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    Las verdaderas raíces del liberalismo económico

    Sr. Director:

    La historia “oficial” del liberalismo económico tiene una fuerte impronta anglosajona y por partida doble: su fundador es el escocés Adam Smith y su desarrollo y efectos se deben a sus raíces protestantes (desde que así lo estableció Max Weber). Punto.

    En contraposición, nada podría haber más lejano del liberalismo económico que la Iglesia católica y, no te digo nada, la encarnación en España.

    Pues, miren las citas que siguen, y vean quiénes son sus autores y la época en que vivieron:

    “Los gobernantes son para los pueblos no los pueblos para los gobernantes. (…) Si para nuestro propio bienestar necesitamos que alguien nos gobierne, nosotros somos los que debemos darle el imperio”, Juan de Mariana.

    “Debe ante todo procurar el príncipe que, eliminados todos los gastos superfluos, sean moderados los tributos. (…) La principal preocupación del gobernante ha de ser que los gastos públicos no sean mayores que las rentas (…) a fin de que no se vea (el gobierno) obligado a hacer empréstitos ni a consumir las fuerzas (…) en pagar intereses…”. “Nuestro cuidado principal y mayor debe consistir (…) en que estén nivelados los gastos con ingresos”. “El gasto público excesivo deteriora la moneda”. Juan de Mariana

    “Los funcionarios deberían, antes de ocupar sus cargos, presentar el inventario de sus bienes… y ser auditados frecuentemente…”, Juan de Mariana.

    Sobre el valor: “Para analizar el valor de un bien es necesario aludir a la cantidad de ese bien”, Martín de Azpilcueta.

    “En el intercambio (…) lo que importa no es el valor intrínseco, sino el extrínseco, que es el accidental y depende en la estima y de la utilidad”, Fray Tomás Mercado.

    San Bernardino: las cosas tienen dos valores: uno objetivo, basado en la naturaleza y otro basado en el uso e influido especialmente por su utilidad subjetiva.

    Sobre el dinero y los precios: “En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres, se dan por menos dinero que do ay abundancia del”, Martín de Azpilcueta.

    “La moneda, al igual que las leyes, debe permanecer lo más fija posible”, Domingo de Soto.

    Sobre los precios: “No es que quanto haí vale caro, sino es el dinero, que es más barato, porque es estimado en menos”, Bartolomé de Albornoz. “Ceteris paribus, allí donde la moneda sea más abundante (…) será menos valiosa. (…) La abundancia de moneda hará que los precios aumenten”, Luis de Molina.

    “El valor corriente del dinero difiere del valor legal impuesto por la autoridad (…) por la calidad objetiva del dinero y la utilidad del tipo de dinero en cuestión”, Juan de Mariana.

    “Bajar y subir la moneda es aumentar o disminuir la hacienda de todos”, Tomás de Mercado

    “Adulterar la moneda equivale a robar”, Juan de Mariana.

    Sobre el comercio: “El género humano ha caminado de lo imperfecto a lo perfecto (…) emprendiendo una vida más culta, más civilizada y distinguida, tuvo necesidad de inventar nuevas formas de comercio, entre las cuales lo más digno de alabar es la práctica del comercio”, De Soto. “Es la naturaleza de los hombres y de las cosas la que ha hecho necesario el comercio”, Juan de Mariana.

    Sobre el comercio internacional: “Debía regirse por normas jurídicas basadas en el derecho natural”, Francisco de Vitoria. “No parece deban condenarse los intercambios que los hombres realizan de acuerdo con la estimación común de las cosas en sus respectivas regiones”, Molina. “No gravarle con exagerados impuestos (porque) cuanto más alto esté el precio de las mercancías, tanto menor será el número de compradores y tanto más difícil será el cambio de productos”. “Se ha de facilitar (…) la importación y la exportación”, Mariana.

    “Los magistrados que sin justa causa excluyen a vendedores extranjeros, deberían compensar a los ciudadanos si la medida producía un incremento en los precios”, Leonardo Lessio.

    Sobre el precio justo: “Es aquel que es determinado (…) en el mercado”, S. Bernardino. “No se debe tener en cuenta la naturaleza de la cosa, ni el precio al que fue comprada (…) sino la común estimación a cómo vale”, Vitoria.

    “Aquellos que quieren dedicarse a los negocios, deben comprender que pueden llegar a perder dinero”, Juan de Medina

    No es función del gobierno determinar salarios, ganancias e intereses, (…) debían establecerse siguiendo la estimación común que se realiza en el mercado.

    Sobre el salario: “Debe analizarse utilizando la misma lógica utilizada para analizar los precios”, Luis Saravia de La Calle.

    Sobre las ganancias: “Es imposible establecer legalmente un nivel de ganancia ?justa’, si es legal perder, debe ser legal ganar”, S. Bernardino de Siena.

    “La actividad empresarial y el comercio debían, por definición, estar sujetos a pérdidas y ganancias y que estas deben depender de la evolución de los precios”.

    Sobre la socialización de las pérdidas: “Los que pretenden salir de sus apuros a costa del Estado, hombres los más perniciosos (…) han de ser rechazados (y) evitados con el mayor cuidado”, Mariana.

    Quiénes son estos señores:

    P. Juan de Mariana (1555-1624), jesuita. Canónico Pedro Fernández de Navarrete (1564-1632). P. Domingo de Soto (1495-1560), P. Martín de Azpilcueta (1492-1586), Dominico. Bartolomé de Albornoz (1519-1573), Agustino. P. Luis de Molina (1535-1600), jesuita. Fray Tomás de Mercado (1500-1575), P. Juan de Medina (1490-1547), dominico. Fray Francisco de Vitoria (1495-1565), fundador de la Escuela de Salamanca. San Bernardino de Siena (1380-1444), dominico. P. Luis Saravia de La Calle (1544), franciscano. P. Leonardo Lessio, (1524-1623) jesuita.

    Resumiendo, todos ellos integran el grupo llamado de Economistas Escolásticos, en su mayoría eran sacerdotes y religiosos, muchos de ellos españoles. Preceden a los economistas anglosajones por varios siglos.

    He ahí los verdaderos orígenes del liberalismo económico.

    Ignacio De Posadas