Semanas atrás un temporal azotó el país y generó fuertes ráfagas de viento. Según informaron diferentes meteorólogos, las rachas alcanzaron los 98 kilómetros por hora en Punta del Este y alrededor de 80 en Montevideo; sin embargo, no pudieron determinar cuál fue su pico máximo, ya que el fenómeno comenzó en la noche, cuando las estaciones meteorológicas atendidas por personal estaban cerradas.
Según explicó el meteorólogo Guillermo Ramis el 24 de mayo en Radio Sarandí, muchas de esas instalaciones dejan de funcionar alrededor de las 19 horas. Eso es un problema para realizar los pronósticos, ya que las estaciones automáticas “no son demasiado confiables” y “no muestran las rachas correctamente”, indicó. “Entonces hay que recurrir a otras estaciones privadas, que no son la vía oficial, que cubren esos agujeros y son más representativas que una automática, que a veces funciona y a veces no”, señaló.
Otros meteorólogos coincidieron con ese punto. El vicepresidente de la Asociación de Meteorólogos del Uruguay y coordinador del Instituto de Formación en Meteorología, José Serra, dijo a Búsqueda que el problema es que una estación automática “no suple al observador meteorológico”, ya que no puede ofrecer información como la presencia de relámpagos, el tipo de nubosidad o el grado de visibilidad. “Ni siquiera permiten hablar de tendencias”, indicó Serra.
Si bien el experto no cuestiona la calidad de las estaciones automáticas del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) —hay 19 en todo el país—, sí identifica una falta de personal formado que pueda atender una estación convencional y que trabaje en forma paralela.
“Cuando se termina la observación a las 19 horas, me quedo sin información vital para la elaboración de un pronóstico”, indicó Serra. Para él, esto responde a la merma de observadores y a la falta de recursos, lo que lleva a que la red meteorológica del país sea cada vez más automática y “que se disminuya la cantidad y calidad de los datos”.
El meteorólogo Nubel Cisneros, en tanto, dijo a Búsqueda que en el mundo las estaciones meteorológicas automáticas se utilizan, sobre todo, en lugares de muy difícil acceso para el observador.
“Una persona va a ser mucho más fiable, ya que las estaciones automáticas por lo general tienen problemas y errores. Es lo que recomiendan los organismos internacionales”, explicó. Incluso, aseguró que si se analiza la curva de seguimiento de los pronósticos elaborados a partir de estos instrumentos, se puede ver que “tienen un déficit grande” respecto a los registros de temperatura y viento.
En cuanto a las horas de cierre de las estaciones convencionales (hoy funcionan 23 en todo Uruguay), Cisneros sostuvo que hay muy pocas con personal las 24 horas, un debe que a su entender todavía tiene el país.
“Deberíamos tener por lo menos cubierto todo el territorio nacional con estaciones con personal, pero hay carencias y por eso se están instalando estaciones automáticas en lugares que a veces no son ideales”, opinó.
Por su parte, el presidente del Inumet, el mayor retirado Luis Alberto Loureiro, dijo a Búsqueda que lo importante de las estaciones automáticas es “mantenerlas calibradas”, para lo cual se necesita personal. En ese sentido, dijo que el instituto no hacía una licitación para el mantenimiento de ese tipo de estaciones desde hace al menos ocho años debido a su alto costo, pero que hoy se está trabajando ese aspecto. “Nuestra administración es desarrollista en esta materia, con el fin de asegurar la calidad de los datos y nuestro prestigio a nivel internacional”, indicó.
Según dijo el jerarca, las estaciones meteorológicas automáticas funcionan en todo el mundo y calibradas adecuadamente, brindan mediciones de viento “sumamente respetables”. Hoy cuando se constata una medición desajustada respecto a la realidad, Inumet manda un equipo de técnicos a ajustar o sustituir el instrumento, explicó.
En ese sentido, dijo que esta semana comenzó a funcionar una misión llevada adelante entre la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, técnicos de Inumet y una asesora científica, que recorrerá estaciones meteorológicas como la de Colonia y Paysandú para corroborar in situ datos específicos sobre las mediciones de viento a las que hoy no están accediendo, ya que muestran resultados y datos discrepantes.
Según Loureiro, los vientos “son la variable meteorológica más difícil de medir”, así como la más costosa y la que requiere de mayor participación de personal en el lugar.
“El mantenimiento de las estaciones meteorológicas automáticas y el funcionamiento de las convencionales significan prácticamente el 70% del presupuesto de Inumet”, informó.
Cisneros no coincidió con este punto y aseguró que el viento “es uno de los parámetros más predecibles, regulares y fáciles de medir”. En tanto, Serra cuestionó: “Hay instrumentos específicos para medir su intensidad. ¿Difícil en función de qué?”.

Falta de recursos
Las estaciones meteorológicas convencionales tienen diferentes horarios; mientras que las ubicadas en los aeropuertos funcionan 24 horas, otras permanecen abiertas entre 8 y 12 horas y generan al menos dos mediciones diarias.
Loureiro afirmó que hoy Inumet no puede contratar el personal necesario para atender estos puntos durante todo el día y aseguró que la automatización es una tendencia mundial que responde a una razón económica a la que Uruguay no escapa.
“Cuando existía la Dirección Nacional de Meteorología, contaba con más de 500 funcionarios para hacer la misma función que realiza hoy Inumet con 205. No puedo hacer magia con la gente que tengo ni pedirle al Estado más funcionarios en un momento de crisis”, argumentó. Además, el instituto no puede reponer a los funcionarios que se han ido jubilando, algo que también limita la operativa.
Debido a la falta de personal capacitado, a partir de este año Inumet realizará por primera vez la convalidación de los cursos de Meteorología que se hacen en instituciones privadas, con el fin de que los estudiantes queden en igualdad de condiciones que aquellos que estudiaron en la Escuela Uruguaya de Meteorología, cerrada en 2015.
Radarización
A pesar de las críticas del sector privado, el gobierno ha anunciado que su intención es avanzar hacia una política de radarización en todo el territorio, algo que comenzaría con la compra del primer radar meteorológico del país, negociada desde 2019. La decisión provocó cuestionamientos, ya que varios expertos objetan la necesidad real de esta adquisición en función de las herramientas con las que ya cuenta Uruguay y la región.
Igualmente, el radar permitirá contar con información meteorológica más precisa y anticipar diversos fenómenos climáticos, sobre todo tornados y vientos fuertes. Si bien a comienzos de este año el Ministerio de Ambiente aún buscaba el dinero para poder costearlo (Búsqueda Nº 2.111), Loureiro confirmó que la compra “está concretada” y que en pocos días viajarán dos funcionarios del Inumet a Pensilvania (Estados Unidos) para cerrar la firma de documentos.
Según Loureiro, el gobierno uruguayo consiguió una rebaja de US$ 700.000 al negociar con el presidente de Enterprise Electronics Corporation (compañía que ganó la licitación) y la Embajada de Estados Unidos, por lo que el radar tendría un costo de alrededor de US$ 3,1 millones.
“La compra se va a realizar. El Poder Ejecutivo está emitiendo un decreto de interés nacional para que nos eximan del pago de algunos impuestos y para que la importancia del radar meteorológico sea bien recibida en el ámbito nacional”, indicó.
Este viaje permitirá a las autoridades “verificar en fábrica que el producto sea correcto antes de ser embarcado para Uruguay”, dijo el presidente. “En algo a lo que se va a destinar tantos recursos, hay que ser cautelosos”, agregó.
Luego de la firma, está previsto que el radar viaje inmediatamente para el país. Posteriormente, las autoridades esperan la llegada de técnicos norteamericanos para capacitar al personal uruguayo y que comience paralelamente la obra civil de montaje.