Río de Janeiro (Gerardo Lissardy, corresponsal para América Latina) Una reforma energética propuesta por el gobierno de México colocó al país en camino de volverse un mercado petrolero más abierto y atractivo para inversores extranjeros, pero también un creciente competidor de Brasil y sus socios sudamericanos que parecen ir en la dirección contraria, afirman expertos.
La iniciativa mexicana fue anunciada el lunes por el presidente Enrique Peña Nieto y busca permitir a empresas nacionales y extranjeras participar en la exploración y producción de crudo y gas, poniendo fin al manejo exclusivo de la industria petrolera que tiene el Estado desde hace más de medio siglo.
Se estima que esto podría revertir la caída en la producción y reservas de crudo que arrastra el país por la falta de capacidad financiera y técnica de su empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) para explotar yacimientos en las profundidades del Golfo de México.
Los cambios propuestos, que deben ser aprobados por el Congreso al modificar disposiciones constitucionales, permitirían que el Producto Interno Bruto (PIB) mexicano crezca un punto porcentual extra y genere medio millón de empleos en cinco años, según cálculos oficiales.
Para algunos analistas, se trata de adaptar el sector petrolero a las reformas que el resto de la producción mexicana tuvo en los últimos tiempos y que dieron competitividad a la segunda economía latinoamericana.
“México es quizá el país de América Latina más abierto al exterior en términos de comercio: las importaciones y exportaciones representan cerca de 60% del PIB”, dijo Ernesto Marcos, socio de la consultora Marcos y Asociados, especializada en el sector energético mexicano. “Es una economía muy abierta, pero con un sector energético totalmente cerrado: esa es una contradicción”, agregó en diálogo con Búsqueda.
“Revolución energética”
Marcos explicó que un incentivo para la reforma del sector petrolero en México es el aumento en la producción de crudo y gas natural que llevan adelante sus vecinos del norte y socios del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica: Estados Unidos y Canadá.
“Si nosotros no nos sumamos a esa revolución energética en América del Norte, el gran riesgo es que perdamos competitividad”, indicó el especialista, que en el pasado se desempeñó como jefe de finanzas de Pemex.
México es el noveno productor de petróleo del mundo, pero sus reservas comprobadas de crudo han caído 41% desde 2001 y podrían agotarse en menos de una década si mantiene su ritmo de extracción actual. El país importa cerca de la mitad de la gasolina que consume.
No obstante, se estima que México podría aumentar hasta 25% su producción de hidrocarburos en la próxima década si consigue explotar con eficacia las reservas de crudo, gas y petróleo de esquisto que hay bajo el Golfo de México, con la ayuda de empresas extranjeras.
El plan del gobierno es permitir que se firmen contratos con empresas particulares para repartir las utilidades que genere la extracción de hidrocarburos, que legalmente seguirían perteneciendo al Estado. También busca que la inversión privada mejore la capacidad de refinación y distribución de petróleo.
Al presentar su propuesta, Peña Nieto enfatizó que “de ninguna manera” ese esquema significa privatizar Pemex, que continuaría siendo una empresa cien por ciento pública.
Esta cuestión roza una fibra sensible de los mexicanos, que suelen asociar el control estatal de los hidrocarburos con la soberanía nacional desde que su país se convirtió en 1938 en el primero en nacionalizar la industria del petróleo.
Una encuesta del año pasado sugirió que casi dos tercios de la población rechazan la entrada de capital extranjero en Pemex, por lo cual la batalla política promete ser ardua. La idea de organizar protestas callejeras contra la reforma ya ha sido manejada por Andrés Manuel López Obrador, el líder izquierdista que obtuvo cerca de 30% de los votos en las presidenciales del año pasado.
Pero Marcos recordó que Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), manejó la idea de transformar el sector energético desde antes de ser electo, lo cual le otorgó un mandato para impulsar el cambio. Si la bancada legislativa del conservador Partido de Acción Nacional (PAN) lo apoya como muchos esperan, México podría encaminar una de sus mayores reformas económicas en lo que va del siglo.
“Problemas”
El camino emprendido por el gobierno mexicano contrasta con la tendencia a un mayor control estatal del mercado petrolero que hubo en los últimos años en países sudamericanos.
En Venezuela, el entonces presidente Hugo Chávez asumió en 2007 el control de los campos de crudo de la Faja del Orinoco que estaban en manos de empresas extranjeras. En Argentina, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner nacionalizó el año pasado la empresa YPF, que en julio se alió con la empresa estadounidense Chevron para explotar el yacimiento de Vaca Muerta.
La reforma prevista en México tiene elementos similares al proceso de apertura del mercado petrolero que Brasil tuvo con una ley aprobada en 1997 durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, sostuvo Adriano Pires, un experto brasileño que recientemente se reunió con jerarcas de Pemex.
Esa ley acabó con el monopolio de la estatal brasileña Petrobras, permitió realizar subastas y contratos con particulares para la exploración de yacimientos y abrió al capital privado el segmento de refinación, importación y exportación de combustible.
Sin embargo, Pires sostuvo que esa apertura se detuvo y hasta se revirtió parcialmente tras el anuncio del descubrimiento en 2007 de grandes reservas de petróleo en el Atlántico brasileño, a más de seis mil kilómetros de profundidad, conocidas como pré-sal.
En ese momento Petrobras se volcó al mercado interno. El gobierno del entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva le aseguró a la empresa una participación de al menos 30% en los consorcios que ganen las subastas para explotar los campos del pré-sal y el control exclusivo de la operación de plataformas.
“Se trajo de vuelta un pedazo de monopolio”, comentó Pires, director del Centro Brasileño de Infraestructura, una consultora especializada.
Los expertos señalan que, si México aprueba su reforma energética, podría volverse un rival serio para Brasil en la disputa por inversiones de empresas petroleras extranjeras.
“Si México abre su mercado de la manera en que está conversando, va a ser un gran competidor de Brasil, porque se espera que México produzca petróleo y aumente las reservas con la exploración en aguas profundas”, señaló Pires. “Ahí vamos a tener problemas”.