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Esta semana se conocieron los datos de la encuesta sobre expectativas empresariales que realiza la consultora Deloitte correspondientes a octubre, los cuales mostraron una mejora sobre las perspectivas para la economía y el clima de negocios para el año 2017.
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En términos generales, los ejecutivos encuestados parecen tener una mejor percepción tanto sobre la evolución reciente de la economía uruguaya como sobre las perspectivas de la misma. Así, mientras que en abril el 92% de los encuestados habían afirmado que la situación económica había empeorado respecto a un año atrás, en octubre dicho porcentaje —si bien todavía elevado— se redujo a 64%.
Considerando las expectativas para dentro de un año, se observó un marcado descenso de las respuestas que proyectaban que la situación económica iba a empeorar en los próximos 12 meses, que pasaron de 63% en abril a 26% en octubre, mientras que el porcentaje de ejecutivos que avizoran una mejora en el desempeño económico en el próximo año pasó de 6% en abril a 27% en octubre.
El cambio favorable en las expectativas empresariales coincide con la mejora palpable en la situación regional que se ha observado desde el segundo trimestre del año, sobre todo en lo que tiene que ver con el fuerte aumento de los precios en dólares tanto en Argentina como en Brasil, lo que no solo mejoró la capacidad de competencia del Uruguay con la región, sino que permitió —vía la baja del precio del dólar en el mercado local— reducir la inflación, evitando que la misma se consolidara por encima del 10%.
La sensación de que quizás lo peor ya pasó que parece mostrar el resultado de la encuesta de Deloitte deberá asimilar el shock que representa el triunfo de Donald Trump como futuro presidente de Estados Unidos a partir del 20 de enero de 2017.
Un Estados Unidos potencialmente mucho más enfocado en sí mismo, más proteccionista, dispuesto a aumentar fuertemente el gasto público y el déficit fiscal, y con una política monetaria no tan expansiva como la actual, no constituye una buena noticia ni para la región ni para Uruguay.
De hecho, esta semana se supo que las autoridades de Brasil estaban ajustando a la baja la estimación de crecimiento para 2017 (del 1,6% que se había proyectado en la elaboración del Presupuesto para ese año a 1%), lo que complicará, entre otras cosas, conseguir las metas fiscales por la menor recaudación esperada. En la encuesta semanal que realiza el Banco Central de Brasil, el mercado también parece haber comenzado a “internalizar” el “efecto Trump”, ya que al cierre del viernes 11 la mediana de las expectativas de los analistas encuestados apunta a una contracción del PBI de 3,37% para este año 2016 (frente a la caída de 3,31% esperada hace una semana y la baja de 3,19% proyectada hace cuatro semanas). También se ajustó a la baja la previsión de crecimiento para el 2017 a 1,13% frente al 1,20% y 1,30% que se esperaba hace una y cuatro semanas, respectivamente. Mayores costos financieros por la suba de las tasas de interés en Estados Unidos y por la previsible ampliación de los spread de riesgo, así como presiones para una mayor depreciación del real, serán otras potenciales consecuencias del cambio político en Estados Unidos.
Los mismos efectos son esperables para Argentina, donde la estrategia oficial de “patear la pelota para adelante” para llegar a las elecciones legislativas de octubre de 2017 ya no será tan sencilla. No solo los ansiados “brotes verdes” están tardando mucho más de lo previsto en llegar a materializarse, sino que será bastante más caro y no tan fácil colocar el voluminoso nivel de deuda pública necesario para financiar el abultado déficit fiscal. Un Brasil menos dinámico y no tan caro en dólares el año que viene también dificultará la reactivación económica, que pasará a depender exclusivamente del estímulo de la demanda interna vía mayor endeudamiento, en una estrategia que claramente es insostenible en el tiempo.
Si bien por el momento no hay nada concreto respecto al enfoque que dará el presidente electo Donald Trump a su gobierno en general y a su política económica en particular, estándose en pleno período de transición y sin que siquiera se haya nombrado a su gabinete, la reacción de los mercados desde el 9 de noviembre hasta ahora ha sido bastante contundente, con el dólar y las tasas de interés en Estados Unidos subiendo a los mayores niveles de los últimos 12 meses, y con los activos financieros de los mercados emergentes (bonos, acciones y monedas) sufriendo en general caídas generalizadas y más o menos significativas.
Hasta el martes 8, efectivamente, parecía ser que lo peor ya había pasado para la economía uruguaya. Pero el resultado de la elección de ese día en Estados Unidos coloca un gran signo de interrogación sobre si efectivamente eso será así.