Sr. Director:
Sr. Director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn atención a la carta respuesta del Sr. Raúl Ronzoni (Búsqueda, 2 de mayo de 2019), le agradezco permita valerme nuevamente de este espacio.
Sr. Raúl Ronzoni:
No puedo —ni debo– iniciar estas líneas del tema central por hechos ocurridos en 1974 en el cuartel de Casavalle 4600 y citados en escritos anteriores, sin dar precisión a algunas de sus “sentencias”. Con una conocida frase intentaría sintetizarla: “no hay mejor defensa que un buen ataque”, aunque lo de “bueno” quedaría en el debe para este caso.
“No soy responsable de su incapacidad, haraganería o abulia”, afirma otorgándome tales “cualidades” ante mi reclamo por haber usted publicado textualmente la novena parte de un documento reservado. Tratemos de aclarar su “distracción” y pulir tal rudeza expresiva. A un expediente con esa clasificación no accede un ciudadano común como yo. No podría ampararme en “mis fuentes”, como usted hizo usando las suyas. Varios medios de prensa de mi parte fueron consultados por escrito con resultados infructuosos. Válido es recordarle entonces: sigue usted en deuda con la sociedad.
Continuó y corrió los límites básicos del respeto ciudadano y el suyo propio al afirmar: “Insinúa que por haber obtenido esa información formo parte de una conspiración contra su candidato” (el subrayado es mío), anunciando con subrepción entre líneas mi intención como votante. (¡Increíble!; ¿habitualidad en sus columnas?).
Si alguna molestia pretendió causarme, lo logró al sobrepasar el grado tolerante de la osadía involucrándome al barrer como integrante de logias. Su “atribución” me obliga a desnudarle algo de mi ego, y entérese: durante toda mi vida he practicado la autonomía e independencia más absoluta en mis conductas con libertad de conciencia en cualquier ámbito, incluyendo el militar (necesaria aclaración esta, para aquellos que aún perciban la vida castrense transitando inexorablemente por el único carril de un “¡Sí, señor, ordene!”). Al respecto, podría hasta aceptarle el extremo de ser calificado con excesivo individualismo, lo que, se deduce, me ha mantenido por causalidad al margen de logias o cofradías de cualquier clase. Sepa también que con su aseveración facilona faltó a la verdad y a la buena fe de los lectores.
En otros párrafos, subjetiva y gratuitamente ubica mi libertad de expresión “dependiente de terceros”, ¡qué tupé!, ya lo expliqué renglones arriba.
Terminemos por fin estas líneas con lo más relevante, como lo es la muerte en prisión de dos inocentes: el general Miguel Dalmao y el coronel José Chialanza.
Contrariamente a lo que afirma, leí las actas de los acontecimientos de 1974 y ¡no hubo testigos!, nada más y nada menos –ni tan siquiera apareció uno entre más de 400 efectivos que revistaban en ese cuartel y obviamente estos con “los miedos” posdictadura más que disipados– como repito haberle señalado en carta de enero 2015. Ahora, si para usted tal calidad es válida siempre que aquellos caminen en la “dirección y sentido correctos” –ejemplos sobrarían–, entonces le otorgo la razón.
Ante el ponderado y libre juicio de los lectores de Búsqueda, que hayan reparado en el anterior escrito motivante de su respuesta, así como el vinculante del 15 de enero 2015 en este mismo espacio, someto una vez más todas y cada una de mis exposiciones.
Finalmente, créame que con respeto y honestidad le formulé la invitación en misiva anterior —y mantengo– con la idea que vea, aprecie y termine formando juicio propio y no permanezca solo con el exclusivo que hasta hoy le ha otorgado la vista de las actas judiciales. Convencido estoy y reitero: de concretarse el planteo, al menos se aproximará usted al territorio donde habita, entre otros, un superior principio del Derecho Penal Moderno que muy bien conoce: in dubio pro reo. (La duda a favor del reo).
Coronel Carlos O. Angelero