Lejos de perder la tradición de comer un buen asado, en los años recientes el consumidor uruguayo aumentó la ingesta de pollo, principalmente en los estratos de menor poder adquisitivo, que eligen ese producto en lugar de la carne vacuna “por su precio” inferior y por considerar que “es más saludable”.
Así lo señaló a Campo el jefe de la Dirección de Contralor Interno del Instituto Nacional de Carnes (Inac), Gabriel Costas, basándose en los resultados de una encuesta encargada por ese organismo a la empresa Factum.
En 2014 el consumo de carne bovina se estabilizó en 60 kilos por habitante en Uruguay, que es un nivel similar al de años anteriores, mientras que el de pollo aumentó casi 3 kilos, para quedar entre 22 y 23 kilos por persona, destacó, a modo de adelanto del cierre del informe anual del mercado interno del Inac.
El consumo de pollo en los barrios considerados de clase baja y de menor poder adquisitivo se duplicó entre 2005 y 2013: de 7 kilos por habitante pasó a 14, según datos de ese organismo. Pero también aumentó el consumo de las carnes bovina y porcina.
Muestran que en las tres franjas de consumidores, con alto, medio y bajo poder adquisitivo, hubo un incremento en el consumo de carnes.
En el caso de la carne vacuna, si se compara el consumo de 2005 con el de 2013 hubo un aumento, pero en algunos años de ese período fue superior al de 2013, indican.
Esa situación se dio con más frecuencia en los niveles de consumo de sectores de poder adquisitivo medio y alto. Conforme al Inac, 2009 y 2010 fueron los años de mayor consumo de carnes en esos estratos, especialmente de la bovina.
Mientras que en los barrios de clase baja el nivel de más alto consumo de carnes fue en 2013.
Precio, salud y clichés
Dijo que “el uruguayo, en lo que tiene que ver con la salud y la alimentación, repite muchos clichés: el uso de hormonas en los pollos, la cría de cerdos en la basura y otros”.
“Todos clichés que son completamente falsos”, señaló.
Por eso, Costas, consideró que “uno de los grandes desafíos del Inac es desmitificar” esas creencias de los consumidores.
Es necesario “trabajar con los médicos, porque a veces uno consulta a un pediatra y te dice: no comas carne de pollo, o un nutricionista te recomienda no consumir carne de cerdo, porque es malísima para el colesterol”, comentó.
Señaló que es necesario establecer claramente la direncia entre lo que es la carne de cerdo y lo que son los chacinados.
Respecto a la encuesta, ese técnico del Inac dijo que una de las cosas que les llamaron la atención, fue la preferencia del público por el consumo de carne de pollo fundamentalmente en las zonas de más bajo poder adquisitivo. Sobre estos resultados anotaron que “por gusto se quedan con la carne vacuna, pero por salud y por precio eligen el pollo”.
Una de las consultas formuladas a los encuestados fue sobre qué beneficios encontraban en la carne de pollo para preferir su consumo frente a otras carnes. “Lo primero que respondieron fue por el precio y en segundo lugar, dijeron que la preferían en virtud de que la consideraban más saludable que la carne roja”, contó.
Mencionó que algunos argumentos de los consultados pueden verse “contradictorios”, porque “consideraron que el pollo es más saludable que la carne vacuna, pero dijeron que uno de los puntos en contra que tiene la carne aviar es el método de crianza y engorde de los pollos”. Eso indicaron en alusión a la imagen que se tiene entre los consumidores de que los pollos son alimentados en galpones sobrepoblados, donde los animales tienen poco espacio para moverse para que ganen peso en menos tiempo.
Algunos de los temas vinculados al consumo de pollos en los que pretende ahondar el Inac son: la frecuencia de compra del producto, las preferencias por franja etaria, por poder económico, entre otros factores. El objetivo es elaborar un perfil del consumidor y encontrar una respuesta a por qué el consumo de pollo no registra un aumento significativo a pesar de la baja del precio, indicó.
Dijo que “no hay una relación de precio entre el carne vacuna y el pollo; en el caso de la primera está vinculada a los valores de exportación y en la segunda, está más atada a las oscilaciones entre la oferta y la demanda” del producto. En ese sentido, Costas recordó que desde hace algunos meses se trancaron las exportaciones de pollos a Venezuela y eso generó una mayor oferta en el mercado interno.
La demanda semanal de carne aviar en el país varía entre 5.000 a 6.000 toneladas, a excepción de noviembre y diciembre, que registran un aumento, precisó.
Contra el comercio ilegal
Como parte de una campaña de concientización de la población sobre la importancia de adquirir carne en carnicerías habilitadas oficialmente para el cuidado de la salud, el Inac inició este mes la difusión de un folleto con algunas recomendaciones para los consumidores.
Como argumento central destaca que la carne comercializada en locales autorizados proviene de frigoríficos avalados y controlados por el Ministerio de Ganadería, destaca ese organismo.
Advierte que si ese producto no es inspeccionado por un veterinario oficial puede provenir de un animal portador de alguna enfermedad que pase inadvertida por el productor.
Es “falso” el mito de que el cordero o el lechón faenado en establecimientos rurales es mejor que el procedente de los frigoríficos, según Inac.
Indica que “las ventas de carne por particulares proviene de faenas antirreglamentarias y en su mayoría están asociadas a abigeato”.
A la hora de comprar carne en una carnicería evalúe las condiciones de higiene del local, del personal, de los utensilios y el manejo de la mercadería, recomienda.
Otro requisito establecido legalmente es que la carne picada ofrecida en las carnicerías no debe superar el 20% de contenido de grasa, para cuyo control el Inac cuenta con equipos de medición importados de Escocia, informaron a Campo jerarcas de ese organismo.