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    lunes 10 de junio de 2024

    Moneda de cambio

    Sr. Director:

    El 4 de octubre de 1828 se concretó la independencia de la República. Que hasta entonces era la Banda Oriental, la esperanza de las Provincias Unidas para con las demás provincias hermanas ser protagonistas, las Provincias Unidas del Sur, de unos nuevos estados unidos del sur fuertes y democráticos como quiso Artigas y la Liga Federal.

    Independencia de Brasil y Argentina en 1828, pero dependencia desde entonces del Imperio inglés hasta nuestros días.

    Desde que los agentes ingleses, en Montevideo, comerciantes de cueros e importadores de harinas, ropas y herramientas financiaron desde Río y Londres la invasión portuguesa, los masones, agentes de los imperios, dejaron una huella clara para el que quiera verla. Siempre alineado con los intereses británicos, y con ellos el odio a la fe católica como no se vio en ningún otro país sudamericano.

    Los ingleses ahorcaban y destrozaban los cuerpos de los católicos, aquí desterraban a los sacerdotes, y debían disfrazarse para entrar a cultivar una iglesia perseguida, a atender a la mayoría católica perseguida. Dependientes de los ingleses.

    No es casualidad que esto nunca se enseñe en las escuelas, en la historia patria; el principal de esos agentes era Josep Batlle, padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo de presidentes.

    Como pequeños, y fáciles de comprar por baratos, seguimos siendo monedas de cambio chico.

    De los miles de millones que los grandes capitales del mundo han gastado en tratar de limitar el crecimiento de los pobres, en campañas contra la natalidad, a favor de la esterilización, de las relaciones gay que no tienen hijos, del control de la natalidad y del aborto si les falla, con solamente dos millones de dólares del maligno Soros al gobierno de Mujica consiguieron un primer país en América del Sur que votara no penalizar el aborto, que sigue siendo delito pero no se castiga. Dependientes de los especuladores y sus propinas.

    Contra lo que el médico Tabaré había vetado, pues como científico sabía era un crimen contra un inocente indefenso. Un ser humano con sus propios cromosomas, no un tumor indeseado de una madre.

    Seguimos siendo una dependencia de otros, cuando como le pasó a José Artigas, malos orientales se venden a los intereses ajenos, en contra de hermanos nuestros.

    La dependencia del imperialismo brasilero sigue, no solamente en la dependencia ideológica de algunos. Cuando gané con luz la licitación para el puente de José Ignacio, fuimos barridos por orden de la Presidencia de entonces, por no querer compartir con la empresa que Lula ordenó al Banco do Brasil financiar la compra desde San Pablo por una pequeña empresa de basura, RCR. Como los brasileños de exportación son como los portugueses, carroñeros, RCR Investimentos es una rama del Lava Jato que no se investiga en Uruguay porque la Justicia uruguaya no da garantías a los testigos.

    Y no era mi problema, hasta que decidieron que era una competencia indeseable y por orden de Presidencia y por decreto se me cortó una obra impecable de restauración en Punta del Este, no se me pagaron los últimos tres certificados, y en un arbitraje contra derecho se me dejó morir. Un arbitraje que duró 10 años, con abogados del gobierno trabando todo, y presentando al final como último testigo experto del gobierno a un ingeniero de la empresa de capital brasileño, la principal competencia a la que le daban la mayoría de las obras que antes ganamos nosotros, como Piriápolis. Muy fuerte. Yo fui brillantemente representado por dos de los mejores juristas, Gonzalo y Fernando Aguirre. Al final, pasó que en un fallo dividido los árbitros fallaron que yo tenía razón, dos peritajes independientes me avalaban, pero igual marché preso por dudas sembradas en documentos falsos del petiso mentiroso de un banco franquicia con los Peirano.

    Para acallarme me amenazaron con sicarios, y hasta el espía de Mujica que traicionó a Astori todo el tiempo, el ministro Pintado, me amenazó con denunciarme si no me callaba.

    Ni la Cámara de la Construcción ni el Sunca defendieron a quienes éramos entonces la más reconocida internacionalmente y premiada constructora uruguaya, ni a los trescientos trabajadores y técnicos. Dependientes del imperio brasileño. Hasta mi compadre.

    Los uruguayos seguiremos siendo dependientes, hasta que reconozcamos todos que podemos ser un país diferente, por pequeños y solidarios. Y valientes.

    Y hasta que se arrepientan y cambien, no se puede perdonar a los traidores.

    Y castigarlos donde les duela; a las empresas corruptas, de gobiernos corruptos, investigándolas, multándolas y no dándoles más trabajo ni dejándolas entrar a perjudicarnos.

    A los políticos corruptos o cobardes, no votándolos más.

    A los delincuentes, malos orientales, a la cárcel para que se reeduquen. Como Lula.

    Y nosotros volver a la humildad franciscana de Artigas, a la manera de los orientales.

    Con libertad, ni ofendo ni temo.

    Ing. José M. Zorrilla

    Cartas al director
    2022-10-05T22:35:25