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    Menéndez busca “recivilizar” al Ministerio de Defensa en medio de dificultades dejadas por el estilo de Fernández Huidobro

    La nueva conducción del Ministerio de Defensa encabezada por el ex diputado socialista Jorge Menéndez busca, con dificultad, recuperar el control civil en esa secretaría de Estado luego de una larga e intensa gestión del ex dirigente tupamaro Eleuterio Fernández Huidobro, dijeron a Búsqueda fuentes políticas.

    Fernández Huidobro, fallecido en el ejercicio de su cargo en agosto pasado, fue el quinto ministro de Defensa del Frente Amplio.

    Para debutar en su primer gobierno, Tabaré Vázquez eligió a la veterana abogada socialista Azucena Berrutti, una mujer que se manejó con tino pero “mano de hierro” para conducir a los uniformados en un novel relacionamiento que se avizoraba difícil.

    Luego de que Berrutti decidiera renunciar para no enfrentarse con Vázquez a raíz de un incidente con su hermano Jorge, y que por la principal oficina del Palacio Castro pasaran José Bayardi y Gonzalo Fernández, el cargo recayó en Luis Rosadilla, que renunció en julio de 2011 aduciendo razones de salud.

    La llegada del Fernández Huidobro fue una buena noticia para muchos militares, porque luego de enfrentarse con las armas en la década de 1970 habían descubierto un pensamiento nacionalista en común y además casi nunca habían dejado de dialogar.

    El ministro fallecido, que pasó a tener mejores vínculos con los viejos adversarios que con muchos de sus propios ex compañeros de militancia, mantuvo una relación distante con Menéndez durante el período que este fue subsecretario.

    Fernández Huidobro estrechó lazos con los jerarcas militares, con los que hablaba el mismo idioma y coincidían en la preocupación por los asuntos estratégicos.

    La contracara de ese buen vínculo con los oficiales, incluido el espinoso asunto de cómo saldar el tema de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, fue un retroceso respecto al control civil sobre una cartera caracterizada por la autonomía de las Fuerzas Armadas respecto a los ministros.

    Fernández Huidobro, sin volver formalmente a la época de la doctrina de la seguridad nacional, habilitó de hecho que los militares se ocuparan de todos los asuntos estratégicos, en especial los recursos naturales y quitó presión a las pretensiones de control civil.

    En ese contexto, los decretos del Poder Ejecutivo 105 del 2014 y 129 de 2016 recibieron criticas de sectores del Frente Amplio porque ampliaban las potestades de los militares.

    El 22 de diciembre pasado, con motivo de los 188 años del ministerio, Menéndez reafirmó en un discurso la vigencia de esos decretos, firmados por José Mujica y Vázquez respectivamente, y enunció los principales objetivos de la Defensa, entre ellos en control de armas a través del Servicio de Material y Armanento (SMA), un tema de conflicto con el Ministerio del Interior que el anterior jerarca había logrado tener bajo control.

    A diferencia de su antecesor, Menéndez no cuenta a priori con respaldo entre los uniformados. No solo no estuvo en las “trincheras” ni en las cámaras de tortura, sino que tampoco destacó como estudioso de la cuestión militar ni es un líder carismático y entre sus principales galones cuenta con haber presidido la comisión respectiva de Diputados.

    Verdes socialistas.

    Para encarar la “recivilización” del ministerio, Menéndez recurrió a técnicos del Partido Socialista como José Korzeniak (hijo) (Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos) y Claudio Alonso (Asuntos Internacionales) y a independientes como Marti Largalarrondo (Políticas de Defensa), aunque tuvo que aceptar que la subsecretaría y la dirección general quedaran en manos de adherentes al Movimiento de Participación Popular (MPP).

    Fuentes cercanas a Defensa confirmaron a Búsqueda que, tal como insinúa el cesado ex director de Asuntos Sociales Víctor Braccini en una carta (ver Búsqueda Nº 1905), la intención de Menéndez era que la senadora Ivonne Pasada ocupara la subsecretaría.

    Sin embargo, la decisión del MPP fue designar para ese cargo a Daniel Montiel, que fue jerarca de recursos pesqueros (Dinara) y ganó conocimientos en temas de Defensa desde que estuvo vinculado al ex subsecretario Gabriel Castellá, pionero en el estudio de estos temas.

    “Dios lo tenga en la gloria, para mi forma de pensar”, dijo Menéndez de su antecesor y advirtió que con su designación “no se crea un nuevo ministerio”, sino que “continúa el que está en marcha” desde 2005. “Yo soy de los que creen que en esta área sensible de las políticas públicas, de nuestro Estado, deben darse los más amplios acuerdos”, consignó entonces “La Diaria”.

    Quizás para reafirmarse, a diferencia de Fernández Huidobro, Menéndez sancionó a dos comandantes: al almirante Leonardo Alonso de la Armada (dos veces) y al brigadier general Alberto Zanelli (Fuerza Aérea) pordeclaraciones relacionadas con cuestiones presupuestales.

    También puso en marcha una revisión de la existencia de los Tribunales de Honor y proclamó una política más atenta al revisionismo del pasado reciente.

    El politólogo especializado en temas de Defensa, Julián González Guyer, dijo a Búsqueda que “aún es pronto para evaluar la gestión del nuevo ministro, más cuando le tocó asumir después de quien lo hizo” pero advirtió “señales de cambio”.

    Sobrevolando la actuación del ministro figuran dos temas sensibles: la investigación acerca del espionaje militar a civiles en democracia y el proyecto de ley de retiros.

    En el episodio de la sanción a Alonso por sus reivindicaciones en el Día de la Armada, Menéndez aclaró que no tuvo conocimiento del discurso del comandante en jefe antes de que este lo pronunciara, algo infrecuente y que puede demostrar debilidad.

    En la interna del Ejército, la principal fuerza, cayó mal que Menéndez hubiera dicho a dos agregados militares extranjeros, primero de Israel y luego de Canadá, que la Defensa Nacional no es una prioridad de este gobierno.

    Información Nacional
    2017-02-16T00:00:00