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    Los crack de la semana

    Memorables conciertos de Ringo Starr y Blur en Punta del Este y el Parque Rodó

    Uno forma parte de la leyenda, los otros aún pertenecen al presente. El primero es un septuagenario británico, demasiado bien conservado, rodeado de norteamericanos; los otros son cuatro muchachos de Colchester, Inglaterra, cuarentones y aún con cuerda para amanecer en bares y fondas. Uno marcó el pulso del faro musical del siglo XX; los otros encabezaron el brit pop noventoso. Ringo Starr tocó el sábado 2 en el Salón Punta del Este del Hotel Conrad para 1.500 invitados y Blur lo hizo dos noches más tarde en el Teatro de Verano, para más de 3.500 seguidores que pagaron un promedio de dos mil pesos. Por razones bien diferentes, los dos quedaron en la mejor historia de la escena uruguaya.

    Con la ayuda de sus

    Ringo Starr

    amigos

    Podía pasar cualquier cosa con Ringo Starr y su All-Starr Band. Una banda de estrellas de los 80 bastante pasadas de moda sembraba de dudas el camino de ida hacia Punta del Este. Había que entregarse, disfrutar del salmón chileno servido en la cena previa y hacer sonar los hielos al brindar, antes de entrar al gran auditorio. La cadena trasandina Enjoy, nueva operadora del Conrad, ingresó al mercado pisando fuerte, con una inversión de más de 20 millones de dólares, que incluye la renovación total del casino y la próxima llegada de varios “número uno”, cuyos nombres serán anunciados en breve.

    Con una estrella brillante en su remera, tan negra como el resto de su vestimenta, su pelo y sus gafas, Ringo salió al escenario junto a su estelar banda estable: Steve Lukather (principal compositor, guitarrista y cantante de Toto), Gregg Rolie (tecladista histórico de Carlos Santana), el bajista Richard Page (Mr. Mister), el guitarrista y pianista Todd Rundgren (Utopia), el saxofonista Mark Rivera (también tecladista y arreglador de Peter Gabriel, Billy Joel y Elton John) y el baterista Gregg Bissonette, sesionista de David Lee Roth, Joe Satriani y Steve Vai, entre otros.

    Como en toda su gira latinoamericana, arrancó con “Matchbox”, el clásico de Carl Perkins. La banda solo necesitó tres compases para demostrar que iba en serio y Ringo tres pasitos sencillos al frente y un par de comentarios nada trascendentes para meterse a la audiencia en el bolsillo. “¿Ya perdieron su dinero?”, preguntó. “Ese soy yo, conozco mi nombre”, respondió ante los desaforados “¡¡¡Ringoooooo!!!”. Y apeló al comodín “peace and love”.

    El repertorio beatle filtrado por Ringo reúne algunas gemas que McCartney no canta casi nunca: abrió con la dopieta “Don’t Pass Me By-Yellow Submarine”, siguió con “I Wanna Be Your Man”, el famoso simple que los cuatro de Liverpool cedieron a los Stones en sus london years, y terminó con “With a Little Help from My Friends”, tema de Lennon y McCartney cantado por el baterista.

    Cada instrumentista aportó sus añejadas armas de destrucción masiva: “Rossana” y “Hold the Line” de Toto, “Black Magic Woman” y “Oye como va” de Santana, “Broken Wings” y “Love Is the Answer” de Mr. Mister, todas respetuosas de sus arreglos originales, impecablemente ejecutados.

    Muy lejos de una actitud de divo, Starr alternó el micrófono y la banqueta detrás de los parches destilando buena onda, humildad y ubicación. No habló de los Beatles ni tocó sus más famosos arreglos de batería (bien podría haberlo hecho pues solo con su rulo de redoblante podemos reconocer “Love Me Do”, “Come Together” y “Get Back”); tampoco cayó en falsos alardes personalistas. Con su beat simple y ajustado, acompañó a Bissonette —el verdadero crack de los palillos— sin misterios: ustedes son los que saben muchachos; como buen batero yo acompaño acá desde el fondo, todo bien.

    El resultado: una fiesta donde músicos y público se divirtieron como chicos ante una verdadera estrella que se mostró tal como siempre fue, y como será recordado.

    Uuuuhuuuu

    Fue una explosión colectiva de adrenalina como pocas veces se vio en estas tierras. Voy a recitales en el Teatro de Verano desde hace 20 años y no recuerdo un éxtasis sónico como el que invadió esa platea cuando sobre la medianoche del lunes 4 Blur tocó “Song 2”. Guitarra, bajo y batería sobregiradas al mango de distorsión, el volumen muy superior al del resto del set, como si el sonidista hubiese apretado el botón turbo, robóticas y flashes acribillando las pupilas a mil repeticiones por segundo, los cuatro músicos trillando el escenario del Ramón Collazo como si fuera la última vez, el humo invadiéndolo todo como si el teatro entero estuviese a punto de despegar como un cohete hacia la atmósfera.

    Todos estímulos muy bien pensados para hacerle sonar a esos 3.500 perros de Pavlov la campanita que sus tímpanos estaban esperando. Dos minutos después, los rostros no acreditaban lo que acababa de suceder. Mientras desde la academia los profetas enciclopédicos no se cansan de anunciar su muerte, Blur entregó un auténtico e inolvidable concierto de rock and roll, con un epílogo apoteósico que seguramente, con los años, le hará ganar la condición de “histórico”.

    Hasta hubo corridas en las canteras entre milicos y rockeros —algo que formaba parte de la historia oscura del rock uruguayo— cuando la multitud tiró abajo la valla dispuesta para impedir la visión desde atrás del tejido superior, e invadió el espacio prohibido, para salir corriendo cuando la Policía lo desalojó.

    Desde la apertura triunfal con “Girls & Boys”, Damon Albarn, Graham Coxon, Alex James y Dave Rowntree repasaron su mejor historia, con una veintena de grandes canciones, que pasaron por todos los climas, desde los más moderados y armónicos hasta los vertiginosos y encendidos pogos guitarreros, coreadas por su ferviente hinchada local como si fuesen clásicos de Buitres o La Vela Puerca: “Popscene”, “There’s No Other Way”, “Beetlebum”, “Out of Time”, “Trimm Trabb, “Caramel, “Coffee & TV”, “Tender”, “To the End”, “Country House”, “Parklife” (a cargo del comediante inglés Phil Daniels, que viaja con la banda solo por este tema), “End of a Century” y “This Is a Low”, seguidas de los bises “Under the Westway”, “For Tomorrow”, “The Universal”, antes del inolvidable final.