, en alianza con el Partido Comunista, y que no fue enfrentado por otras fuerzas frentistas. Como consecuencia de ello, agregó, hubo una pérdida de equilibrios internos. Responsabilizó también a “minorías sumisas” que aceptaron hacer a un lado el principio fundacional que requería tomar decisiones por consenso quedando prisioneras de fuerzas de mayor organización, disciplina y militancia. El FA, afirmó, tiene hoy una estructura “piramidal” y “antidemocrática”, “cada vez más alejada de la gente” y vertebrada para asegurar el dominio de determinada visión de la política, del gobierno y del propio partido político. Dicho lo cual concluyó que no existen posibilidades de modificar esta situación desde adentro.

    Pues bien, si eso es así, cabe preguntarse: ¿a qué apunta Valenti? ¿A canalizar la disconformidad y la desilusión de quienes siguen siendo ideológicamente frentistas? ¿Hacia dónde?

    Hace bastante tiempo que desde las filas “moderadas” se considera que el peso de la militancia radicalizada en los órganos decisorios del FA no refleja la opinión de la mayoría de los votantes frenteamplistas. En diciembre de 2008, apenas concluido el Congreso que oficializó la precandidatura presidencial de Mujica (71,5% de los votos) y que desairó a Astori (23,7%), tercero, detrás de Marcos Carámbula (42,5%) y superando apenas a Daniel Martínez (21,6%) y a Enrique Rubio (17,1%), el hoy titular de Economía sostuvo que lo resuelto “no representa al pueblo frenteamplista”. Poco después sugirió la necesidad de revisar la integración de los órganos de gobierno del FA. Pero no fue más allá de eso.

    La reacción en las redes sociales a quienes tomaron distancia era más que previsible. Hubo tímidos y medidos apoyos. Pero más furibundos cuestionamientos y agravios del más puro estalinismo (o macartismo de izquierda).

    También ocurrió el pase de Mujica, el diputado, al Tribunal de Disciplina Política para hacerle sentir el rigor de la condena del militante “vamo’ arriba”, seguida de intentos de diálogo para recomponer la relación, evitar la fractura y recuperar la mayoría en Diputados.

    Desde la orgánica ha habido dos movidas para reducir el impacto político de los disconformes-desilusionados-indignados.

    Para evitar futuras deserciones, el ex intendente de Maldonado y actual diputado Oscar de los Santos (Alianza Progresista, Frente Líber Seregni) propuso acordar “un nuevo pacto político”, “similar al que en 1994 dio vida al Encuentro Progresista”. Un pacto que debería tener “un programa común”.

    “Hay que darle un marco institucional a esa diversidad que empieza a manifestarse en distintas cuestiones. Creo que esa es la única forma” de resolver las diferencias y de crear “una organización política de nuevo tipo que contenga el patrimonio y la historia del Frente Amplio y el patrimonio y la historia de sectores progresistas que se sienten identificados con el Frente” (“El Observador”, 12/12/2016)

    “Tenemos que ponerles un marco institucional político a las situaciones que se nos están presentando para poder resolverlas en forma distinta” al sometimiento a tribunales disciplinarios. Aceptar las diferencias, no perseguirlas, agregó.

    La otra propuesta procura enfrentar el descontento y la disconformidad, revitalizar una militancia alicaída y desmotivada, apelando a las raíces emotivas de los frenteamplistas. “Vamos por la cuarta”, proclamó el flamante presidente del FA, Javier Miranda, convocando a una batalla épica, movilizadora.

    Propio de otra época.

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