“Otra preocupación que tengo es China” por el crecimiento que ha tenido un sistema bancario en las sombras que empieza a mostrar problemas, comenta. Si eso termina por estallar “sería un impacto inmediato en los commodities. Eso sí que es feo para nuestros países: bajan los precios de la soja, del cobre...”, señala este ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo.
—Un libro que se acaba de publicar en Buenos Aires muestra que los bancos han venido acumulando muchos depósitos y que es claramente una liquidez asociada con el cepo. El cepo ha llevado a que las empresas, como no pueden remitir sus utilidades al exterior, mantengan saldos líquidos mucho más altos que los que son normales. Esa es una montañita de liquidez, que se calcula en 5% del Producto Bruto Interno (PBI). Se parece mucho a lo que en Argentina se llamó “el Rodrigazo”, un episodio de los años setenta donde se disparó todo en un momento de exceso de liquidez.
Ese exceso de liquidez es muy grande y está creando una presión inflacionaria más allá del puro déficit fiscal, que da tranquilamente una tasa del 30%. Pero encima de eso está esa montañita, que es lo más peligroso.
Tomando eso en consideración, las medidas tomadas no atacan ese problema. A mí me preocupó cuando hablaron de liberalizar la tenencia de dólares; eso haría salir la liquidez al mercado y se volaría el dólar “blue” y con esto también los precios.
Desde el punto de vista práctico, con lo que se anunció no ha pasado nada, no se liberó nada. Sí se ha revelado otra vez que esta gente no tiene dirección, con lo que pierde capacidad de gobernar la economía.
—Si no se está atacando el problema de fondo, que parece ser fiscal, ¿qué cabe esperar que pase?
—¡Exacto! El lado fiscal está muy complicado porque lo que tendrían que hacer es reducir los subsidios a la energía. Hasta el momento la presidenta no quiere ir por ese lado porque sería muy impopular, sobre todo después de los recientes cortes de luz. Subir la tarifa sería un suicidio político...
Lo que veo es que podrían empezar a toquetear por aquí y por allá. Van a intentar poner mucho control sobre los precios, algo que se intentó varias veces y ha fallado.
Van a ir perdiendo el control de la inflación y las cosas pueden empeorar. En marzo son las paritarias; esto hace perder respeto del sindicato y la industria, que hasta el momento las tenían más o menos agarradas.
Existe, por tanto, la posibilidad de que la inflación se acelere. ¿Cuánto?, no lo sé.
—¿La economía argentina se parecerá cada vez más a la de Venezuela?
—Sí, sí. Pero todavía está lejos. La brecha en Argentina es minúscula comparada con la venezolana.
La buena noticia es que si hacen ajustes Argentina no está lejos de estabilizar su economía. La mala es que esta gente no hace el ajuste y que insulta al sector privado, por ejemplo refiriéndose de antipatrióticos o de ladrones a los que suben los precios. ¡Son cosas muy fuertes! Se están poniendo a 40 millones de habitantes en contra.
El cepo es lo peor que uno puede hacer para alentar la inversión extranjera.
—¿Qué repercusiones pueden tener estos problemas en Argentina para la economía uruguaya?
—En cierto sentido no debería pegar. Pero estando en el mismo barrio... los bancos se asustan y cortan el crédito por un rato. Así que no me sorprendería que tengan algún tipo de golpe crediticio.
Pero el problema no es tanto la Argentina; me preocupa el mundo. Argentina ya ha hecho tantas cosas en contra de Uruguay, que ésa es la buena noticia: se ha roto el link. Puede hacerle daño a Uruguay pero no lo hunde. Lo que puede hundir a la economía uruguaya es una salida fuerte de capitales.
—¿Por dónde visualiza los riesgos en ese plano?
—Los países emergentes, particularmente los que tienen déficit de cuenta corriente, están sufriendo. Y los que más están sufriendo son los turcos. Turquía tiene un déficit de 8% del PBI; duplicaron la tasa de interés para tratar de mantener los fondos y el mercado se mató de la risa.
En Turquía el 80% del déficit de cerca del 8% está financiado por fondos de corto plazo. Eso puede explotar y ser un foco de crisis importante. Es posible que si se agrava la situación pongan un cepo como en Argentina, lo que no es buena noticia porque va a asustar al inversor en los mercados emergentes.
Uruguay también tiene un déficit de cuenta corriente que no es chico, aunque no es Turquía. Es decir que hay lugar para que le pegue algo y la tasa de cambio lo puede reflejar rápidamente.
Otra preocupación que tengo es China, pero desde una perspectiva de la que se habla poco, que es la financiera.
—¿Dónde está el problema?
—China está en la cuerda floja. Allí se ha desarrollado un shadow banking que alcanza a ser el 50% del crédito. El ahorrista se ha ido hacia ahí porque los bancos chinos pagan una tasa de interés miserable, y el dinero se dedicó a préstamos de dudoso valor. Hay un banco muy grande que está por declarase en bancarrota.
El Banco Central de China decidió subir un poquito la tasa de interés. Para mí eso fue un mini Lehman; esto está indicando lo delicado de la situación.
Y en la mitad de esto, Estados Unidos está retirando los estímulos monetarios, lo que compite con cualquier sistema bancario del mundo. Esto puede darle un golpe al shadow banking chino; ¡sería gravísimo! Sería un impacto inmediato en los commodities. Eso sí que es feo para nuestros países: bajan los precios de la soja, del cobre...
Si el golpe viene por los términos de intercambio, el impacto será muy fuerte. Nuestra región ha crecido por los términos de intercambio sin hacer reformas. Ahora es de algún modo la hora de la verdad.
Con la recuperación económica de Estados Unidos hay un reflujo rápido de los fondos que habían ido al Sur. Si hay algo que hay que prestarle atención desde el punto de vista de Uruguay no es tanto Argentina —de la que se podría desligar y eventualmente contaría con el apoyo del Fondo Monetario Internacional, ya que el país aplica una política macroeconómica espléndida comparado con otros— sino la situación mundial. Si el problema es global, las líneas de defensa ya serían mucho más débiles.
—¿Europa seguirá dando dolores de cabeza?
—Tienen sobre el tapete la deflación de precios. A pesar de la política expansiva del Banco Central Europeo, los precios están subiendo menos que su inflation targeting y la economía no siguió cayendo, pero tampoco muestra mucha vitalidad. Mi lectura es que aquí hay un especie de equilibrio entre los emergentes y Europa. De ahora en adelante los dos están medio en la cuerda floja: la cuestión es cómo va Europa a compararse con los emergentes. Europa está muy débil; no tiene capacidad de manejo fiscal coordinado, no tiene todavía un sistema bancario regulado de manera uniforme y solo tiene una moneda y un señor Draghi muy generoso con sus préstamos a los soberanos. Por otro lado, los bancos si no tienen buena salud dependen mucho del Banco Central y no prestan. Algo parecido a lo que pasó con los zombie banks de Japón.
En resumen, no puedo ser muy optimista con respecto a Europa, aunque no necesariamente las cosas se van a poner mucho peor, excepto que lleve aparejado una deflación.