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    Los altos costos internos y las carencias en infraestructura frenan la expansión agrícola, que podría duplicarse o cuadruplicarse, según afirma Gordon Storey, director de Kilafen SA

    La principal limitante para el crecimiento de la agricultura, que hoy contribuye con entre un 20 % y un 30% del total de las exportaciones del país en el 10 % del área productiva, son las carencias de infraestructura (puertos y carreteras), donde el Estado, que participa del 50 % de las ganancias de las empresas que se desempeñan en el rubro, “no ha hecho ninguna inversión ni ha desarrollado ninguna política” para mejorar las condiciones.

    “La fiesta terminó”, afirmó Gordon Storey, director de Kilafen SA, empresa instalada en el país desde 2002, que presta servicios de logística y comercialización de granos, de los cuales “mueve” alrededor de 300.000 toneladas por año y está situada entre las primeras 10 firmas en el ranking de exportadores.

    Gordon Storey

    Storey afirmó que para los propietarios de la tierra la actividad continúa siendo lucrativa, pero para aquellos que la alquilan para producir, la rentabilidad a los precios actuales está muy comprometida, debido a los altos costos internos. Sostuvo que el área agrícola podría duplicarse en el país, e incluso multiplicarse por cuatro, pero que ello hoy es inviable debido a la falta de competitividad. En los últimos cuatro años la empresa obtuvo un margen bruto por hectárea de U$S 63, que descontados los impuestos, se redujeron a U$S 31 por ha.

    Kilafen posee una planta en Nueva Palmira con una capacidad para 75.000 toneladas y otra en la localidad de Goñi, en el departamento de Florida, con 25.000 toneladas. La sociedad anónima trabaja en la comercialización de granos, pero además produce grano propio en campos arrendados, en una superficie cercana a las 25.000 ha. La base de la empresa es el mantenimiento de suelos, y rotación de cultivos de cuatro años dentro del Plan de uso y manejo de suelos. Finalmente, la producción desemboca en soja, pero pasa por maíz, trigo, cebada y puentes verdes. La empresa planta alrededor de 25.000 ha entre campos propios y arrendados y se plantea crecer a partir de agregar valor a los productos primarios, para lo cual están instalando también en Goñi una planta de producción de alimentos balanceados y otra para procesar semillas. Planean además la instalación de una planta de crushing en el mismo predio. 

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista con Gordon Storey.

    —¿Cómo ve el negocio agrícola hoy frente a la nueva realidad de los precios?

    —La situación actual es coyuntural; el negocio agrícola va a continuar, los campos se van a sembrar y la agricultura sigue siendo una muy buena opción comercial, no tanto para el que arrienda el campo, pero sí para el que es propietario. Todo lo que es ganancia por producción, más que ganancia por tenencia en los esquemas tradicionales más bien ganaderos, se va a ir revirtiendo. La demanda impositiva, la demanda del costo de vivir en Uruguay, ha hecho que se tenga que facturar más plata por hectárea y eso pasa por producir más. La agricultura factura y genera una liquidez bastante importante y si bien los precios han bajado hoy, para el dueño de la tierra el negocio sigue siendo bueno. Para el que alquila el campo ya no lo es tanto.

    El área sembrada de Uruguay es difícil de cuantificar, hay alrededor de 1,4 millones de ha sembradas, de las cuales trigo/soja se llevan más o menos el 38%, soja de primera otro 38% y gramíneas de verano alrededor del 24%. Esto significa que el 76%  del área agrícola está dedicada al cultivo de soja, y la exportación de esta oleaginosa representa U$S 1.900 millones, o sea, el 20% de las exportaciones totales de Uruguay, lo cual se logra en alrededor de un millón de ha, o el 6% de la superficie productiva.

     Digo esto porque creo que al menos el 30% de los campos del país tienen aptitud agrícola, y creo que el crecimiento de la agricultura en Uruguay va venir de la mano de los dueños de la tierra y no de los que arriendan.

    —La soja sigue siendo el cultivo que ofrece mejores garantías, ¿Qué cree que va a pasar con el área de maíz, por ejemplo?

    — El agricultor está obligado a hacer rotaciones, entre las cuales se incluye al maíz, que generalmente es un negocio que da pérdida. Es muy complicado lograr buenos resultados con este cultivo, por lo menos nosotros no lo hemos conseguido, pero tiene que entrar obligado en la rotación. Entonces es necesario buscar mecanismos para mejorar su precio y que no sea tan mal negocio y ahí pasa por hacer convenios con los corrales de engorde, con polleros y tambos, para buscarle una salida y no tener que fletearlo, porque ese costo es muy caro en Uruguay y nos quita margen terriblemente. Y esas alternativas comerciales se encuentran, pero hay que armar convenios con gente que quiera consumir ese maíz lo más cerca posible de la producción.

    —Es un negocio bien diferente al de la exportación.

    — Debemos tener el concepto de que somos agricultores de forraje. Uruguay es un país que todavía exporta el poroto de soja, pero después es todo forraje y hay que mirarlo con esa óptica y buscar colocar el producto lo mejor posible. Se exporta el poroto y después en maíz y trigo se exporta una buena parte, pero también se consume mucho acá en Uruguay. En sorgo no se exporta un grano. Lo que realmente se exporta, lo que genera los ingresos para el país, es el poroto de soja, pero el resto se consume acá.

    Los costos tenderán a bajar

    —¿Las utilidades que se obtengan por la producción de soja deben absorber las pérdidas que generan el resto de los cultivos en un esquema como el de Kilafen?

    De alguna manera se podría decir que es así, pero no es tan lineal, porque no todos los otros cultivos dan pérdida. El trigo es un cultivo que no da muchísimas ganancias, pero da liquidez para poder llegar a la cosecha de soja o maíz. El maíz no es un negocio que dé netamente pérdida. Es muy caro de implantar, entonces se arriesga mucho para lograr un resultado magro. Es cierto que también se hacen por ejemplo puentes verdes y otras prácticas que aportan mucha materia orgánica al suelo, que mejoran su permeabilidad, la infiltración de humedad y otros beneficios, y eso es inversión en el campo que no genera rentabilidad inmediata.

    —¿Con los precios actuales, rendimientos promedio y costos crecientes, cuál es el margen de maniobra que tiene el agricultor para mejorar su resultado?

    — Sembrar una ha de soja hoy cuesta alrededor de 1.800 kg y si a eso le agregamos el valor de la renta de la tierra, que en términos generales, promediando, estará próximo a los 700 kg por ha, nos lleva a un costo de indiferencia cercano a los 2.500 kg por ha. Esto significa que los arrendatarios de los campos van a estar muy próximos a perder dinero, y está claro que cuanto más cerca de los puertos es la explotación, más probable es la posibilidad de ganar dinero.

    — El propietario de la tierra tiene un ingreso equivalente a la renta que es bastante bueno. El dueño de la tierra se está llevando una buena parte del negocio; entonces, aunque lo haga sembrando siempre, igual está ganando plata. Los costos siempre tienden al precio y diría que este es un año complicado porque los insumos han estado caros en relación con el precio de venta. El petróleo ha bajado y eso va a reducir el valor de los fertilizantes; me parece que si bien no veo ninguna razón por la cual el precio de la soja pueda subir mucho, creo que los costos van a bajar.

    Infraestructura como principal limitante

    —¿Cuál cree que es la principal limitante para el crecimiento de la agricultura?

    — Para mí es un tema de infraestructura. Está clarísimo que no hay ningún tipo de inversión o política de Estado en ese sentido. La agricultura, y la soja particularmente, aportan el 30% de los ingresos del país por concepto de exportaciones que alcanzan 9.000 millones de dólares, y eso se hace en el 10 % del área productiva. Para mí se puede incrementar al doble y casi se puede multiplicar por cuatro, pero es imposible si no somos competitivos. Los puertos, si bien vistos desde la ANP, que miden desde el muelle para afuera, pueden ser muy eficientes, si los miramos desde el interior hacia el muelle la cosa cambia. Los muelles uruguayos cargan toda la soja que se produce en Paraguay y en Bolivia y hay una fila de barcos fuera de Montevideo esperando para cargar y no alcanzan. El productor uruguayo está a la espera de su turno, metido virtualmente con el cultivo regional y eso le eleva el costo enormemente.

    En caminería ni que hablar. Los caminos son los mismos que hace 20, 30 o 50 años y hoy tienen una carga por la forestación y la agricultura que los ha vuelto imposibles. Los camiones para fletear cualquier distancia algo más lejos que 200 km de Nueva Palmira tardan un día entero en llegar y con suerte hacen un viaje día por medio en tiempo de zafra, lo cual los encarece enormemente comparándolos con cualquier otra zona regional o con cualquier otro país del mundo. Creo que los fletes en Uruguay son los más caros del mundo y eso le quita posibilidad o rentabilidad a producir en las zonas un poquito más marginales. Anduve recorriendo la zona de Caraguatá y Cerro Chato, campos muy buenos que deberían estar produciendo para las arcas del Estado y no se pueden incorporar porque directamente no es rentable por un tema de infraestructura.

    A medias con el Estado

    —¿Cómo inciden en el negocio los costos tributarios?

    El Estado está queriendo participar fuertemente del negocio. En el caso nuestro, el margen de nuestra actividad en los últimos cuatro años, es decir, la plata que ganamos dividido las ha físicas que sembramos, en todos los cultivos, soja , trigo, maíz, colza, todo lo que hacemos, la plata que entró dividido las hectáreas, nos dio un margen de 63 dólares. Pero cuando le descontamos los impuestos nos quedamos con 31 dólares. Estamos trabajando a medias con el Estado. En buena hora, me parece fantástico que el Estado cobre, siempre que al fin del camino se vea una infraestructura que acompañe. Eso creo que es fundamental, porque hay una posibilidad de generar más divisas para el país.

    —¿Y las leyes laborales aprobadas recientemente, como la de responsabilidad penal empresarial o la ley de ocho horas, preocupan al sector?

    — Es una preocupación, sin dudas. Somos optimistas por naturaleza y creo que los trabajos se van a ir haciendo. El día que uno tenga un problema se va a complicar. Es preocupante, pero no es una limitante en este momento porque el productor agropecuario es optimista por naturaleza, entonces avanza igual. Se topará con el problema cuando le toque y verá cómo lo resuelve.

    —Además de precios, costos e infraestructura, el clima tampoco está acompañando. ¿Cómo impacta esto?

    — Hoy en día es muy preocupante, y va a haber muchas empresas que estén muy cerca de trabajar a pérdida aunque no podría decirlo con exactitud. Nosotros analizamos nuestros presupuestos y están muy ajustados. El dueño del campo igual está en un negocio que gana, pero el que arrienda campo y grandes extensiones, como es nuestro caso, seguramente vamos a estar muy contentos si salimos empatados. Pero estamos acostumbrados a estas coyunturas, habrá que ver las cartas y ver cómo se acomoda para el año que viene, pero es parte del negocio en que estamos; a veces se gana, a veces se pierde. La idea de este año es perder lo menos posible y el año que viene espero que nos dé revancha y ahí vamos.

    “La fiesta se terminó”

    —¿Qué expectativa tiene con los precios internacionales?

    La baja de los precios de los granos en el mundo sin duda es un problema y en estos años hay que tener cuidado y medir cuidadosamente  los gastos; igualmente es una actividad rentable para el dueño de la tierra y con toda la tecnología disponible que se está aplicando en Uruguay es una actividad bastante segura. El mercado es transparente y claro, y además hay muchas herramientas para cubrirse y formar precios.

    No hay indicios en el corto plazo de que el mercado retome los valores de la campaña pasada, me parece que los costos siempre tienden al precio del producto, de manera que es más probable que baje el costo de producción antes de que suba el valor de los granos.

    Todos los operadores ven la misma película y por lo tanto todos reaccionan en cadena. Nada nos indica que haya perspectivas de aumento significativo de precio en el mediano plazo. Por ahora, la demanda está atendida y no creo que haya grandes movimientos de mercado. Yo estoy haciendo los números con los precios de hoy y supongo que mucho depende en este momento de lo que está pasando en el hemisferio Sur. Obviamente que si Argentina, que siempre es una incógnita, tiene alguna ley o algún impedimento en la exportación por alguna razón ajena a la producción, eso va a impactar en los precios internacionales porque es un jugador importante. En Brasil, a estos precios me parece que coyunturalmente las zonas que están muy alejadas de los puertos se les complica y posiblemente achiquen el área. Todo el mundo mira los reportes del USDA y cuando hay algún signo de achique de área rebota en los mercados, pero no veo que sea una cosa impactante y que se pueda volver a los valores que teníamos hace un par de años. Se viene un amesetamiento y todo el mundo tiene que adecuarse. El Estado gastar un poco menos y los productores ser un poco más cuidadosos. Todo el mundo sale y compra una cosechadora como si fuera un juguete, y vale medio millón de dólares. Para mí, la fiesta se terminó. Hay que ser más cuidadoso con los gastos y los costos y buscar el margen por ese lado, pero el negocio va a andar.

    Agro
    2014-11-06T00:00:00