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    Los que tienen más ingresos deben hacer ahora “un esfuercito” extra porque “por ahí” pasa la “solidaridad” con los pobres

    En su agenda tiene una lista del Movimiento de Participación Popular (MPP). La hoja está repleta de tachones. Le sirve para ver cómo se va armando la bancada del sector mayoritario del Frente Amplio. Ya tiene borroneado unos cuantos que pasaron al Poder Ejecutivo, otros que ocuparon cargos en organismos internacionales y algunos que se fueron a gobiernos municipales. Y después llegará el momento de tachar su propio nombre.

    La senadora Lucía Topolansky tiene ganas de dejar su lugar. “Yo ya soy más útil en los comité de base. Ahí hay que dar la pelea: con los compañeros”, dice en una entrevista con Búsqueda. Pero para que abandone el Parlamento, según decidió su sector, falta más de un año y sortear discusiones que considera clave. La más próxima, prevé la senadora, será el contenido del ajuste fiscal que prepara el oficialismo. Topolansky opina que es un momento central del actual gobierno y afirma que los distintos sectores de la coalición de izquierda están tratando de mejorar las medidas propuestas la semana pasada por el Poder Ejecutivo. Hay que evitar, dice, mayores costos político electorales.

    Es un momento para que todos los uruguayos “hagan un esfuerzo”, agrega. La senadora sostiene que el esfuerzo no es grande, y que el partido de gobierno está trabajando para que sea equilibrado. “Al que gana más yo necesariamente le tengo que pedir un esfuercito”, afirma. 

    —Las medidas anunciadas por el gobierno desencadenaron críticas de la oposición, cacerolazos en algunos barrios y hasta cuestionamientos de dirigentes del oficialismo por la forma en que el gobierno las comunicó. ¿En estos días, qué fue lo que más le molestó?

    —En realidad yo estoy contenta. Es la primera vez que se trabaja de esta forma. Se hizo un borrador en el Consejo de Ministros, se lo presenta al Frente Amplio, se hace la conferencia y se discute con los sectores antes que la ley llegue al Parlamento. Para nosotros es un avance en el trabajo. Estoy contenta con que se haya procedido así. El proyecto no está cerrado. El Poder Ejecutivo recogió una cantidad de cosas. En el análisis de coyuntura estamos completamente de acuerdo con el gobierno. La región y el mundo están en un momento de gran inestabilidad.

    Ya sabíamos de antemano que esta rendición de cuentas iba a ser distinta. El tema del IRPF — que de por sí siempre fue un impuesto muy polémico, porque lo discute hasta gente que no lo paga— se instaló en el imaginario de la gente que perjudica, pero a alguna gente la beneficia. Cuando dijimos que hacíamos la reforma tributaria siempre dejamos claro que no era una reforma en la que estaba todo planteado. Aclaramos que era evolutiva. En el Frente y en sectores sociales organizados, hay una cierta unanimidad de no empezar en la franja que va de 33.000 a 50.000 pesos.

    —¿Es posible que lo cambie el gobierno antes de que llegue al Parlamento?

    —Fuimos el último sector en ir a hablar con el equipo económico (el MPP). Salimos contentos porque vimos flexibilidad de los compañeros. Sabemos que por supuesto la última palabra la tiene Tabaré. Vimos que se entendía la preocupación nuestra. Cuando sos oficialista siempre se cambia en acuerdo con el Poder Ejecutivo. De todos modos acá se va a dar discusión. Pedimos que no viniera la inclusión de la franja en cuestión. Hay un cierto consenso en dejar las tres primeras franjas como están, y dividir en dos la franja que va de 50.000 a 177.000 pesos. Por supuesto que no recaudamos lo mismo de lo que planteaba Economía. Eso lo sabemos. No vamos a ninguna propuesta extrema o más fuerte; en otro momento planteamos subir el IRAE en cinco puntos, de 25 a 30. Ahora propusimos un par de puntos: de 25 a 27. El otro punto que queremos discutir es la postergación de gastos. Está bien y la entendemos. Pero queremos discutir la lista. Hay algunos puntos que se postergan que me hacen ruido. Por ejemplo lo que tiene que ver con la investigación. Es muy poca plata y es algo importantísimo. No nos parece oportuno postergar. Como contrapartida vemos que hay algunas cuestiones del gobierno electrónico que se puede enlentecer su ejecución.

    —¿Para usted no es un ajuste fiscal?¿Cómo se lo explica a la gente?

    –No. Para mí no lo es. Si vas para atrás en el tiempo, por ejemplo en el 1985, y ves cómo se hicieron los ajustes fiscales que se implementaron, los recortes se hicieron sobre políticas sociales. Eso es lo que nosotros llamamos ajustes.

    Son U$S 500 millones lo único que yo preciso. No es mucho si lo ves en el gasto. Nadie va a discutir la reforma de la caja militar. Creo que no debe haber un solo uruguayo que la cuestione, ni de ponerles el impuesto a las jubilaciones altas de los militares. Que no es como dijo alguno de la oposición a los soldados. Eso es hacer terrorismo barato. Estamos hablando de las jubilaciones altas.

    —El gobierno presenta medidas que son de ajuste. Y son en el plano fiscal. ¿Cómo se puede decir que eso no es un ajuste fiscal?

    —Podemos discutir toda la mañana eso. Pero yo lo que digo es que la movilidad de la reforma tributaria es un hecho anunciado desde que se creó. Uno va viendo cómo funciona y la vas acomodando. Yo podría querer vivir en el mundo ideal donde no se pagan impuestos, pero ese mundo no existe. El problema está en la distribución de la carga. El equipo económico utiliza la palabra “consolidación fiscal”, puede ser esa u otra. No sé. A mí la palabra no es lo que me preocupa. Yo no voy a discutir sobre la palabra. Yo quiero discutir cómo todos los uruguayos nos sentimos que estamos haciendo el mismo esfuerzo. 

    Y por eso es que un grupo de sectores frenteamplistas pensamos en un adicional a los cargos políticos y legislativos. Puede ser marginal, pero simbólicamente estamos todos en el barco del esfuerzo. Y cuando yo le pido un esfuercito con el IRAE, le pido un esfuercito con los dividendos que se van para afuera, esto y lo otro… Estoy tratando de incluir a todos en el esfuerzo. A los de la franja más alta les voy a subir la tasa, y privilegio a los de las otras franjas. Eso porque sé lo que cuesta un alquiler, el transporte… Tengo esos números para ver el gasto que puede tener una familia de cuatro personas. No los zapallitos. ¡Me quieren comer zapallitos en julio cuando son producidos de invernáculo o importados! No, no. Cómanlos en enero que se los tiran por la cabeza. Estamos hablando de la sensatez.

    —Entonces, ¿se trata de un esfuerzo de todos?

    —A unos más porque tienen más posibilidades de darme una mano. La cuestión solidaria acá es muy importante. Yo sé que todo esto es discutible. Es momento de que todos hagan un esfuerzo. Es momento porque hay que ver cómo está la región y el mundo. Lo que dice el equipo económico es sensato. Todos estamos de acuerdo con el contexto que plantea. Tenemos que ser prudentes. Es necesario este esfuerzo y lo mejor es que sea lo más equilibrado posible.

    —¿Cómo toma las críticas de la oposición y los reclamos sociales como el cacerolazo del jueves pasado?

    –Creo que la libertad es libre. Todo el mundo puede expresarse y ojalá esto nunca más lo perdamos en Uruguay como lo perdimos en una época. Que cada uno se exprese. El único límite que tiene la expresión es el respeto al otro. Si caemos en lo de Brasil tampoco me gustaría. Ahí no hay respeto por nada. Si los vecinos de dos o tres barrios decidieron cacerolear, o tocar bocina, o tirar fuegos artificiales o lo que sea, tienen la libertad de hacerlo. En este país hay libertad de expresión y eso lo tenemos que preservar como el pan. ¡Como el pan! Y escucharlos y ver. No se me pasa ni por las tapas criticarlo. ¡Para nada! También yo sabía que se iban a escuchar algunas críticas desde el congreso de la Federación Rural, y sabía por dónde iban a ir. Cuando uno gobierna, lo hace para todo el universo de sectores sociales. Y si hay un sector social que está disconforme, no puedo prohibirle que se exprese y tengo que escucharlo. Eso no quiere decir que le dé la razón.

    —¿Ve elementos atendibles en los cuestionamientos?

    —No, yo no conozco la composición social de los que se expresaron. Pero evidentemente en Uruguay hay una diferencia salarial muy brusca entre lo que gana una empleada doméstica y, por ejemplo, un anestesista. Obviamente que yo voy a tratar que la balanza se incline para el más desprotegido. Al otro le puedo pedir un esfuercito. Al que gana más yo necesariamente le tengo que pedir un esfuercito. Porque podés ganar más por muchas circunstancias: porque heredaron algo, por haber tenido la oportunidad de capacitarse; y es verdad que tiene sus méritos pero tuvo la oportunidad. Las sociedades no son iguales por decreto. Para hacerlas más iguales tenemos que tratar distintos a los desiguales. Sé que mucha gente patea. Es un tema de fondo. Por eso digo: “ganás tanto, bueno, hacete un esfuercito”.

    —Es parte de la discusión sobre el camino al socialismo…

    –El camino al socialismo… En realidad tenemos una carencia en la izquierda. Tenemos  que sentarnos y discutir de vuelta el socialismo. Creo en el socialismo pero no sé si el socialismo en el que estoy pensando es el mismo que piensan otros. Nos está faltando teoría en este momento. Me gustaría en algún momento hacer un alto en el camino y discutir con la izquierda cuál es el modelo socialista que queremos.

    —En la oposición han señalado que estas medidas son producto de una herencia complicada del gobierno anterior. ¿Qué opina de eso?

    —Sí, yo lo escuché. No tiene nada que ver. La inversión de las empresas públicas que es una de las cosas que ponen, se tenía que hacer. En su momento el gobierno de (Luis Alberto) Lacalle intentó privatizar y la enorme mayoría de los uruguayos dijeron que no. La otra forma era dejarlas caer. Sin inversión, fue un relajo. Cuando aparece el Frente empieza a reordenar todo eso. Y una de las cosas imprescindibles era la inversión. La parte más fuerte se hizo durante el gobierno de Pepe. Y yo estoy de acuerdo con eso. Lo que se hizo fue necesario. Lo único discutible es si fue demasiado concentrado en el tiempo, demasiado rápido. Quizás tendría que haberse estirado un poco en el tiempo. Yo admito que eso es discutible. Pero no puede ponerse en duda que se haga. Si no se hace, es fundir las empresas. Eso de la herencia… Yo no estoy ni ahí.

    —Una de las críticas al gobierno pasa porque el aumento de impuestos no es acompasado por mejora de servicios. ¿Cree que es atendible?

    —Entiendo ese planteo. Que si yo pago cinco, que se me devuelva en servicios cinco. Pero el Estado ¿con qué se financia? Con los impuestos. Muy bien. Y yo tengo sectores de la sociedad que los he estado tratando de meter en la comunidad. Para eso tuve que desembolsar dinero en subsidios y en una cantidad de cosas, porque si no esos sectores los tengo excluidos. ¿Qué gracia tiene si te doy cinco y me pagás cinco en servicios? La solidaridad no pasa por ahí. No es una cosa matemática. Además yo le estoy dando. Porque ese tipo, esa persona, va a vivir mucho más feliz si toda la sociedad es más armónica e incluida, aunque no se dé cuenta. ¡Aunque no se dé cuenta! No tengo nada contra los ciudadanos que cacerolearon. Y debo tener un cantidad de amigos en esa zona. Y compañeros también.

    —¿Cree que estas medidas pueden tener costo político y electoral para el Frente Amplio?

    —Costo político tiene todo lo que se hace. Es aquello de que cuando vos beneficiás a uno, otro se puede sentir perjudicado. Lo que tratamos nosotros con esta redistribución que le estamos proponiendo al Ejecutivo es de minimizar ese costo. Después cómo vaya a impactar eso en el momento electoral, yo no tengo certezas. Ojalá tuviese la bola de cristal. Se anunció que lo de Pluna iba a impactar: ganamos con mayoría parlamentaria.