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Tras un buen arranque de temporada Nacional entró en un bajón, mientras que Peñarol tuvo un envión en la segunda parte del año que lo dejó en las puertas del bicampeonato. El próximo domingo 11 se enfrentarán en una definición que augura estadio lleno, reflejo de una pasión más fuerte que todo. O casi todo.
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Ya sea que jueguen manyas, bolsos o los demás clubes de la humilde Primera División, variables económicas como el nivel de desempleo y el ingreso medio de los hogares tienen un efecto negativo sobre la venta de entradas a las canchas, aunque en la afluencia de público también inciden factores como el clima y otros estrictamente deportivos, como la posición en la tabla.
El fútbol es una “industria deportiva” cuyo público no necesariamente se comporta de manera racional. ¿Qué lleva a una persona a pagar una entrada para ver un partido un día lluvioso y frío si puede mirarlo en la comodidad de su casa, incluso por un desembolso monetario menor? Centrándose principalmente en los incentivos económicos y deportivos, Maximiliano Machado analizó los determinantes de esa demanda en Uruguay para casi una década de partidos (entre agosto de 2006 y diciembre de 2016).
En dicho período se disputaron 11 torneos y se vendieron 8.526.667 entradas, de las cuales 28,7% correspondieron a Nacional, 27,5% a Peñarol y el restante 43,8% a los demás equipos. Es tanto el peso de los dos clubes más populares que, de ese total, apenas el 6,6% fueron boletos en partidos que no los tuvieron como uno de los protagonistas (se enfrentaron equipos menores).
El año con peor taquilla promedio por partido fue 2007, con 2.415; mientras el mayor, el 2010, con 4.190 boletos vendidos. Mínimo y máximo se dieron el 3 de junio de 2012 en un choque entre El Tanque Sisley y Cerro Largo con solo cinco entradas, y el clásico del 9 de noviembre de 2014 con 55.120.
“Producto” fútbol
Considerando los encuentros de fútbol como un “producto”, cada fecha ofrece ocho distintos durante 15 semanas hasta la finalización de los torneos. Los oferentes —los clubes— son monopolistas del espectáculo. La oferta es fija, ya que cada estadio tiene un aforo máximo no modificable a corto plazo. La cualidad de oferta fija hace que lo único que pueda alterar el monopolista es el precio de las entradas si pretende maximizar los beneficios.
Del otro lado, los consumidores presenciales del “producto fútbol” son algo distintos a los demás; los distingue el fanatismo o lealtad hacia su equipo.
Asumiendo que el costo de los boletos depende de la demanda esperada y esta de la incertidumbre del resultado y la calidad que se pretende del partido, podría verse la cantidad efectiva de entradas vendidas como asociada a cuatro factores determinantes —tasa de desempleo, ingreso medio de los hogares, el clima y la incertidumbre deportiva —, sin depender directamente de los precios, plantea el autor. Como limitación de su investigación reconoce que no dispuso de datos específicos sobre el precio de los boletos (que pueden variar en función de la tribuna y también según sean adquiridos por socios o no socios de los clubes) a los efectos de calcular cómo responde la demanda ante distintos precios (elasticidad).
Constató que mayores tasas de desempleo afectan negativamente la afluencia a los estadios. Un aumento de un punto porcentual en la desocupación produce, en promedio, una baja de 3,75% en la venta de entradas, si las demás variables no se modifican.
Por otro lado, ante un aumento de 1% en el ingreso medio de los hogares la venta de boletos se reduce 0,615%, en promedio. Esto hace a las entradas un bien “inferior”; así se clasifica aquellos cuya demanda tiende a decrecer a medida que los ingresos de los consumidores se incrementan. El autor señala como hipótesis que ello puede deberse al mayor acceso de los individuos a tecnologías que permiten ver los partidos con mayor confort —por televisión o Internet— o la opción por bienes “sustitutos indirectos”, como ir al cine o al teatro.
Dentro de las variables de tipo deportivo, las últimas victorias del equipo que oficia como dueño de casa tienen un efecto significativo en la demanda de boletos. En cambio, la cantidad de goles anotados previamente por el club locatario no resulta relevante. Peñarol fue el más goleador (609) en los campeonatos disputados entre 2006 y 2016.
Sí influye que el equipo llegue al partido en la parte alta de la tabla, ya que los que están en las primeras posiciones venden, en promedio, 9,24% más que los que vienen abajo. Nacional fue el club que logró más puntos en la suma de los torneos jugados entre 2006 y 2016 (614), seguido por Peñarol (595) y Defensor Sporting (593). Los bolsos también sobresalieron en títulos ganados (cinco) en ese lapso.
La etapa en que se encuentra el campeonato también tiene relevancia en la taquilla. En las últimas cinco fechas se venden, en promedio, 16,43% menos entradas que en las previas, lo que podría deberse a que a medida que el torneo va llegando a su conclusión varios equipos pierden posibilidades de ser campeones y de alcanzar los puestos de clasificación a copas internacionales, a la vez que puede haber clubes con descenso ya decretado.
Dentro del grupo de variables de “costo de oportunidad” de ir a una cancha, son relevantes los factores climáticos. La cuarta parte de los partidos entre 2006 y 2016 se jugó con al menos un milímetro de lluvia acumulada en el día.
Con un aumento de un milímetro de lluvia el día del juego las entradas vendidas se reducen 0,42%, a la vez que un incremento de un grado centígrado en la temperatura media hace que la taquilla aumente, en promedio, 0,85%. En suma, los climas secos y cálidos favorecen el consumo del “producto fútbol”.
El día de la semana en que se realiza el espectáculo deportivo también es relevante. En los partidos jugados sábados o domingos se venden, en promedio, 29,63% más entradas que los disputados entre semana.
Con clima futbolero por la semifinal del fin de semana, Machado presentó su estudio el jueves 8, en las VIII Jornadas Académicas de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración estatal.