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    Me quedó claro

    No es broma

    En el Comité de Base Arbustito, de La Teja, el que está al lado del Club Arbustito, había habido festejos y alegría. Es que el PIT-CNT había alcanzado las firmas para promover el plebiscito sobre la seguridad social, y eso, para los integrantes del comité, era motivo de satisfacción.

    La noche anterior habían hecho un pulpón a las brasas en el medio tanque de la vereda, y ahora el Pocho y la Maribel estaban sentados en la puerta de la sede, tomando mate.

    Don José, un jubilado del barrio, había salido a caminar aprovechando estos lindos días de otoño con sol. Eran las cinco de la tarde, cuando don José pasó por el club/comité, y saludó a los compañeros que tomaban un amargo.

    —¡Don José, cómo le va! —dijo el Pocho, saludando con cordialidad al viejo y conocido vecino del barrio—. ¿Salió a estirar las piernas? —agregó, para entrar en la conversación.

    Don José se acercó a saludarlos a los dos, un abrazo al Pocho y un beso en la mejilla a Maribel, que entró a la sede para sacar otra sillita plegable, de manera que el visitante se sentara a conversar.

    —Así que festejaron por lo de las firmas —arrancó don José, que había escuchado desde su casa, que está a la vuelta, los parlantes del comité la noche anterior convocando a la celebración.

    —Y sí, claro —replicó Maribel— los compañeros de este comité estábamos todos de acuerdo que había que firmar, porque este atropello de la ley que aprobó este gobierno sin rumbo, como dice Carolina, había que atacarlo con fuerza. Acá firmamos todos —concluyó.

    —Bueno, todos, lo que se dice todos, no —replicó el Pocho.

    —¿Cómo que no? —interrumpió Maribel— ¿quién decís que no firmó? —agregó subiendo un poquito el tono.

    —Yo, por ejemplo, no firmé —aclaró el Pocho, y cuando iba a seguir, Maribel lo cortó en seco.

    —¿Festejaste anoche como el mejor, y ahora venís a decir que no firmaste? —le espetó.

    —Festejé que se juntaron las firmas, pero eso no quiere decir que haya firmado —aclaró el Pocho—. Ahora habrá que ver, como dice Yamandú, qué es lo que hacemos si seguimos en la libertad responsable…

    —El que inventó la libertad responsable es el Cuquito, no metas acá al Pompita, lo que dijo Yamandú fue la libertad de acción, y habrá que ver si proponemos un gran diálogo nacional después de ganar las elecciones, con la amplia participación de todas las fuerzas sociales —discurseaba Maribel— como dijo Fernando, que fue presidente del PIT pero ahora es el jefe del partido, para…

    —Vo, Maribel, ahora si se aprueba el plebiscito en las elecciones, se modifica la Constitución, y minga de gran acuerdo nacional, flor de bolonqui se puede llegar a armar, —enfatizó el Pocho— porque está todo eso de la confiscación de los fondos de las afás, o como se llamen, ya lo dijo Oddone el otro día, y hasta dijo que el Frente debería haber votado la ley que salió en este gobierno, y Oddone va a ser el ministro de Economía del gobierno del Frente, porque…

    —Minga de ministro va a ser ese oligarca, el ministro de Economía del Frente va a ser Olesker, que tiene un título de la misma universidad en la que se doctoró Raulito, vas a ver, ese sí que sabe que hay que confiscar toda la guita que ahorraron unos giles neoliberales despreciando al pueblo, que se quiere jubilar a los 60 años y vivir dignamente —afirmó Maribel, que demostró estar en la línea de combate con uñas y dientes.

    A todo esto don José guardaba un prudente silencio, contemplando la frágil armonía que parecía haber habido hasta este momento entre los dos correligionarios, a los que se les estaba frunciendo el ceño en forma creciente. Se animó a hacer una pregunta aclaratoria, para entender un poco mejor la situación.

    —¿Será que no hay una misma opinión acerca de la conducción económica si gana las elecciones el Frente Amplio? —arriesgó don José.

    ¡Para qué! Se hizo un silencio, y los dos compañeros cruzaron una mirada centelleante.

    —Mire, don José, —arrancó el Pocho— si el presidente es Yamandú, va a haber una línea respetuosa y moderada, tratando que no se perjudiquen los ahorros de miles, qué digo miles, un millón y medio de trabajadores que juntaron millones de dólares para tener una jubilación digna y…

    —Dale, sabandija, —lo cortó Maribel— esa guita es del pueblo, y para el pueblo, la que va a ganar es Carolina, y el socialismo llegará por fin a estas tierras, de la mano de una luchadora valiente y aguerrida como Carolina, para eso estamos trayendo al compañero kirchnerista Axel Kiciloff, que nos va a dar una clase de cómo se le confiscan los ahorros a los neoliberales y se vuelcan a las manos del pueblo, ellos ya lo hicieron en la Argentina, es con Carolina que nos vamos para arriba, no con tu Yamandú, que anda defendiendo a los barrios privados que él mismo promovió en Canelones, para que el Cuquito viviera en La Tahona a espaldas de los pata en el suelo… y…

    —Carolina, sí, tu Carolina, —la cortó el Pocho— la misma que todavía no se sabe si firmó para que el pueblo decidiera o porque si no, los bolches le cortaban los víveres, gracias a que el MPP le puso el hombro a Yamandú hasta ahora los venimos frenando, que si no…

    —Callate, atrevido, y ya no te cebo más el mate, porque el que tiene el mate lavado sos vos, patotero, le espetó Maribel.

    Don Juan se levantó y pretendió despedirse, pero no lo logró, porque los dos compañeros seguían enfrascados en un combate verbal que subía de tono.

    Igual les dijo irónicamente: “Chau, muchachos, gracias por los datos, todo me quedó claro”.

    Se alejó caminando despacito, y al dar vuelta la esquina todavía se escuchaban los gritos de la “unidad partidaria”.

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