• Cotizaciones
    jueves 12 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Montevideo

    Las últimas encuestas preocupan notoriamente a las autoridades del Frente Amplio, que ya están buscando explicaciones o argumentos que puedan convencer a los cada vez más remisos ciudadanos. La presidenta del Frente Amplio, Mónica Xavier, llamó a mejorar la imagen del Frente Amplio, aunque no atribuyó su decadencia a problemas de gestión. El imperturbable Sr. Astori, en cambio, ha señalado que es necesario que el gobierno mejore toda su gestión, especialmente en materia de salud, educación y seguridad. Eso, unido a sus opiniones en materia de conducción internacional, marcan un espectro de discrepancias más que importante, aunque se le podría decir: ¿nada más?

    Lo interesante de la apreciación del vicepresidente no es, solo, que se trata de un comentario obvio, para el que no es preciso devanarse los sesos, pues la desaprobación de la ciudadanía no se produce por aspectos adjetivos o razones extravagantes, sino precisamente por juicios sobre la gestión de un gobierno, sino que proviene de un dirigente sobresaliente, desde hace muchos años, del elenco frenteamplista. Y decimos “sobresaliente” no como nota escolar, por supuesto, sino en su sentido natural, como importante. ¿En qué posición está el Sr. Astori desde que existe ese déficit de gestión? ¿Es que, acaso, proviene de otro planeta, procede de otro país, milita en otro partido o se ha ocupado, en el aislamiento de algún monasterio, de eruditos y teóricos estudios sobre los acontecimientos? ¿O es un dirigente principal con influencia en las decisiones cotidianas? ¿Se trata simplemente en su caso de tratar de desligarse de un concepto negativo que va ganando terreno, y tratar de sobrevivir por la suya? Pero lo cierto es que los hechos son así y las encuestas presentan una nueva baja en la cotización del presidente, ahora situado en un 36%, o sea, prácticamente limitada a una tercera parte de la ciudadanía, y en el descenso continuo de la cotización de los gobernantes montevideanos, con la Sra. Olivera a su frente, que actualmente apenas si satisfacen a un 29%, con un 55% directamente en contra.

    En definitiva, quizás la baja del presidente no llegue a preocupar tanto (pues no es reelegible y se le puede echar la culpa de muchas cosas) como el descenso del prestigio de la administración montevideana, baluarte clásico del Frente Amplio y que lleva ya casi cinco períodos de gestión, motivo por el cual ya ni siquiera puede defenderse con la teoría de la herencia maldita. Y no debe dejar de considerarse, por lo demás, que la defensa “a outrance” de cierto sector del partido de gobierno resulta de pertenecer la intendente a una fracción pequeña (6%) pero muy influyente en los hechos, el PCU, que por consiguiente debe sostenerla a capa y espada so pena de perder pie en la pugna interna por el poder: no dudamos de que si ella revistara en el frente seregnista, por ejemplo, ya habría caído sin necesidad de nuevas encuestas.

    Pero hay un aspecto que es necesario puntualizar y poner muy de manifiesto: si bien las encuestas mencionadas se refieren a dirigentes “intuitoe personae”, es evidente que los distintos elementos negativos que presenta la administración capitalina no pueden ser atribuidos en su totalidad o tal vez ni siquiera en su mayoría a la defección de la intendente, sino que obedecen a la inepcia del elenco, del conjunto de dirigentes que manejan las distintas áreas de la gestión montevideana. En cualquier caso no puede pensarse que la participación directa de un intendente (o de un presidente) abarque todos los aspectos (pese al esfuerzo que hace el Sr. Mujica en ese sentido) y se espera de ellos más que nada la inspiración política general y la designación de los correspondientes funcionarios de confianza, que origina una responsabilidad in eligendo e in vigilando, y no que le ayuden al vecino a arreglar las chapas del techo. La señora intendente cayó del cielo, de un acuerdo interno que tenía más caracteres de acomodo de un problema inherente a la coalición que de presentación de un candidato atractivo, y si los ciudadanos frentistas la votaron, fue por esa desmedida e irreflexiva disciplina que mantienen y no por meditación responsable de las consecuencias. De ahí la famosa expresión de “elegir una heladera” que incluso no proviene de un avieso y malintencionado militante de la oposición, sino de un notorio dirigente del propio contubernio.

    En efecto, se trata de un fenómeno de inepcia colectiva, de incapacidad generalizada, algo así como de una “metástasis política de la ineficacia” para emplear ese odioso vocablo. Basta oír a los distintos directores de sección, basta leer los edictos de boca de cualquiera de sus heraldos, basta leer las novelerías, las propuestas locas, las decisiones permanentemente negativas o impracticables, y alcanza con detectar las omisiones y el “estado de situación” de la ciudad y conocer a ciencia cierta la enorme exacción que sufren los habitantes, para abstenerse de censurar exclusivamente a la pobre e inexperta señora elegida que en cualquier momento va a sufrir la pena del chivo expiatorio para que los cándidos crean que se trató de un mero error de selección y que con el próximo candidato las cosas van a ser distintas. Desde el ilustre doctor Vázquez, gris y mediocre, el de las promesas incumplidas, pasando por el arquitecto Arana de quien verdaderamente se esperaba mucho más y que acá se cavó su fosa electoral, y por el profesor Ehrlich que ha estado lejos de responder en la gestión pública su prestigio docente, hasta llegar a la esforzada pero impotente Sra. Olivera —todos los personajes han fracasado— y casi 25 años no han alcanzado para que las cosas mejoren, sino todo lo contrario. Eso indica que no se trata de personas, sino de sistema, de conjunto, de parque de ideas y, sobre todo, de una impotencia total frente a los desplantes del inefable sindicato de funcionarios, que con el vaivén de procedencias de sus líderes, ha sido el paradigma del corporativismo que según la teoría de los Sres. Astori y Mujica, han inventado recién ahora los cirujanos.

    Lo real es que Montevideo, por culpa directa de sus ciudadanos, ha sido administrado por un cuarto de siglo por el sector más inepto y padece las consecuencias, habiéndose transformado en una ciudad cara e incómoda, “injusta” e insalubre.

    Es hora, pues, de que cualquiera de los demás partidos, o mejor todos ellos mancomunados, rescaten la ciudad de esta situación y poco a poco vayan volviendo a la otrora tacita de plata a su condición de tal. Pero para hacerlo deberán mostrar una altura de miras, un sentido de colaboración mutua, una generosidad y un desinterés, que exceden absolutamente las componendas electorales y que por el momento no ha tenido una clara expresión. A esta altura, en efecto, parece que sigue pesando más la rivalidad tradicional entre blancos y colorados que la necesidad de buscar una solución conjunta como ya se ha hecho con éxito y sin ningún trauma en algunos departamentos del interior. Si se sigue así, mucho nos tememos que tanto en lo nacional como en el caso de Montevideo, sigan peleándose por el segundo puesto.

    Oscar Almada

    CI 548.856-0

    // Leer el objeto desde localStorage