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    Los “Chicago Boys” y el Mercosur

    Solicito la publicación en su semanario de la siguiente carta abierta, dirigida al presidente de la República.

    Jorge Caumont

    Sr. Presidente:

    Arotxa tiene razón: le queda grande. Usted o sus adláteres saben a qué me estoy refiriendo y si no lo saben, que busquen su dibujo en la página A8 de “El País” de fecha 4 de julio.

    Usted no tiene derecho a hablar mal de algo que no existió, no existe ni existirá. Los Chicago Boys a los que Ud. desprecia toda vez que puede, no son neoliberales: somos liberales. Repetir algo mil veces o más, no implica que lo que Ud. dice sea verdad y Ud. lo usa como los marxistas, los neomarxistas, los socialistas utópicos y otros representantes de una izquierda en estertores, que está muerta en el mundo excepto en los países aliados políticamente en América del Sur y que apela a las recetas de Chicago como su gobierno también, para tener una razón de existencia solo teórica. Los Chicago Boys son los que propusieron algo que Ud. hoy aplica bien y los que critican lo que Ud. hace o tolera que se haga mal. Usted y el séquito de retazos políticos que le acompañan no tiene otra forma de intentar realzar sus figuras, que por otra parte son las que tienen más espacio en los medios de prensa pese a sus críticas, que criticar al liberalismo. Pero debe recordar que ser liberal es ser pluralista, no dogmático, y muchos de los que acompañan lo son. Y ser dogmático es ser fanático y ser fanático es ser totalitario.

    Le reitero: sepa que los Chicago Boys somos liberales, no neoliberales. Creemos en el mercado con intervenciones estatales para atender a quienes se encuentran por debajo de la línea de pobreza pero no para muchos más que se constituyan en una falange de clientes políticos como los que hoy, sin tener la eficiencia operativa que Ud. mismo le reclama a esa burocracia estatal, le responden con paros presupuestales pero luego le votan. Somos los que queremos libertad de comercio, la misma que desde algunos de los sectores de su coalición electoral se aceptan sin discusión (¿o acaso Ud. ha subido los aranceles?; ¿o acaso no se opuso Ud. a la extensión del arancel externo común obligatorio?). Somos los que criticamos al Mercosur que Ud. defiende por conveniencia política o quién sabe por qué, y pese a los problemas económicos que les impone a numerosos trabajadores de la industria nacional y ahora también a los propios inversores argentinos en nuestro país. Somos los que pensamos que la competencia es sana en cualquier mercado (y no como Ud. que tolera no ya que existan los monopolios estatales que esquilman a la población y a las actividades locales sino que permite que se intente crear algo parecido en el transporte de pasajeros a la Argentina tras el quiebre de Pluna). Somos quienes creemos seriamente en las reglas de juego para que los privados inviertan (reglas a las que Ud. da una flexibilidad que tiene efectos adversos en el corto y en el mediano plazo y que solo subsidiándolas aparecen; ¿o el ICIR no es algo así mientras subsidia a las inversiones en bienes de capital?). Somos quienes respetamos los derechos de propiedad y los compromisos financieros (a pesar que el FMI, a quien Ud. respeta ahora y antes criticaba, haya como también muchos de los integrantes de su coalición recomendado renunciar al pago de la deuda en 2001, como lo hizo Argentina y hoy vemos que nadie le presta y su déficit lo cubre inflacionariamente). Somos los que creemos en el orden fiscal (no como desde que su coalición electoral está en el gobierno y ha multiplicado por 4 el gasto público desde 2004 y duplicado la deuda en igual lapso, la que tendrán que pagar futuras generaciones). Somos liberales los que no mentimos sobre el monto a recaudar o sobre la simplificación del sistema tributario (como cuando se dijo que el IRPF recaudaría 200 millones de dólares y hoy recauda más de 1.100 millones, incluso más que el IRAE, y que además implica un costo social impresionante sobre el que no me voy a extender pero se lo puedo explicar a Ud. o a quien Ud. indique, un costo que nunca se menciona).

    Como Ud. podrá observar, somos gente que piensa en algunas cosas diferente a Ud. pero no otras pues no reparamos que Ud. las haya modificado. Pero también y para finalizar, déjeme decirle que desde abril de 1991, cuando se firmara el Tratado de Asunción que creó el Mercosur, en particular mi posición como liberal y como Chicago Boy fue siempre de oposición. Lo puede leer en varias de mis columnas que hasta 2001 he escrito en Búsqueda o, si eso no alcanzara, también en los editoriales que escribiera durante diez años en ese semanario. También lo he hecho desde mi columna en el suplemento “Economía y Mercado” de “El País” porque, como Ud. se imaginará, desde el principio se pudo apreciar que las dos potencias vecinas nos iban a acorralar comercialmente. La posición de los Chicago Boys es muy sencilla en ese sentido y más amplia de la más amplia que quiere Ud. ahora pregonar tras los problemas con las dos economías vecinas: un país pequeño debe tener como socio comercial no a una región por más cerca que se encuentre sino al mundo. El mundo es el área óptima de comercio y no un área como la que ahora conformamos también con Venezuela y en donde proliferan los mercados negros cambiarios, los intervencionismos estatales y la corrupción, cosas que hoy Ud. está avalando al aceptar más que una integración comercial la desintegración de varios sectores productivos nacionales. Los gobiernos socialistas de Chile han reparado en los beneficios de una apertura comercial profunda aún perteneciendo al Mercosur, desde que las barreras arancelarias se abatieron por instancia de los Chicago Boys y desde que las privatizaciones de empresas públicas ineficaces e ineficientes, se abrieron a la competencia.

    Perdone, Sr. Presidente, esta respuesta que Ud. tomará o no en cuenta; de hecho, eso me importa poco. No sé si la rechazará totalmente y tomará las mismas represalias que se han tomado en la enseñanza universitaria en la década de los 90 con todo aquel que hubiera estudiado en la Universidad de Chicago o fuera liberal, partidario del mercado; me refiero a las que se tomaron en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración. Me importa poco. Lamento escribir estas líneas pero es una reacción de veinte minutos, los minutos que me llevó escribirla, intempestiva pero conscientemente también, porque lo que Ud. ha dicho sobre los Chicago Boys me golpea interiormente.

    Hablar con el desprecio y la culpabilidad que Ud. ligeramente transmite con su singular lenguaje a la población no es respetuoso con el Departamento de Economía de la Universidad que tiene el mayor número de académicos con el Nobel de Economía, la Universidad que Ud. debería conocer a fondo antes de hablar, la Universidad que corre las fronteras del conocimiento económico y que no admite, por su liberalismo, la chabacanería inesperable en un primer mandatario.

    Le saluda, y verá que no atentamente sino por respeto a la institucionalidad que Ud. representa,

    Jorge Caumont