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En una película de 2007 (Lars and the real girl), el principal papel femenino lo hace una muñeca inflable muy similar a una chica de verdad. La elección de una pareja de goma en vez de una de carne y hueso no despertó sorpresas en Estados Unidos. Lo interesante fue la importancia que ese objeto plástico adquirió, no solo en la vida del huraño Lars sino que también en la de toda la comunidad en la cual él vivía.
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Cuando el experto en inteligencia artificial David Levy publicó su libro Amor y sexo con robots, en 2008, manifestó su convicción de que el sexo con robots solucionaría los problemas y las angustias de muchos millones de personas en todo el mundo.
Pero Levy se equivocó en el mismo punto donde se equivocan la mayor parte de las personas que emiten pronósticos: según él, apenas a mediados de 2050 podríamos tener sexo y relaciones de amistad con androides especialmente diseñados. Hoy se sabe que eso será realidad dentro de una década, y seguramente que antes también, pues estos procesos llevan en su interior un motor turbo que acelera los tiempos y acorta las esperas.
Fue lo que me pasó a mí mismo cuando publiqué Contacto sin tacto: amor y sexo en la Internet (2001): hoy se asemeja más a un polvoriento libro de historias pasadas que a un compendio de profecías.
En Israel, en Inglaterra y en otros sitios de Occidente, la investigación destinada a crear mecanismos que permitan transmitir sensaciones tales como olores, caricias, besos y abrazos está muy avanzada. Gracias a algunas aplicaciones, una boca real en alguna parte del planeta podrá sentir el beso que otra boca real le da desde cualquier otra región.
Ya durante el próximo año aparecerían las primeras posibilidades de estos ejercicios “surrealistas” para la plataforma representada por los celulares inteligentes.
El próximo paso es permitir la transmisión de sensaciones y estados de ánimo. La alegría o la tristeza que experimenta nuestra pareja fija o circunstancial en cualquier parte del planeta no serán solamente expresadas en palabras, sino que podrán ser vividas como si esa persona estuviese junto a nosotros.
De allí a sustituir a esa pareja por un robot dotado de inteligencia artificial habrá solo un paso. Las expectativas sobre este avance de la tecnología son muy grandes y varias encuestas muestran que una respetable parte de los encuestados sostiene que anhela vivir la experiencia de hacer el amor con un robot.
Tendremos entonces amantes diseñados especialmente para nosotros. Podremos encargar un robot masculino o femenino o transexual que tenga el tamaño, el color de los ojos y del pelo, la textura de la piel y la fogosidad sexual que nosotros deseemos.
Muchas son las mujeres que en esos estudios de mercado han dicho preferir un hombre “hecho a medida” que un triste vibrador a pilas, que además de moverse un rato no es capaz de besar, abrazar, transmitir sensaciones y, luego del acto físico, quedar acostado con los brazos entrelazados charlando de bueyes perdidos y parientes raros.
La moda estadounidense de tener un bebé de plástico sentado en la silla de bebés del auto, con quien conversar mientras se maneja, tiene ya varias décadas. El paso mental (quizás el mayor impedimento en este proceso) ya se ha dado.
Cuando Lars, interpretado genialmente por Ryan Gosling, les pide a sus vecinos que lo ayuden pues su novia necesita ayuda urgente, nadie se niega a darle una mano, como si la muchacha hubiese sido de carne y hueso, y los espectadores sienten que en esa situación hubieran hecho lo mismo.
Ya existen robots diseñados como animales de compañía (con la forma de perritos, gatos, monos y demás) para usos terapéuticos en casas de salud, en geriátricos y en sitios en donde hay personas internadas por diferentes tipos de desequilibrios. En España, para no ir tan lejos, se comercializa un robot japonés con la forma de una foca pequeña, diseñada especialmente para interactuar con personas dependientes.
Roxxxy se llamaba un robot sexual presentado en Las Vegas en 2010. Había cuatro versiones en venta: la personalidad “salvaje”, la muy tímida, la sumisa y la dominante. En estos cuatro años, Roxxxy ha sido desarrollada a gran velocidad, ganando, entre otras cosas, mayor flexibilidad y naturalidad en los movimientos.
En una sociedad en donde la cantidad de hogares unipersonales crece vertiginosamente (en Escandinavia son la mitad), las perspectivas de éxito para este tipo de androides diseñados a gusto del consumidor son enormes.
O sea que el hombre de mañana (es decir dentro de algunos meses o años) no solo que perderá el trabajo a manos de un robot trabajador sino que también perderá la vida a manos de un robot asesino y podrá gozar ilimitadamente con un robot amante.
Para la mayoría de la gente, enfrentarse a robots con una inteligencia artificial muy superior será un desafío insuperable: ¿podemos soñar que llegado ese momento el populismo será derrotado por el robot elector?