De los 300 liceos relevados por Secundaria, la mayoría (79) realizan actividades interdisciplinarias en la zona metropolitana, y 41 en el resto del país.
Dar pie en bola.
La modalidad de trabajo en grupos docentes resulta “muy positiva y un camino a seguir explorando”, según las inspectoras del Consejo de Educación Secundaria (CES) y otros docentes consultados por Búsqueda, pese a que también motiva resistencias en profesores, padres y alumnos.
“Con esta modalidad nos fue bastante bien y vamos a profundizar. Necesitamos un tiempo para evaluar, porque algunos (docentes) no dieron pie en bola. Pero el conjunto de las experiencias es bien interesante”, valoró Puente.
Más de un centenar de profesores descubrió otro modo de trabajar en la clase, añadió la directora de Secundaria y también profesora de Literatura.
Secundaria partió de una realidad educativa en la que los problemas comunes de los alumnos son la falta de hábito de lectura, dificultades para escribir y conceptualizar, escasa concentración, deficiente organización y elevado individualismo, entre otros.
Las primeras experiencias en grupos docentes se remontan a 2001-2002. En el liceo 52 de Villa García se unieron tres materias —Historia, Música y Literatura—, para abordar la época del 900, contó a Búsqueda su entonces directora Nelly Díaz, actual coordinadora del Espacio de Planificación del CES. Y recordó otro proyecto que unió Idioma Español, Música e Informática para estudiar la composición de una cumbia.
La inspectora explicó que desde hace tres o cuatro años se aplican modalidades similares en 29 liceos con módulos que incluyen talleres interdisciplinarios, competencias, redes y geografía 2.0.
El trabajo en tríos docentes ha arrojado resultados “excepcionales” en el liceo Nº 2 de Artigas, según su directora, Cecilia Lorier. Algo similar ocurre en los liceos 2 y 3 de Río Branco (Cerro Largo), que también entrecruzan asignaturas.
Balcanizada.
En los países que están a la cabeza de los resultados educativos, una de las estrategias clave que aplican es el trabajo docente colaborativo, dijo a Búsqueda la inspectora Regional del CES, Silvia Izquierdo, quien supervisa el área Metropolitana 1, Montevideo-San José.
“Venimos de una modalidad educativa balcanizada, donde está el docente parado frente a la clase que escucha, encerrada en un pensamiento homogéneo, con programas estandarizados… Y acá se trata de pensar con otro docente, para que del ida y vuelta surja algo mejor”, dijo Izquierdo.
Su colega, la inspectora de Institutos y Liceos del CES, Catalina Videla, supervisa la zona de Maroñas, Piedras Blancas, Manga, Cerrito de la Victoria, Mercado Modelo, Punta de Rieles y Villa García. De los 11 liceos, ocho trabajan con la modalidad de duplas. Ahí la experiencia ya está “naturalizada”.
En el eje de Camino Maldonado y Piedras Blancas, Secundaria exploró estas modalidades sobre todo para alumnos con rezago, y en casi todos los grupos se trabaja con duplas y tríos docentes, explicó Videla a Búsqueda.
La innovadora modalidad ataca “la hegemonía clásica del docente que se cree dueño de su clase y de sus alumnos”, completó Izquierdo, y citó como ejemplo el trabajo de la profesora Cristina Ferro (Filosofía) en dupla con Elisa Gómez (Historia) en el liceo 28 de Pocitos.
La experiencia.
A partir de 2015 el CES ofreció a los docentes de algunos liceos la posibilidad de trabajar en grupos. A fines de ese año, las profesoras Ferro y Gómez formaron duplas para el curso 2016 en el liceo 28, ubicado en Bulevar España y Ellauri.
“Los docentes ya no somos el faro de conocimientos. Hoy la información está a un clic y en todas partes, por lo que el educador debe cumplir funciones de moderador, orientador y gestor para ayudar al alumno a pensar y a trabajar en equipo”, dijo Ferro, con 33 años de carrera docente.
Ferro explicó que en sus clases los docentes suelen circular por el aula. Su línea de trabajo implica “rebatir el conocimiento fragmentario, rutinario, disciplinar, apenas informativo”. Según la profesora, cualquier disciplina puede maridar con otra. Por ejemplo, en su clase de 6° grado se da Historia del siglo XX, y ambas docentes buscan los ejes que atraviesan sus disciplinas. “Si damos las guerras mundiales, abordamos la problemática humana de los sobrevivientes, el tema de la alienación”.
Las matrices valorativas son distintas, cuentan más los objetivos de trabajo en equipo que permiten al propio alumno evaluar si cumple o no su meta. Pero no solo eso, también se le exige pautas y consignas individuales. “Y al ser cuatro ojos que les observan están más atentos, no tan pegados a los celulares, que también son utilizados para fines didácticos”, indicó.
Pero no es solo una metodología didáctica, hay cambios en el vínculo docentes-alumnos, en el aprovechar tiempos y espacios, y también en el contenido curricular.
La preparación de las clases consiste en una planificación conjunta de las parejas pedagógicas en la que ambas abordan un mismo tema, pero desde perspectivas distintas. Por ejemplo, lo aprendido en Matemática se profundiza en Informática y viceversa.
Cliché del escrito.
Sin embargo, esta innovación también genera resistencias. El modo tradicional de dar clase está tan arraigado que se manifiesta en la práctica de modo inconsciente, coinciden las autoridades. La idea de que el profesor solo debe informar y poner escritos permea en gran cantidad de docentes que rechazan trabajar en duplas o tríos, sea por falta de costumbre o bien de formación, o porque sencillamente no les convence la propuesta.
Entre las dificultades más recurrentes, los docentes refieren al sistema de calificación en grupos, porque entre dos materias puede haber diferencias de mínimos de exoneración, así como las diferencias en la cantidad de horas de cada asignatura y el formato de libretas y exámenes.
Pero lo que frena es la evaluación, dijo la directora de Secundaria. “Tenemos el cliché del escrito”, explicó Puente. “Si el enseñante tiene un estilo de clase magistral, querrá que el alumno vuelque los conocimientos de memoria, aunque sepa que mañana se olvidará”, dijo, y preguntó: “¿Para qué sirve memorizar la lista de los Borbones?”.
También hay padres que se quejan porque, al juntar materias, “el chiquilín tiene menos horas de clase”, cuando en realidad se puede aprovechar el tiempo de otra forma, sostuvo Puente.
Otras críticas que recibe esta modalidad provienen de los propios alumnos, acostumbrados a que todo lo haga el docente, añadió la profesora Ferro. “Porque la mayoría espera que una de la clase traiga los materiales, haga el esquema y hable. Y no entienden qué pasa si hay más docentes en clase. Preguntan: ‘¿Dos materias juntas? ¿Cómo nos van a evaluar? ¿Qué hacemos si nos vamos a examen?’”.
“Proponemos trabajos de elaboración y comprensión de texto, colectivo e individual. La consigna es dar las pautas, los objetivos y pedir la devolución en clase”, explicó Ferro. A su juicio, eso permite una atención más personalizada del alumno, favorece la integración de experiencias y promueve el deseo de buscar explicaciones.
“La clase ideal es aquella donde los chicos exploran y los docentes dan insumos en un espacio de reflexión, sean dos o tres profesores, incluso foros para un aprendizaje interdisciplinar”, sostuvo Ferro. Según la profesora, el sistema todavía no está preparado desde el punto de vista organizacional para este tipo de modalidades innovadoras, pero va en camino.