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    Los salarios de los periodistas

    Sr. Director:

    Prensa libre y burra. Se profesa de parte de la Sociedad Interamericana de Prensa, que usted dirige, que Uruguay es un país con prensa libre; la más libre del continente. Me parece pertinente referirme a esto, puesto que soy un firme creyente de que los periodistas somos verdaderos defensores de la libertad y la democracia.

    Admiro a su semanario, lo admiro mucho a usted y también admiro a otros periodistas y medios de prensa de nuestro país. Todavía hay talento, inteligencia e investigación en la labor periodística. Pero hay algo que preocupa sobre el futuro de nuestra profesión.

    El otro día leía en Twitter a dos respetados periodistas —uno muy respetado y consagrado, y la otra en claro ascenso en el entorno, muy inteligente— intercambiando anécdotas sobre cómo sus alumnos de la universidad no sabían lo que era la “ley de caducidad” ni tampoco que en el Parlamento se discutía el Presupuesto.

    Me metí en su conversación, pidiendo disculpas, y dí mi humilde opinión de que el futuro tremendo que pintaban estos estudiantes terminaban poniendo en peligro a la libertad y a la democracia. Me respondieron en seguida mostrándose de acuerdo.

    Entonces, como uno de ellos que buscaba soluciones a este tema, les dije: “Hay que pagar más. Ahí se les llena la clase de harvardsitos”, o algo por el estilo. Ese tuit, que tenía arrobado a los dos reconocidos periodistas no fue respondido, ni favoriteado. Es entendible que hacerlo podría significar que se interpretara que el uno o el otro dijera: “me están pagando mal”, “se paga mal”… En fin, que se metieran a hablar de sus jefes, de sus colegas y de dinero, que en Uruguay y en el rubro es un tema muy delicado.

    Lamentablemente, los salarios en el periodismo se han vuelto en algo tan despreciable que ni siquiera la pasión más absoluta lo lleva a uno a dedicarle la vida a un diario u otros medios de comunicación en donde se hace periodismo de verdad. Hubo una época en que sí se podía. Ahora hay que pulular de un trabajo a otro y andar con la presión alta y con infartos tempranos.

    O tener un trabajo solo y condenarse a ganar dos pesos.

    Entonces, esto escrito arriba, ya bien sabido especialmente por usted, es un problema que menoscaba la libertad y la democracia. Si se pagara bien, las mentes brillantes de nuestro país pensarían dos veces antes de dejarlo de lado e irse a Ingeniería, por decir algo. Incluso, tal vez grandes periodistas no dejarían de lado su trabajo para hacer comunicación corporativa, trabajar en una agencia, hacerle la prensa a una empresa, dedicarse al marketing o incluso cualquier otra cosa que le gusta menos, pero que no tiene más remedio que hacerla porque prefiere ganar más y evitar los ACV.

    Usted me dirá que más dinero no hay, como le habrá dicho a más de un empleado. Entonces yo le responderé que el dinero que falta, falta porque por un lado el periodista ya va a pelear una batalla perdida —la pasión por una profesión es un mal aliado a la hora de pedir aumento porque el patrón sabe que difícilmente deje el oficio—, pero en mayor parte porque el medio no ha sabido defender frente a las marcas lo que es la presentación organizada de la información, libre e independiente; no ha sabido mostrar el valor que es publicitar en un medio así.

    Frente a las marcas de este planeta, ese aviso cada vez valió menos, se vendió más barato y todos salieron perdiendo.

    Este valor, el del buen periodismo, es, por ejemplo en el primer mundo muy bien pago —claro que habrá mil ejemplos de los que usted sabe bien y yo no, donde se ha echado a periodistas en masa, y todo lo que ha sucedido con la revolución de Internet, y un largo etcétera. Yo conozco varios colegas del exterior que logran vivir bien siendo periodistas de un solo medio—. El empleador en algunos casos sabe que le sirve tener buenos paladines, buenos “harvardsitos” a su disposición, y que estos tengan una buena vida porque eso termina resultando en un buen negocio para todo el mundo.

    En nuestro país nosotros pensamos en que solo la pasión hará que, ganando 20.000 pesos y un par de canjes se le pueda dar de comer a dos hijos. Es una utopía.

    Por eso es que en las clases de periodismo de hoy los gurises no saben de actualidad y no saben de la historia. Porque los mejores cerebros se van para otro lado, otro en el que los empresarios saben defender el interés de sus trabajadores porque comprenden que haciendo esto, sus bolsillos se hincharán muchísimo más que haciendo lo otro.

    Sigamos así y no serán los alumnos los que no sepan eso, sino los que titulen diarios y editen páginas. Y eso, de alguna manera, a mí me parece que no será de ninguna manera lo que nos enorgullecemos en decir que es prensa libre. Puede que sea libre; libre pero burra.

    Por favor tenga en cuenta esto. Tal vez puede hacer algo para cambiar el rumbo de las cosas.

    Pablo Andrés Zanocchi Galeano

    Nota de Redacción: El Director de Búsqueda, Claudio Paolillo, no “dirige” a la SIP. Es, sí, el Presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información. Quienes dirigen a la SIP son su Presidente, el estadounidense Pierre Manigault, y su Comité Ejecutivo, integrado por casi medio centenar de editores de las Américas.