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    Los Oscar que querían ser cine

    Los premios de la Academia tendrán una ceremonia sin precedentes el domingo 25: “una película de tres horas”

    Todos los ganadores del Oscar tienen una parada obligatoria. Después de los discursos, la prensa y los retratos, llega el turno del bar donde se graban las estatuillas. Lo de bar es un decir. Si bien el alcohol nunca para de servirse durante la ceremonia, la barra del bar es simbólica. Un apoyo físico para calmar la impaciencia en la espera de uno de los momentos más esperados por cualquier artista dedicado al cine. La sentencia, permanente, de un nombre en el trofeo dorado. La prueba de un lugar en la historia de uno de los capítulos más populares, y criticados, del séptimo arte.

    En ese bar se dio uno de los momentos más enternecedores de la última ceremonia de los premios, celebrada en febrero de 2020 previo a la pandemia. El gran ganador de esa noche, el director surcoreano Bong Joon Ho, se acercó a la barra con dos de los cuatro premios obtenidos por su inolvidable película, Parásitos. A unos metros, Renée Zellweger (otra ganadora, aunque por la menos memorable Judy Garland), se toma un gin-tonic o quizás un agua mineral con limón. Bong le sonríe y hasta se anima a tirarle un beso. Una cámara registra el intercambio de saludos inentendibles entre el bullicio mientras alguien sigue apilando los Oscar de Bong sobre la barra. Renée aplaude. “¿Esos son todos?”, pregunta la actriz. “Son tantos. ¡Lo siento!”, responde tímidamente Bong. Ambos se retiran. Triunfadores. Triunfadores y grabados.

    Aún se desconoce cómo será el proceso de grabación de los 93os Premios Oscar, a celebrarse el próximo domingo 25 de abril. Sí se puede aventurar que no habrá lugar para tanto alboroto entre las estrellas. Los premios otorgados por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas se celebrarán en una ceremonia dividida. Por un lado, los nominados y presentadores asistirán, de manera presencial, a un escenario confeccionado en la estación Union Station en Los Ángeles, la terminal más grande de su tipo en la costa oeste estadounidense. Por otro lado, el clásico Teatro Dolby en Hollywood, que alberga a los premios desde 2002, también formará parte de la transmisión.

    Los invitados, un conjunto confeccionado por los nominados, sus acompañantes y los presentadores, serán testeados en Los Ángeles por Covid-19 antes de que se confirme su presencia. Una vez habilitados, durante la ceremonia serán reunidos en un patio dentro de la estación de tren. Los presentadores y nominados serán rotados en sus lugares durante la velada, mientras que el resto de los invitados se moverán entre la ceremonia principal y dos patios adyacentes, donde también se transmitirán un show previo y otro posterior a la transmisión oficial. En un homenaje accidental, la premisa de estos Oscar la acerca a la primera ceremonia de los premios: un banquete en la Sala Blossom del Hotel Roosevelt en Hollywood, en 1929, al que asistieron 270 invitados y la entrada tuvo un costo de US$ 5.

    Una de las mayores diferencias que los Oscar tendrán con los reconocimientos recientes al cine, música y teatro que le han precedido en Estados Unidos es que las videoconferencias remotas serán desalentadas como primera opción de los participantes. Inicialmente, los productores del espectáculo, entre los que se halla el cineasta Steven Soderbergh, expresaron su intención de eliminar cualquier tipo de participación o discurso de agradecimiento vía esa herramienta hoy tan utilizada. Tras recibir varias críticas debido a la dificultad de los nominados en viajar hacia Los Ángeles y regirse bajo las reglas de cuarentena del país, la medida parece haberse flexibilizado. Se establecieron, por ejemplo, dos centros de conexión en Londres y Australia, países donde varias estrellas de Hollywood se encuentran filmando.

    La presencia de Soderbergh, director responsable de La gran estafa y Traffic, se justifica no solo en su afán por explorar nuevos caminos dentro del audiovisual —ha filmado más de una película utilizando un iPhone, por ejemplo—, sino también en la premisa que el cineasta ha elaborado junto al encargado Glenn Weiss.

    Los Premios Oscar buscarán “verse como una película y no como un programa de televisión. Lo que queremos hacer es tener esta película de tres horas en la que se entregan algunos premios”, explicó el realizador en una entrevista brindada a Vanity Fair a fines de marzo. Soderbergh adelantó que cada uno de los participantes será retratado como un personaje. Desde cada nominado a cada persona que otorgue un premio. “Al final, sabrá quiénes eran todos y qué querían. Tendrás una conexión con todos en este programa”, agregó.

    La intención, algo optimista, algo grandilocuente, acompaña la tendencia reflejada en las propias nominaciones de los premios en los últimos años. La frontera audiovisual entre el arte del cine, la televisión y el streaming es cada vez menos divisible. Tras el año más difícil para los cines a escala mundial, la Academia se ha visto obligada a recibir, a regañadientes, a obras que no atravesaron un estreno obligatorio en salas de Estados Unidos, una de sus reglas históricas. Más que una señal de cambio, es una alteración obligatoria para los tiempos que corren.

    Dentro de los nominados, Netflix acumuló 35 nominaciones, más que cualquier otro estudio o compañía de streaming. Entre sus nominados están las candidatas a Mejor película, Mank y El juicio de los 7 de Chicago, así como seis de los 20 intérpretes seleccionados en las categorías actorales. Películas de las plataformas Amazon, Hulu, Disney+ y Apple, con elencos de actores diversos, también se encuentran en carrera, estableciendo a la competencia, muchas veces acusada de ser un concurso de popularidad y corrección política, como una de las más heterogéneas dentro de la última década.

    No hay que olvidar, más allá del promocionado espíritu de renovación, que los Oscar son un evento televisivo. La ausencia de estrellas reconocibles y películas no disponibles en varios países (en Uruguay solo pueden verse aquellos estrenados en Netflix o Amazon) sugiere que el evento a cargo de Soderbergh está lejos de acercarse a sus años de gloria en rating y participación de auspiciantes, pese a promocionarse como una transmisión disponible en alrededor de 225 territorios.

    ¿Qué camino deberán tomar entonces los Oscar para hacer de su versión cinematográfica una memorable? El primero es el de las repercusiones a través de las sorpresas en sus premios. Nomadland podría ser la primera película en ganar un Oscar tras haber sido estrenada inicialmente en streaming y no en salas. Su directora, Chloé Zhao (nominada en cuatro categorías diferentes gracias a su polifacética naturaleza), podría ser la primera mujer de origen chino en ganar un premio a Mejor directora. O, tal vez, el difunto actor Chadwick Boseman se sume a la lista de victorias póstumas, al igual que Heath Ledger en 2009.

    Bar de grabado o no, “la película” de los próximos Oscar deberá encontrar esos pequeños momentos humanos que reproduzcan, aunque sea dentro del glamour tan ajeno de Hollywood, un poco de normalidad. Eso es, hoy en día, un espectáculo digno de ver.

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