Nº 2178 - 16 al 22 de Junio de 2022
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáRepaso la descripción de los femicidios perpetrados en Uruguay en lo que va del año, y leo: que el cuerpo sin vida de Karina Sarachu Dávila, de 34 años, fue encontrado el 4 de marzo en una heladera vieja en una casa en Paso de la Arena, en Montevideo. El día anterior, en la misma casa, se había encontrado en el pozo séptico el cuerpo desmembrado de Ahielén Casavieja González, de 16 años, que estaba desaparecida hacía casi un mes. El 1º de marzo, a María Raquel Alegre Varela, de 52 años, la encontraron sin vida a 30 metros de la ruta en Barra del Chuy, en Rocha: las cámaras de vigilancia la vieron pasar a las 6:30 de la mañana rumbo a su trabajo, al que nunca llegó. A Leticia Tonna, de 26 años, la mató su pareja en el mes de enero de un disparo en un auto, luego abandonó el cuerpo. En abril, a una mujer de 68 años la mató su pareja de un disparo en su vivienda. También en abril, el cuerpo de Elizabeth Tamara Borges Rodríguez, de 24 años, apareció sin vida a orillas de un arroyo, luego de estar días desaparecida. A María Rosa Lima, de 41 años, la asesinó su expareja en mayo, tenía medidas restrictivas, pero habían expirado. Valentina Ferraz, de 16 años, estuvo casi un mes desaparecida hasta que finalmente, en mayo, encontraron su cuerpo “incompleto” en los fondos de una casa, en Tacuarembó. El cuerpo sin vida de Shakira Rossana Morales Rey, de 20 años, fue encontrado en Paysandú también en mayo, semienterrado en un pozo de 80 centímetros de profundidad, en el predio de la casa de su expadrastro, quien confesó haber cometido el asesinato.
La lista sigue: son 16 femicidios en lo que va del año. No pude darme cuenta a cuál se refería el ministro del Interior cuando el pasado 7 de junio en el Parlamento habló de “un homicidio por razones sentimentales”. Repasé los casos, leí los nombres una y otra vez, las edades, los contextos en el que fueron asesinadas las mujeres o cómo aparecieron muertas. No se entiende cómo alguien puede usar una expresión así para nombrar hechos de semejante nivel de violencia. La Real Academia Española define la palabra sentimental como aquello “que alberga o suscita sentimientos tiernos o amorosos”, algo que parece demasiado lejano a las situaciones descriptas en el párrafo anterior.
¿Qué está diciendo el ministro cuando usa esa expresión para referirse a un femicidio? Básicamente, que el tema no le interesa lo suficiente como para saber cómo nombrarlo correctamente, que no se da bien cuenta, que tanto le da. Es capaz de recordar los nombres de las tres bandas de narcotráfico que operan en Brasil cerca de la frontera con Rivera (que es de lo que habla justo en el minuto anterior a ese momento), pero se confunde a la hora de nombrar un asesinato por motivos de violencia basada en género.
Llamar a un femicidio “homicidio por problemas sentimentales” es disparar una bala que explota en los rostros de los cientos de miles de uruguayas que salen a la calle todos los años a pedir que se termine con la violencia contra las mujeres. Es retroceder décadas, volver simbólicamente a la época en la que matar a una mujer era un “problema de pareja”, de puertas adentro, y no un problema de violencia estructural a escala global.
Según datos del Encuentro de Feministas Diversas, hubo en Uruguay 74 búsquedas de mujeres a través de redes sociales en lo que va de 2022, de las cuales 43% son menores de 18 años. Algunas aparecieron con vida, muchas otras no. El ministro del Interior debería tener un discurso mejor articulado respecto a estos temas de tanta gravedad para evitar caer en expresiones tan poco felices.
Lamentablemente, el desinterés hacia el problema de la violencia contra las mujeres es cultural, está generalizado y se manifiesta de muchas maneras. Otra noticia reciente es un buen ejemplo de esto: los abogados de los 11 imputados de Operación Océano que pasaron a juicio oral presentaron un recurso de inconstitucionalidad por un artículo de la Ley 19.580 contra la violencia basada en género, que ya tiene varios pronunciamientos respecto de su constitucionalidad (el artículo 80, que habla de la indemnización económica a las víctimas). Solo para volver a interrumpir el proceso y ganar tiempo para contestar la acusación. Lo más triste es tener que volver a leer en los medios de prensa comentarios sobre “la vida sexual previa” de las víctimas, como argumento para justificar la inocencia de los imputados, o que las adolescentes engañaron a los señores.
Al final tiene razón Luis Alberto Heber, cuántos problemas sentimentales sin resolver en este país.