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    Los “instrumentos viejos” que aplica el gobierno para solucionar el problema de la gente que vive en la calle ya no funcionan

    Luego de 15 años de gobierno el Frente Amplio debe pensar en nuevos desafíos y actualizar el papel del Ministerio de Desarrollo Social, dice Julio Bango

    El Sistema de Cuidados, un programa para la atención de personas en situación de dependencia como niños, ancianos y con determinadas discapacidades, es conocido públicamente como el “buque insignia” del segundo gobierno del presidente Tabaré Vázquez. Ese rótulo no les agrada mucho a los integrantes del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) donde funciona la secretaría ejecutiva de ese sistema.

    Explicar el alcance y potencial de esa política no ha sido fácil para el Poder Ejecutivo. Julio Bango, director del Sistema de Cuidados, admitió que aún la población no se “apropió” de esta idea y que en el Frente Amplio han existido críticas hacia su oficina.

    En entrevista con Búsqueda, Bango dijo que el fin de este gobierno marca 15 años de gestión que debe repensarse para el futuro. En ese marco, consideró que es momento de actualizar al Mides para que se proyecte como el ministerio de “todos” y no solo de los “pobres”.

    —El Sistema Nacional de Cuidados fue creado hace tres años, ¿ha costado hacer entender a la población de qué se trata esta medida?

    —Creo que sí. La gente todavía se está apropiando del sistema de cuidados, todavía es una política novedosa que requiere que haya mucho trabajo con la sociedad. Eso también se genera con la propia clase política. A la hora de las reducciones, hay una primera que es identificar el Sistema Nacional de Cuidados con el Mides, reducirlo a uno de los programas de asistencia personal para ancianos. Creo que progresivamente la gente ha ido incorporando que la primera infancia es quizás la apuesta más importante del Sistema de Cuidados y eso se refleja no solo en la relevancia que el gobierno le da, sino que se ve contante y sonante en el presupuesto asignado al sistema: 60% va dirigido a las niñas y niños de cero a tres años. Los gobernantes debemos pensar a largo plazo y la construcción de un sistema de cuidados es totalmente revolucionario, porque viene a modificar y a romper la división sexual del trabajo. Y este es un tema de enorme trascendencia, pero no solo desde la perspectiva de la agenda de derechos, sino que tiene consecuencias positivas en términos de la propia estructura económica del Uruguay.

    —¿Pero todo esto lo entiende el Frente Amplio? Hay una visión crítica desde la coalición de izquierda sobre la elección del Sistema de Cuidados como el buque insignia de esta administración.

    —Eso lo he notado. Los políticos no somos, en términos generales, los especialistas de política pública. Se ha hablado que la agenda de la izquierda en materia de política social se agotó. Yo creo todo lo contrario. Aunque sí creo que con este tercer gobierno estamos culminando un ciclo de 15 años y tenemos la enorme oportunidad de, parados desde lo que se hizo, relanzarnos en una clave de nuevos desafíos que hay que cumplir.

    —¿Por ejemplo?

    —Los enormes logros en la baja de la pobreza y en la eliminación de la indigencia que hemos tenido no son solo adjudicables a la política social. Eso no habría sido posible sin una conjunción de políticas sociales, políticas económicas y políticas laborales. Cuando hablo de política social no estoy hablando de las políticas del Mides, sino que estoy hablando de la política de salud, de seguridad social, educativa y de las políticas sociales implementadas por el Ministerio de Desarrollo Social. ¿Cuál ha sido el enorme logro de los gobiernos del Frente Amplio en estos 15 años? Generaste las condiciones de universalidad en el acceso de las políticas sectoriales potentes. Entonces tenés la reforma de la salud, el cambio educativo que ha permitido el acceso de miles y miles de adolescentes a los centros, y ahora el desafío es la calidad. Ahí sí hay mucho camino para recorrer: universalizar la calidad.

    —Se bajó la pobreza, pero sigue siendo un problema. Hoy no se mide la pobreza solo a partir de los ingresos, sino de distintas dimensiones.

    —Ahí necesitamos tener un nuevo enfoque. Hay que tener mayor capacidad para implementar el modo de gestión. Una política pública cualquiera se juega en dos aspectos: en el qué y en el cómo. En la campaña electoral cuando se hable de qué hacer con la primera infancia, qué hacer con la educación, va a haber grandes acuerdos, porque no hay mucho para inventar. Buena parte de la política se juega en el qué, en identificar el problema y luego se juega en el cómo. Ahí es donde pueden estar las diferencias entre un gobierno y otros. En la izquierda hemos hablado mucho de interinstitucionalidad, pero hemos tenido dificultades para practicarla. Si hay un punto en el que debemos ser autocríticos, es que nos ha faltado esa capacidad de articular más, de romper las chacras institucionales

    'Cuando hablo de política social no estoy hablando de las políticas del Mides, sino que estoy hablando de la política de salud, de seguridad social, educativa y de las políticas sociales implementadas por el Ministerio de Desarrollo Social'.

    Después está el tema calle. La discusión es si hay más o menos gente en la calle. Eso creo que es un error, y no por no asumir si hay más o hay menos. Hace 10 años, ¿cuál era el panorama de la gente en situación de calle? En ese momento el gran problema que teníamos eran los niños en la calle. ¿Cuántos niños hay hoy en situación de calle? No hay. El país logró resolver ese problema. Y, sin embargo, hay mucha gente en situación de calle. La pregunta, además de cuántos son, es quiénes son. No podemos estar respondiendo al problema con los parámetros que teníamos en 2008 a una realidad que se modificó. Hoy son mayoritariamente varones, de treinta y pico para adelante, con un historial de haber estado privados de libertad, policonsumo de drogas, y con historias de problemas de salud mental. El problema es que las instituciones se mueven más despacio y más lentamente en relación con los cambios que una sociedad genera. A las instituciones les cuesta acomodarse. Podemos asumir la autocrítica, porque hoy en el Mides estamos teniendo esa discusión: ver qué es lo que hay que ajustar porque detectamos que cambió la realidad. No podés responder a desafíos nuevos con instrumentos viejos. Creo que la izquierda tiene que hacer un gran esfuerzo para advertir los nuevos fenómenos de la exclusión y dar una respuesta más integrada. ¿Cuál es la idea que nos debe mover? No se trata de si le tenemos que dar más presupuesto a la vivienda o más presupuesto a la educación. Lo que hay que hacer es identificar el problema, ver cuáles son las familias que están en esa situación y hacer converger el vector de vivienda, de educación, el de formación para el empleo, el de salud, el de cuidados.

    —En la próxima campaña electoral el tema de las políticas sociales será uno de los “campos de batalla”. ¿Cómo enfrentarán ese debate?

    —Llegado el momento daremos el debate y mostraremos los resultados que, creo, arrojan un saldo muy positivo. Las políticas sociales no pueden ser reducidas a las políticas sociales para los pobres, eso es lo primero que hay que debatir. El segundo debate que hay que dar es en qué “combo” queremos ubicar a las políticas sociales, si lo queremos ubicar en el “combo” de las políticas de desarrollo, en clave de una articulación virtuosa de la política social con la política económica y laboral, o si vamos a poner a la política social en el “combo” de las políticas de seguridad. Creo que buena parte del debate de la política social va a ser ese. Y creo que la izquierda tiene que reivindicar una visión donde la política social aporta al desarrollo y, por tanto, a la seguridad en términos comprensivos, al bienestar, desde una perspectiva en la que se articula con otras políticas: económica, de redistribución del ingreso, de formalización del empleo, de trabajo decente.

    'El Mides fue el único ministerio que creó la izquierda y eso tiene que ver con la importancia que les asigna a las políticas sociales como instrumento para avanzar en justicia social'.

    —¿Qué quiere decir que no quiere que vaya al combo de la seguridad?

    —Pongamos el ejemplo de las acciones que se realizan interinstitucionalmente en Casavalle. Allí hay un plan estratégico donde todas las acciones que se están desarrollando estaban prefijadas. Pero nosotros no estamos haciendo en Casavalle un plan para sacar a los narcos. ¿Se entiende? Estamos haciendo un plan de integración social en el que, en el marco de una situación donde ha habido grupos criminales disputando el territorio al Estado, hemos tenido que articular nuestro trabajo con los organismos de seguridad para generar las condiciones y hacer las políticas de integración. La política social no se hace desde el Ministerio del Interior, ni la política de enfrentamiento al crimen se hace desde la política social.

    —En la campaña electoral el papel del Mides seguramente sea muy cuestionado.

    —El Mides fue el único ministerio que creó la izquierda y eso tiene que ver con la importancia que les asigna a las políticas sociales como instrumento para avanzar en justicia social. El Mides nació con una doble misión: implementar el Plan de Emergencia y coordinar las políticas sociales. El Mides cumplió con creces ese desafío como parte de enfrentar la emergencia social, pero quedó más relegada la función de la coordinación. A menudo se entiende que coordinar la política social es mandar, pero no es eso. En un esquema de división del trabajo, hay un ministerio que tiene una naturaleza distinta, que es mirar el problema y articular las interfaces. Lo otro sería terminar convirtiendo al Mides en el ministerio de los pobres. Por eso, en este cambio de ciclo de la izquierda, el Mides también debe reasumir su papel, que está definido, pero por la circunstancia histórica debió enfocarse más en la superación de la pobreza. Sin dejar de asumir los nuevos retos de la exclusión, tiene que proyectarse en un Ministerio de Desarrollo Social de todos, con políticas sociales universales en el acceso y en calidad para todos.

    —¿Sería repensar el Mides?

    —Sería actualizarlo sobre la base de los mandatos que ya tiene. Hay que reubicar el Mides en el marco de los nuevos desafíos que tiene el Uruguay, en clave de desarrollo humano.