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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa semana pasada en esta sección el coronel Carlos O. Angelero cuestionó diversos aspectos de mi columna del 11 de abril, Mentiras en 87 palabras. Refería a las mentiras del ex comandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos, en defensa del extinto general Miguel Dalmao, coautor en 1974 del “homicidio muy especialmente agravado” de Nibia Sabalsagaray por el que en 2013 fue condenado a 28 años de prisión.
También se refirió a otros ocho procesos contra militares con cuestionamientos a jueces y fiscales, pero mi columna solo fue sobre el de Dalmao.
El ex comandante en jefe usó argumentos falaces, engañosos, fraudulentos, que transcribí. Señalé que desde 2004 intervinieron diferentes jueces y fiscales así como peritos forenses. Angelero me atribuye mala fe por reseñarlo. Afirma que cité “un cenáculo aumentado del sistema judicial”. En buen romance, que inventé. Por ahora difamar le ha salido gratis.
El respaldo a Dalmao del expresidente José Mujica y del extinto ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro (¿solidaridad de combatientes?), y entre otros militares de Manini Ríos y Angelero (¿solidaridad nostálgica?) robustecen la opinión del nuevo ministro de Defensa José Bayardi. La semana pasada en Búsqueda, Juan Pablo Mosteiro y Sergio Israel sintetizaron su opinión en el título de la entrevista: El Frente Amplio no cambió las cabezas en las Fuerzas Armadas y las nuevas generaciones son ‘rehenes’ de la ‘familia militar’.
Los defensores de Dalmao transitan en esa dirección. Como integrantes de la “familia militar” desprecian la separación de poderes, la independencia de jueces y fiscales y el respeto por los derechos humanos. En suma, el sistema democrático. Desde el fin de la dictadura los mandos nunca cuestionaron explícitamente a los asesinos y torturadores que integran su “familia”. Aunque más no fuere para recuperar parte de la dignidad perdida y blanquear a las nuevas generaciones.
Si Manini Ríos se hubiera pronunciado en otro ámbito —por ejemplo, como candidato presidencial— hubiera sido demagogia electoral. Pero como comandante en jefe del Ejército en un documento oficial le mintió al presidente Tabaré Vázquez, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Angelero se asombra de que haya accedido al escrito de Manini Ríos y se queja de que él no pudo. No soy responsable de su incapacidad, haraganería o abulia. Insinúa que por haber obtenido esa información formo parte de una conspiración contra su candidato.
Si hubiera analizado todo el expediente judicial en lugar de exponer solo argumentos defensivos emocionales constataría que se demostró que Sabalsagaray murió mientras era torturada y que no se ahorcó con un pañuelo, como se argumentó. Desde la primera sentencia de apelación quedó claro que fue “un caso de homicidio y no de suicidio”.
Cuestiona Angelero que “en forma antojadiza” me referí solo a Dalmao pese a que Manini Ríos citó otros ocho casos. Podría decir que lo hice por mi derecho a elegir sobre qué escribir porque mi libertad, a diferencia de la suya, no depende de terceros. Igual explico las razones: a) Dalmao fue condenado por el homicidio bajo tortura de una militante del Partido Comunista. No se le atribuyó otra actividad ilegal pese a que para imputar la dictadura no tenía límites, b) porque en la historia es el único general en actividad condenado, y c) porque de los nueve casos ha sido el más debatido.
Con obsesión conspiranoica me atribuye haber escrito con “causa y propósito” para desacreditar a Manini Ríos como candidato. Nadie en su sano juicio puede creer que una columna pueda desacreditar a un candidato presidencial. Especialmente porque el excomandante gestó su propio descrédito. Empezó en setiembre del año pasado cuando Vázquez ordenó su arresto por 30 días por realizar comentarios públicos sobre un proyecto político de reforma de la “caja militar”. Ya estaba en campaña. Siguió el mes pasado cuando el presidente lo destituyó por cuestionar la imparcialidad de los jueces en procesos a militares.
Su descrédito lo aumenta una opinión de Bayardi. Considera que debería sancionarlo con arresto a rigor por haber ocultado durante 10 meses las confesiones de José Nino Gavazzo en el Tribunal de Honor sin seguir las normas que obligan a detener el trámite y denunciar. Pero el ministro no lo sancionará para preservar su derecho como candidato. Sin embargo, aunque no lo dijo, lo podría sancionar luego de los comicios si no logra inmunidad y se retira a cuarteles de invierno.
La filosofía de Angelero y Manini Ríos no es nueva ni única en la “familia militar”. El 8 de enero de 2015, luego del fallecimiento de Dalmao, el general retirado Wille Purtscher escribió una carta delictiva y antidemocrática (Búsqueda Nº 1.798).
Afirmó que la muerte de Dalmao fue un “asesinato” y amenazó con que “por algún medio” llegará la “venganza”. Responsabilizó a los “jueces que se creen dioses”, son “corruptos y obedecen a ideologías partidarias”. Fue sancionado con solo ocho días de arresto a rigor (por generosidad de Mujica y Fernández Huidobro) y fue procesado y condenado por amenazas.
Angelero tiene pleno derecho a expresar sus sentimientos. Lo ha hecho antes en este mismo espacio y en otros como integrante de logias y organizaciones de militares sin aportar pruebas sobre la inocencia de Dalmao, salvo una entelequia discursiva.
En Derecho Procesal se suele utilizar una expresión latina: Quod no est in actis no est in mundo (lo que no está en actas no está en el mundo). Como para todos, en el caso de Dalmao lo que no surge del expediente no existe salvo en la frondosa imaginación de quienes lo defienden sin pruebas.
Por esa razón me viene a la memoria el recuerdo de un veterano juez que utilizaba una irónica frase para dirigirse a quien divagaba: “Téngase por desahogado”.
Raúl Ronzoni